La voz ronca del cantante se estrellaba contra las paredes de la disco, para salpicar de sensualidad los cuerpos embrujados. Las caderas se lanzaban hacía adelante cuando terminaba la palabra love y se retraían cuando se alargaba el youu ascendiendo hasta el techo cambiante.

      En el techo cambiante un rostro se iluminaba, se alargaba, se retorcia, unos cabellos se alzaban sobre los hombros en ritmos oscuros, mientras susurraban promesas" I love you".

     La piel se acercaba, rozaba otra piel mientras las rodillas se doblaban siguiendo las órdenes del cantante, sin embargo en su cerebro ella intentaba dejar de estar a su lado para ocupar el espacio en que terminaba su cuerpo y empezaba el de él.

     Si ella pudiera ocupar el espacio infinito que hay entre los límites de cada cuerpo, si ella estallara como la canción e invadiera los intersticios entre sus cuerpos, si en el estallido la materia se transformara en alientos cálidos, si ella fuera la voz ronca del cantante para meterse por los orificios de sus orejas.

     La luz empezó a parpadear, las caderas se unieron y ella sintió que se convertía en el calor que los unía, que era el espacio entre love y you, entre el deseo y la piel que acaricia, el suspiro, en el instante en que nace en el pecho y sale por la boca.

     Arriba, en el palco, el Dj. cortó la canción a cuchillazo limpio, ya no había "I love you" contra las paredes, los ojos recobraron su dimensión justa, la certeza entró a bailar y despertó los cuerpos, en el centro lógico del universo.

Gladys