24 de Febrero, 2011, 11:48: GladysGeneral



.. donde estés.
una imagen que sé te gustaría ver
una y otra vez,
una imagen
para compartir
una imágen
para recordrar,
ahora que solo
nos queda recordar.
Hasta siempre Momia del alma,
Nofret milenaria
Mercedes,
siempre el mar.

Gladys


19 de Febrero, 2011, 12:03: GladysGeneral


     - Casi podemos tocarla con la mano.

    - Es preciosa. Yo no sé porque tiene tantas leyendas negras, que si hombres lobo, que si vampiros a la caza de sus víctimas.

     - Bueno, también tiene sus historias románticas.

     - Luna llena en medio de la ciudad, qué lindo. Bajo esta luz, todo se reviste de magia, los tejados brillan, los árboles parecen de plata y tú estás preciosa.

      - Tont….

      - ¡Ay Dios, mira eso!

      - Lo ha matado. Ha partido a ese señor por la mitad.

      - ¡Dios!, mira como su sangre se esparce por el asfalto.

      - Y ese olor.

      - Vamos.

      Camila se aferra a la mano de Marcos, siente que sus dedos son como garras apretando la carne dura de unas manos que apenas hace unos segundos se deslizaban como el algodón por sus mejillas. Sus ojos buscan en la plateada noche, y no saben lo que buscan, los ojos verdes de una joven se han separado de su rostro y ven como otros ojos verdes hurgan los restos del accidente. Ojos verdes que buscan restos de vísceras, de carnes, de fluidos que van cubriendo el asfalto plateado de una noche de luna llena.

     Su nariz, es otra nariz, que huele como la vida se escapa sobre los dos pedazos de un hombre partido. ¿Dónde han ido a parar las palabras susurradas que hablaban de plateadas noches románticas?

     Las palabras se han fugado, ahora son gritos mudos arremolinados en mitad de su tráquea y los ojos verdes son ahora párpados cerrados ante la escena de carnes, sangre, orines y líquidos amarillentos que corren hasta la punta de sus botas.

      La vida ya no es un instante sentada en un banco a la luz de la luna con su amor, la vida es un idiota embebido en alcohol a las manos de un volante, la vida es un hombre partido en dos que se deshace ante sus botas, pero también es la vida que tiembla en su garganta, que le paraliza las piernas y que le cierra los ojos verdes que no quieren mirar a esa vida partida en dos que ya no es.

      Camila no quiere esa vida, es más, ni siquiera le confiere la calidad de ser, Camila quiere estar en el banco, detener el tiempo, tomar el control, pulsar el botón de congelado, Camila ya no sabe lo que quiere, ese hombre partido en dos partió también su vida y las palabras se atragantan en su garganta, el cuerpo tiembla y su mano se desprende de la mano dura que antes fue blanda.

      La mano dura que antes fue blanda se aferra a su espalda, la toma por el hombro, la arrastra hacía su cuerpo cálido, la voz de ese hombre que hablaba de la luna le llega de lejos y las palabras parecen viejas y retorcidas.

      La boca de ese hombre que no es el hombre que la besaba: “El 80 por ciento de las víctimas de tráfico son peatones”.

      Y Camila respira tranquila. Ahora la palabra ha tomado forma de número absoluto y el número siempre será número. Ahora está segura.


       Gladys

19 de Febrero, 2011, 11:39: GladysGeneral


    - Hoy esta mal la pobre.

    - Si, se ve que ha tenido un mal día, y debió de ser por la tarde noche, pues cuando salió iba como unas pascuas, incluso tarareaba una vieja canción.

    - Algo malo debió pasarle por esas calles.

   - Mira que le gusta vagabundear, yo no sé qué placer encuentra en andar tantos kilómetros diarios, si se parece a Forrest Gump. ¿Te acuerdas?

    - Ah, si Tom Hanks corriendo con esa mirada de loco por todo América, los pelos alborotados y la boca jadeante. A ella le gustaba mucho esa peli, ¿cuántas veces la vio?

    - Muchas. Me consta.

    - La pobre, sola todos los días de arriba para abajo, ya todo el barrio la reconoce y le tiene lástima. No debería ser así, pero la gente, cuando quiere ser mala, lo es en demasía.

    - Menos charla y más trabajo. No la podemos dejar así. Por un día esta bien de nostalgias y soledades, pero si la cosa continúa de esa manera se nos vuelve loca, no quiero ni pensarlo.

    - Lo que pasa es que se nos van acabando los recursos. Dentro de poco ya no podremos con esto, ya no se hace fotos.

    - Y las que quedan  las encerró bajo llave. Ya se sabe, después de que a una la pegan a esos álbumes quedamos indefensas ante las polillas.

     - Vale, no es hora de detenernos por nimiedades. Anda.

     - ¿Qué tal con veinte años?

     - No creo,  ya la usamos cuando la despidieron del trabajo.

     - ¿Y de niña?

     - Menos

     - No, al contrario, yo creo que sería buena idea empezar por ahí.

     - Pero su infancia no fue muy feliz, quizás eso la ponga más triste y melancólica que nunca, no creo que sea buena idea.

     - Pues yo sigo creyendo que si. Mira, regordeta, mofletuda, y con el ceño fruncido, a qué ahora esta más guapa.

     - Y más vieja.

     - No,  más interesante.

    - Bueno, no vamos a pasarnos toda la noche discutiendo, tenemos que decidir antes de que se despierte.           

     - ¿Y  con su primer amor?  miren como le brillan los ojos, y esa sonrisa que nunca se le borraba de la boca y que iluminaba todo a su paso y esos cabellos, tan indomables como ella.

     - Quizás sea peor, eso le recordará que está vencida, que al fin la vida la machacó como una rama azotada por un vendabal.

     - Bueno si vamos a seguir poniendo pegas mejor nos olvidamos del truco. Con esa mentalidad mejor estaríamos chamuscadas como las demás, se acuerdan del incendio.

     - Es verdad, aquella vez cuando le dio por quemar todo … vale, no voy a recordar cosas tristes, eso fue.. mala suerte, perdimos a  muchas de las nuestras, por eso la pobre anda como una desquiciada calle arriba y abajo con las tripas retorciéndose en nudos ciegos. Y lo pagó con la cámara, tirándola por la ventana.

    - Una locura, ya me dirás. Esa cámara tan cara, una auténtica insensatez.

     - Mira que eres burra… la lengua te pierde.

     - Ya está bien, hemos hecho un pacto ¿no?, pues a apechugar que ya la mañana se nos viene encima y tenemos mucho trabajo que hacer.

      - Mira que cada día se nos pone más difícil.

      - ¿Y cuando sea vieja?

      - Mejor te callas o te quedas encerrada con las polillas.

      - Ya me callo.

 

 

 

     María estiró el brazo lamentándose. Ya es hora - como me gustaría seguir dormida eternamente, así quiero que sea mi muerte: no despertar más, ¿para qué?

    Trastabillando mientras se limpia los sueños de las pestañas, María llega a la cocina, abre la ventana,  el cielo gris y el golpe helado del viento la obliga a cerrar su bata sobre el pecho. El café hierve despidiendo su aroma,  se lleva la taza a los labios sin pensar en las horas que tiene por delante antes de volver a morir en la noche.

     Ya vestida y peinada va a apagar la luz del baño cuando algo la obliga a volver  la vista hacía el espejo. ¿Fue una sombra?, ¿un reflejo quizás?, ¿una imagen antigua de sí misma?, no podría definirlo. En ella creyó ver su rostro de siempre, sin embargo sus ojos eran más brillantes, incluso felices, su boca sonríe igual que antes y sus cabellos… igual que la fotografía donde ella y su primer amor…


Gladys

 

 



19 de Febrero, 2011, 11:33: SelváticaAlaprima



    El mundo huele a sándalo, a almendros, madera húmeda exultante de vitalidad, la tierra huele a sexo, el cielo parece satisfecho, justo, como después de un  orgasmo.

     La sombra de una mujer salta de tronco en tronco, sus faldas se enredan entre las ramas de los árboles, la selva abre sus entrañas y la regala con un camino de honor donde el universo se une para entonar un canto de felicidad.

     Pensar en esas cosas le ayuda a dar codazos en medio del autobús atestado.


     Selvática


19 de Febrero, 2011, 11:27: SelváticaAlaprima

     Cada noche se despide del mundo para siempre, con la mano dice adiós a las horas de vigilia presa de un sentimiento de desamparo y también de un poco de expectación.

     En la cama, la vida calienta sus huesos, las sábanas la elevan sobre las miserias y borran de su cabeza el mundo conocido. Es un proceso que varía entre cinco  y ocho horas, al cabo del cual abre los ojos y se asombra de que esté viva.


Selvática

19 de Febrero, 2011, 11:22: Selváticaminirelatos

           

     No recuerdo exactamente el momento en que llegaste a mi. Sólo puedo decir que en mi vagabundeo solitario, de repente un calor humano se rozó con mi fría soledad.

     Su calor y mi frío empezaron a caminar juntos, el camino se hizo más sencillo, el mundo se llenó de árboles, olores, flores, estrellas y soles simultáneos girando a nuestro paso, en una danza cuyos compañeros de baile eran nuestros corazones, cerebros, sangre y lenguas.

     No sabía si hablaba contigo o tu me hablabas en susurros, pero nos entendíamos, estábamos de acuerdo, incluso en el instante en qué yo pensaba que me gustaba más tu hermano. Claro, él era más guapo, más varonil, sin embargo, contigo la vida explota cada segundo.

     Empezamos a subir aquel camino que nos conducía a lo alto de la ciudad, allí donde las casas guardan leyendas, secretos y personas que miran por las rendijas; sólo que para llegar allí tenemos que evitar los grupos de bandas urbanas. Ellos temen la felicidad.

     En un desnivel de la cuesta yo me detuve un momento a descansar y cuando traté de alcanzarte ya no estabas.

      Los ojos de las bandas me miraban., yo no demostré miedo, pero me devolví.

      Ahora no te encuentro, ya los soles no bailan a mi lado y sé que dónde estés, tu también estarás inmóvil,  desgarrando la ciudad buscándome. 


     Selvática

5 de Febrero, 2011, 5:40: GladysGeneral

     Vende sus medicinas muy baratas. Dice que la gente no tiene dinero para comprar en las farmacias tradicionales, sin embargo sus pacientes tienen que comprar doce frascos para un dolor de cabeza y haciendo cuentas…

     En fin, a mi que me importa que la gente no piense. Yo necesitaba trabajar y limpiarle el consultorio era tan bueno como cualquier otro trabajo. Lo peor era la biblioteca, tanto libro raro y pesado. Yo limpiaba el polvo una vez al mes, eso sí, hacía una limpieza profunda, sacaba todos los libros, los limpiaba y hasta los ojeaba de vez en cuando, incluoso algunas veces me quedaba viéndome por dentro. Al menos eso me parecía cuando veía las fotos de los órganos humanos.

     El instrumental era cosa de él. Lo limpiaba, lo esterilizaba y era muy cuidadoso con todo lo que se refería a sus pacientes. A veces, cuando se me hacía tarde él pensaba que estaba solo y encendía esa especie de tabaco que solía poner sobre el cuerpo de los enfermos y se quemaba las tetillas. Al principio no le di importancia, pero el olor a carne humana quemada ya me dirás.

      Es una pena que haya pasado todo eso tan desagradable. Él no tenía malas entrañas, más bien fue el humo de ese tabaco o que se yo. El caso es que cuando todo pasó, yo me puse a embalar los libros- Del fondo de la estantería tomé uno bastante grande y grueso, pero no me llamó la atención, era igual a todos los que limpié durante cinco años, pero ese precisamente se me resbaló de las manos y cayó al piso desparramando los billetes. Nunca había visto tanto dinero en mi vida.

       Supongo que eso le pasa a los ricos y por eso son así. Empecé a mirarlos, a tocarlos, a acariciarlos. Era bonito verse rodeada de tanto dinero. Fíjese, no pensaba en comprar nada, ni en gastarlo, sólo lo miraba y me gustaba esa sensación.

      Claro, después hice cuentas, si yo hubiera ganado el salario que me correspondería, con todas mis pagas extras legales y las primas correspondientes sumaban precisamente esa cantidad. 


     Todas esperaron a que el camarero se marchara mientras ella dramatizaba el silencio de su relato.

     Cuando estuvieron de nuevo solas, la mujer se agachó un poco y dijo en un susurro: Mi marido quería obligarme a devolver el dinero, pero yo lo tomé sin ningún remordimiento. Nadie se dio cuenta.

      Luego se incorporó un poco, tomó su copa, brindó con sus amigas. La solidaridad femenina se hizo patente entre el choque de cristales.


     Gladys

5 de Febrero, 2011, 5:29: SelváticaAlaprima


 

            Una niña come tierra a manotadas. Tierra negra en cueva roja babeante.

      Mi mano salta hasta su hombro, la detiene, mi mente elabora frases preventivas, las mismas que usó la mía cuando yo era pequeña; sus ojos me miran con asombro, el mismo asombro que viví hace años; su boca abierta me deja ver su lengua en arenas negras movedizas.

       Mi madre me deja - me contesta -


       Selvática

5 de Febrero, 2011, 5:24: Selváticaminirelatos

     Ella amaba a sus hijos, cada día los contemplaba abrir los ojos al mundo con la satisfacción de estar ahí, pendiente de alimentar esas vidas. Los vio comer desaforadamente,  le gustaba que devoraran los instantes vividos con ese placer de tener la boca llena y la vida plena.  Los vio elegir su propia ropa, jugar con sus mundos infantiles, crear sus propias historias.

      En las tardes cálidas los veía revoletear por el patio desde la ventana del segundo piso y se sentía feliz. Esa casa, ese mundo, sus hijos, fueron los elementos que conformaron su felicidad. La vida fue generosa con ella.

      En la noche, cuando sus caritas descansaban en la placidez del sueño, ella dibujaba corazones de colores chillones y los colocaba entre los bolsillos de la ropa de sus hijos. Mañana se irán de excursión, estarán fuera todo el día, así que si tienen miedo bastará con que metan la mano al bolsillo y toquen los corazones de papel.

       - Por eso.

       - Si. Aquí los tengo. Nunca los conté pero me quedaron muchos.


        Selvática

5 de Febrero, 2011, 5:16: Selváticaminirelatos

 

            Si señora, lo dejó todo escrito antes de que pasara lo que pasó.

      Dice que estaba de pie en el patio mirando las nubes y de un momento a otro empezaron a saltarle sobre el cuerpo unos lagartos, de esos pequeños que rondan por ahí.  Parecían llegar de todas partes, le caían sobre las piernas, el pecho, la espalda, los brazos, sin embargo el que más le molestó fue el que que se posesionó de sus cervicales. De ese no se podía liberar por más esfuerzos que hizo, fue como si le aprisionara la médula y la fuera succionando poco a poco.

      No se espante señora, esas cosas pasan. Venga. Acérquese. ¿Ve esa rendija entre las piedras?. Pues por ahí desapareció.

      Guardé esos garabatos que escribió antes de que pasara lo que pasó. Aunque yo prefiero contarlo así no me crean.


      Selvática