8 de Marzo, 2011, 11:13: SelváticaAlaprima

   


     Una débil luz se cuela por la ventana y sin embargo tiene la fuerza suficiente para espantar mis sueños, aunque no tanto para destripar al monstruo que guardo en la barriga desde hace tantos años.

     Tantos, que ya lo considero un mal necesario, incluso, pienso que me hará falta cuando desaparezca. Si, creo que lo hará dentro de poco, tengo el presentimiento de que está muriendo de inanición, no sé por qué, pero es así.

     Salí a comprar el periódico, luego el pan, volví a casa y me acosté de nuevo en mi cama aún caliente. Despliego el diario y saltan a mi cama todos los políticos, los artistas, los deportistas, dibujantes, digitadores… casi cuarenta páginas de realidad en los dos con veinte de mi cama.

     Los leí, los desmenucé y poco a poco empecé a sentir náuseas, sin duda la realidad había entrado en mi ser a través de los poros y me estaba envenenando. Pero no era cosa de un sólo domingo de noviembre, ese fue un trabajo lento y bien calculado. Y yo creía que era el monstruo que se estaba muriendo de hambre. ¡Qué ilusa!


Selvática

8 de Marzo, 2011, 10:56: Selváticaminirelatos

           

     Llega corriendo a su puesto de trabajo cargada con la compra del medio día, mientras acomoda paquetes les va contando a sus compañeras que tuvo que comprar porque las ofertas en el súper no se podían perder, al mismo tiempo, con la mano izquierda enciende el ordenador. Va al baño, se refresca la cara y cuando vuelve el PC aún no se ha iniciado.

     Contesta el teléfono mientras revisa documentos, selecciona uno y se lo pasa a su compañera haciéndole un gesto compungido.  La compañera se lo recibe. lo diligencia ella de buena manera y se lo entrega mientras ella sigue hablando por teléfono con la directora del colegio porque su hijo…

      Pobre, piensa su compañera, con tanto trabajo y encima los problemas de casa, pero sigue con su trabajo hasta que la otra vuelve a pincharle con el lápiz y le entrega otro documento más la taza de café vacía.

      Pero que se piensa ésta -  sin embargo recibe el documento, se levanta por café - Es que la pobre vive tan ocupada.


Selvática

8 de Marzo, 2011, 9:43: GladysGeneral

   

      Carlos ajusta de nuevo el nudo de la corbata ante el espejo del recibidor. Repite ese gesto todos los días antes de salir. Hasta ayer lo hacía de forma mecánica, hoy en cambio ha puesto especial cuidado en que todo su aspecto físico estuviera perfecto. Una entrevista de trabajo después de tantos años de parón, así lo exige.

      Mientras iba sentado en el autobús se entretenía repasando los antiguos éxitos en su carrera, los logros que había tenido en las anteriores empresas, se sorprendió al sentir de nuevo la alegría,  el entusiasmo y el orgullo de sus primeros años como profesional y sonreía a su imagen reflejada en el cristal. Sí señor, haciendo un balance, había sido un buen profesional, casi brillante, sí señor, con sus más y sus menos. Claro, era consciente de que en estos momentos se hallaba en la columna de los menos, pero estaba seguro de que a partir de hoy pasaría a la otra columna.

      Una vez saliera de la entrevista compraría una flores para Manuela, una goma rosa de borrar para Angela, un carrito para Ricardo, ojalá una de esas reproducciones de la fórmula uno que le encantaban al chico. Ah, y para ahorrar lo compraría todo el el chino, además, aprovechando el descuento incluso llevaría rollitos primavera, arroz tres delicias y ternera teriyaqui. Esta noche Manuela no prepararía la cena, esta noche era de celebraciones… hasta sexo, por qué no.

     Carlos sonrió con ironía, sabía que esos instantes se estaban pareciendo peligrosamente al cuento de la lechera. Sacudió la cabeza y de ésta se desprendió su imagen gris, aquella que con sus labios gélidos le susurraba que era un perdedor y que no lograría el trabajo.

     Una corriente eléctrica recorrió sus vértebras; era verdad, desde hace unos años para acá todo era fracaso en su vida, un cúmulo de errores pegado a su espalda que lo obligaba a andar agachado, con la mirada clavada en las baldosas y procurando pasar desapercibido.

     Era un tipo aburrido, por eso no tenía amigos, nadie buscaba su compañía a nadie le hacía falta, la Manuela, Angela y Ricardo, hacía tiempo que se habían marchado de su vida, aunque vivieran en la misma casa…

     Se bajó del autobús, como tenía tiempo antes de la entrevista, aprovechó para revisar su cuenta de Facebook en el primer ciber café que encontró. En la pantalla aparecieron los rostros de Manuela, Angela y Ricardo mandándole besos de felicidad y alegría a su mísera vida. Estaban celebrando una fiesta, ella estaba lindísima con su traje negro. ¡Que bien le sentaban los años! Las arrugas le daban una apariencia de mujer triunfadora, y sus hijos… hermosos, bellos seres humanos creados por él. Clickeó con cierta tristeza hasta acabar el álbum de fotos, sintió envidia por la vida que rebosaban ellos, cerró la sesión y puso sus manos sobre el teclado.

      Supo que no iría a la entrevista.

      No salió del ciber café hasta mucho más tarde, cuando el dueño le llamó la atención y tuvo que sacudir el monedero para poder pagar la cuenta de un servicio que no había utilizado. Así era él, despilfarrador de su propia vida.

      Se subió el cuello de la chaqueta, empezaba a hacer frío y su silueta se perdió calle abajo, mientras pensaba en su mala suerte y en la disculpa que le daría a la Manuela.


Gladys