Antes de caer al suelo escuchó las voces de las mujeres de su familia ahí estaba la abuela, su madre, sus hermanas,  sus cuñadas,  siempre advirtiéndole lo mismo. No lo permitas.

    Y no lo permitió, supo desandar los pasos, se aferró a cables ardiendo, a clavos oxidados y a piedras afiladas pero lo consiguió y pensaba que su valor actuaría como coraza infalible.

   La cabeza dio contra el pavimento y la sonrisa que en principio tenía en los labios se le heló cuando escuchó la voz de su hija: no pasa nada mamá, él es así y así lo quiero.


Selvática