Cada noche se despide del mundo para siempre, con la mano dice adiós a las horas de vigilia presa de un sentimiento de desamparo y también de un poco de expectación.

     En la cama, la vida calienta sus huesos, las sábanas la elevan sobre las miserias y borran de su cabeza el mundo conocido. Es un proceso que varía entre cinco  y ocho horas, al cabo del cual abre los ojos y se asombra de que esté viva.


Selvática