22 de Marzo, 2011, 14:18: LadypapaHablando de...


      Imagine que usted está de vacaciones en cualquier lugar de Colombia, usted se halla sentado contemplando el atardecer, siente deseos de tocar la tierra, de sentir que la arena resbala entre sus dedos y lo hace, pero qué roza su mano: ¿una calavera? ¿una tibia? Impresionante, ¿verdad? No exagero, la foto de las fosas comunes encontradas en la región de La Macarena, publicada en primera página de todos los medios de comunicación, produce ese escalofriante efecto.

      Un lugar paradisíaco, con unos paisajes de ensueño, con una flora y fauna que despiertan admiración en todo el mundo, una riqueza de la que todos los colombianos deberíamos disfrutar y beneficiarnos equitativamente se ha convertido, en un hermoso pero infame cementerio, un matadero donde se descuartizan seres humanos para poder ocultarlos fácilmente pero tal vez lo más lamentable, es que los colombianos nos tapamos los ojos y miramos para otro lado; tiene que ser una comisión extranjera quien de la alerta mundial.

      Me pregunto por qué, una pregunta tonta. Todos sabemos la respuesta, no confiamos en nuestras autoridades, no confiamos en nuestro gobierno, ni en nuestras instituciones, sin embargo el por qué, cobra mayor relevancia, ¿por qué los elegimos? ¿por qué los seguimos manteniendo con nuestros impuestos? ¿por qué seguimos viviendo cómo si no pasara nada, mientras a nuestro lado caen cuerpos asesinados y torturados de personas que, a lo mejor son hasta amigos nuestros? Voy más allá, ¿por qué somos así? ¿Somos por desgracia los colombianos, un pueblo auto-destructivo? No me atrevo a lanzar mayores conjeturas pero leyendo la historia de la región, solo veo extinción.

      Recordemos: a finales de 1954, un grupo de colonos caqueteños, huyendo de la violencia se asentó en unas tierras ubicadas a orillas del río Guayabero, donde se establecieron, creando un núcleo de colonos al que denominaron El Refugio, sitio donde se halla ubicada la actual cabecera municipal.

      la década de los 60 la Fuerza de Aérea Colombiana eligió esta zona como área de abastecimiento para sus bases de Melgar, Madrid, Bogotá y Apiay, estableciendo vuelos con una regularidad de hasta 3 semanales, con el fin de adquirir plátano, pescado y cerdos.

      Aquel fue el inicio de una serie de bonanzas que está asfixiando la región, primero fue la caza desmesurada de tigrillos y jaguares, cuyas pieles cobraban precios exorbitantes en el mercado.

      A mediados de los setenta llegó la bonanza de la coca y con ella la población de la Macarena se triplicó; de un momento a otro, una persona que se acostaba sobre su pobre catre de lona sin apenas cobijo, a la mañana siguiente amanecía cubierta de dólares. Aún así la riqueza no se asentó en la tierra, no se tradujo en la mejora de obras de infraestructura como carreteras, aeropuerto o medios de comunicación, no se construyeron escuelas, ni hospitales, ni bibliotecas, ni cines, ni teatros, ni universidades, ni sitios de recreación.

     Vino luego el auge maderero, que dio origen a la tercera "bonanza" de forma muy tímida a mediados de la década de los 80, convirtiendo al rió Guayabero en la principal vía de transporte hacia Puerto Concordia, Meta y el Centro del País. Sin embargo las maderas finas y la pesca están a punto de desaparecer; los colonos fueron sometidos a la dictadura de los terratenientes y comerciantes sin escrúpulos.

     Y ahora en pleno siglo XXI los paramilitares, guerrilla, ejercito o rufianes que la explotan, han convertido a La Macarena en la tumba más grande del país, comparable sólo a los campos de concentración nazis.

     Una historia de bonanzas difícil de digerir aún en este país de ciegos.


Por: Ladypapa

Agosto de 2010


22 de Marzo, 2011, 13:52: GladysAlaprima

      La voz ronca del cantante se estrellaba contra las paredes de la disco, para salpicar de sensualidad los cuerpos embrujados. Las caderas se lanzaban hacía adelante cuando terminaba la palabra love y se retraían cuando se alargaba el youu ascendiendo hasta el techo cambiante.

      En el techo cambiante un rostro se iluminaba, se alargaba, se retorcia, unos cabellos se alzaban sobre los hombros en ritmos oscuros, mientras susurraban promesas" I love you".

     La piel se acercaba, rozaba otra piel mientras las rodillas se doblaban siguiendo las órdenes del cantante, sin embargo en su cerebro ella intentaba dejar de estar a su lado para ocupar el espacio en que terminaba su cuerpo y empezaba el de él.

     Si ella pudiera ocupar el espacio infinito que hay entre los límites de cada cuerpo, si ella estallara como la canción e invadiera los intersticios entre sus cuerpos, si en el estallido la materia se transformara en alientos cálidos, si ella fuera la voz ronca del cantante para meterse por los orificios de sus orejas.

     La luz empezó a parpadear, las caderas se unieron y ella sintió que se convertía en el calor que los unía, que era el espacio entre love y you, entre el deseo y la piel que acaricia, el suspiro, en el instante en que nace en el pecho y sale por la boca.

     Arriba, en el palco, el Dj. cortó la canción a cuchillazo limpio, ya no había "I love you" contra las paredes, los ojos recobraron su dimensión justa, la certeza entró a bailar y despertó los cuerpos, en el centro lógico del universo.

Gladys

22 de Marzo, 2011, 13:45: Selváticaminirelatos

       Llega corriendo a su puesto de trabajo cargada con la compra del medio día, mientras acomoda paquetes les va contando a sus compañeras que tuvo que comprar porque las ofertas en el súper no se podían perder, al mismo tiempo, con la mano izquierda enciende el ordenador. Va al baño, se refresca la cara y cuando vuelve el PC aún no se ha iniciado.

     Contesta el teléfono mientras revisa documentos, selecciona uno y se lo pasa a su compañera haciéndole un gesto compungido.  La compañera se lo recibe. lo diligencia ella de buena manera y se lo entrega mientras ella sigue hablando por teléfono con la directora del colegio porque su hijo…

      Pobre, piensa su compañera, con tanto trabajo y encima los problemas de casa, pero sigue con su trabajo hasta que la otra vuelve a pincharle con el lápiz y le entrega otro documento más la taza de café vacía.

     Pero que se piensa ésta -  sin embargo recibe el documento, se levanta por café - Es que la pobre vive tan ocupada.


Selvática

22 de Marzo, 2011, 13:41: Selváticaminirelatos

      Un "dimmm" resonó en su portátil.  Abrió el enlace y la oferta de empleo saltó hasta sus ojos.  Las manos le sudaban de la emoción, el corazón palpitaba a mil por hora. Por fin, estaba de suerte. Era el mejor trabajo que le habían ofrecido, y a medida que avanzaba en la lectura iba descubriendo que los requisitos exigidos correspondían a su perfil y el sueldo, ahhh el sueldo era para ponerse a salivar.

      La cifra bailó ante sus ojos, y la cabeza le dolió de tantos objetos que compró en un segundo.

      Luego pensó en la ropa, el aseo personal, debía estar impecable, ni muy muy, ni tan tan… como decía la abuela.

      Sin esperar más, esta vez si que no iba a perder su oportunidad, se levantó y preparó cada detalle para la entrevista del mejor trabajo de su vida.

      Otro clik, la urgencia de un amigo, pensar en el comentario, re-escribirlo primero para que fuera más impactante, y en ese lío de ventanas abiertas la oferta de empleo se perdió en el limbo de los mensajes.


      Selvática

22 de Marzo, 2011, 13:28: GladysGeneral

     

     La voz del juez resumía ante el público los detalles del delito, con su voz recia, con su lenguaje sencillo, cuidando mucho de que todo quedara claro sacaba del saco de la justicia la prueba incriminatoria, la mostraba a todo el mundo, la tomaba con el dedo índice y el pulgar como si temiera contaminarse de algo sucio y asqueroso que se veía obligado a tomar con su mano inocente. Luego la movía de derecha a izquierda en cámara lenta como si tuviera toda la vida por delante.

      Toda la vida por delante es un decir bastante cursi, todos tenemos la vida por delante, bueno, no el culpable, no la vida que uno imagina como sinónimo de vida, por supuesto.

      Los ojos del reo atravesaban el cuerpo vestido de negro, la cabeza luciendo ese maldito cuadrilátero con que se disfrazaban para actuaciones como la de esa tarde. No, los ojos no veían nada, el cuerpo del juez era transparente pero detrás de ese cuerpo sólo existía la nada, que no se deja ver, pero que mantenía al culpable clavado como una mariposa sobre un terciopelo de leyes.

      Después leyó un resumen de los testigos, la palabras saltaban de su boca como canicas de colores, caían del escritorio produciendo un ruido asombroso -el jurado pensaba que la justicia por fin se dejaba oír -  después un papel impreso teñido de delito surgió de una bolsa de plástico y se agitó asustado entre las manos inocentes del juez.

      Los ojos del jurado se cerraron, los pechos se encogieron, los estómagos estaban a punto de estallar ante el despliegue de maldad.

      El culpable dejó que los ojos avanzaran a la nada del cuerpo del juez, se levantó sin que nadie lo notara y empezó a caminar muy lentamente, el peso del delito era muy fuerte para sus noventa kilos de músculo y huesos. Primero el pie derecho, luego el izquierdo, las rodillas a punto de quebrarse y un letrero luminoso en sus neuronas: soy culpable.

      La lengua se estrelló contra los dientes del acusado: soy culpable, ¿lo es usted?

      Las cosas lo gritan, las pruebas acusan, las mentes de los inocentes lo deducen, el universo lo aúlla. La verdad se impone a fuerza de repeticiones, desmiente la realidad, pero el juez es quien construye la verdad, edifica una muralla, envía al culpable allí y el culpable se deja enviar, hace tiempo aceptó ser el protagonista de esa trama, casi desde que era un niño obedeció y se aprendió de memoria el papel, sin embargo ahora, casi a punto de atravesar la nada una pregunta logró abrirse camino y ponerse delante de sus narices, ¿y si yo dijera la verdad?

      Se detuvo un instante y sintió que se quebraba, que dentro, mil astillas estaban a punto de reventar contra su carne.

      Sí la nada estaba enfrente de él, y también detrás suyo,  era mejor dejar que el juez terminara su edificio de verdad, Soy culpable, él lo dice en público y cuando las cosas se dicen en público se convierten en verdad. Desgraciadamente el inocente es mudo.

      Al nacer le cercenaron la lengua a punta de verdades.


Gladys