“Dios te salve María, llena eres de gracia..."

María espanta los fantasmas, María recorre compulsivamente con sus dedos su cuerpo, mientras lucha contra el demonio interior que se le rebela en el estómago.

     Afuera suenan como martillazos universales el sonido de las ametralladoras y de los fusiles, rasgando la vida.

     “Santa María madre de...”

María siente que el cuerpo se le hincha, que las venas no pueden contener por mucho tiempo su savia vital.

     Los gozozos son...”

María busca en su mente la última vez que hizo el amor, la última vez que la besaron con los ojos cerrados y la angustia de la inminencia y los ojos se le llenan de lágrimas al cerciorarse de lo yermo que está su cuerpo, de cómo lo que antes bullía en su ser, ahora es un cementerio olvidado.

     “Los dolorosos...”

     María, como obedeciendo a un instinto natural, se abandona a su destino y jadea hasta que la vida nace, abre sus piernas al futuro y es arrollada por una avalancha de emociones, justo en el momento en que debe tomar la gran decisión.

“es María la blanca paloma, es María la blanca paloma...

Selvática