Una niña come tierra a manotadas. Tierra negra en cueva roja babeante.

      Mi mano salta hasta su hombro, la detiene, mi mente elabora frases preventivas, las mismas que usó la mía cuando yo era pequeña; sus ojos me miran con asombro, el mismo asombro que viví hace años; su boca abierta me deja ver su lengua en arenas negras movedizas.

       Mi madre me deja - me contesta -


       Selvática