24 de Abril, 2011, 6:19: PiedraGeneral


Te paso mi elogio del distinto:

Elogio del distinto

Nací en el límite. La frontera era Granada. De niño me gustaba jugar a caballo sobre los mojones y decir que estaba a la vez en Málaga y Granada.
En Granada me notaban raro el habla: "Tú no eres de aquí".
En Málaga me decían que no era malagueño. No he parado de dar explicaciones.
En Sevilla conocí maravillas.
Descubrí otras tierras y me hice asturiano en Asturias.

¡Cuantas noches compartí el mismo vaso de sidrina con ellos!.
Me hice turco en Estambul, con el recién conocido que me abrazaba llamándome fratelo cuando le dije que era español.
Egipcio en el Cairo, cuando hablamos que venia del Al-Andalus.
Canario cuando me preguntaban en Tenerife: ¿ De qué isla eres?
Marroquí en Marraquech, cuando se interesaban porqué era la tercera vez que les visitaba.
Holandés, sentado en un banco de una plaza de Alkmaar hablando con un holandés cada uno en su idioma y nos entendíamos.
Cubano en la linda Habana, disfrutando de ese castellano tan bonito a mi oído.
Italiano, saboreando la belleza de su idioma, charlando con ellos
De Tereñes, muchas veces en las romerías asturianas.
- ¿De Tereñes?
- Si, es que emigre muchos años a Venezuela.
- Ah.
Hoy que tengo amigos madrileños, suizos, holandeses, sirios, marroquíes, granainos, sevillanos, nerjeños, asturianos, catalanes, ingleses, vascos, yanquis...
No tengo patria.
Como me decía mi admirado Jorge Guillén:
- ¿Patria? ¿Cuantos muertos?
Cuando veo pasar por la calle donde vivo gente de todos los colores y de todos los sitios, me digo: este es mi mundo.

Piedra

24 de Abril, 2011, 6:16: Selváticaminirelatos


El párrafo está formado por diez renglones al principio de la página, en letra Times, tamaño 12, a veces engorda por efectos de un malabarismo entre dos teclas, a veces se pone moreno, gira a la derecha o se centra e incluso se ajusta a la izquierda, allí se siente más cómodo, aunque a veces las izquierdas…

Su vida gira en un blanco espacio limitado por barras grises, apenas insinuadas pero tan fuertes que aunque muera en el intento no las podrá superar. Es lo que tienen los barrotes, aunque se maquillen de márgenes.

Pensándolo bien no tiene muchas opciones, y si me apuran, ninguna. Su destino está escrito. Sin embargo, a veces se permite ciertas libertades y con eso se conforma.


Selvática

24 de Abril, 2011, 6:13: SelváticaAlaprima


Mi madre nos ha dejado - del cuarto de ella sale una luz que ilumina toda la casa. La abuela me toma de la mano y vamos a buscarla.

Yo soy una mano pequeña prenda de una mano arrugada y callosa.

Mi madre está en el cuarto de una pensión. Al entrar, la misma luz de nuestra casa nos ciega la vista.

Hay dos camas, una de ellas está ocupada por una anciana… o un anciano. No lo sé.

Mi madre duerma con la cabeza hacía abajo. Nos mira con sorpresa al entrar. La abuela no dice nada, pero el reproche parece llenar toda la habitación.

La abuela toma las zapatillas de mi madre y las empieza a lavar con furia. El agua sale negra y espesa.

Mi madre llora bajito, le suplica que no las lave, si lo hace -dice - perderán el poder de viajar y ella tendrá que quedarse en casa para siempre.

La abuela no le hace caso.


Selvática

 

24 de Abril, 2011, 6:02: GladysGeneral

A mi amigo Jimul...

Ese día tenía que ser el más feliz de su vida, por eso se levantó temprano, se detuvo más tiempo del acostumbrado ante el espejo y se hidrató cada una de las arrugas sintiendo que en ellas estaba grabada la historia de su familia y de los soles y lunas que había vivido hasta entonces. Estaba feliz.

Salió a la calle, respiró el aire, que le pareció nuevo, perfumado, gratamente embriagador, caminó orgullosa, satisfecha y totalmente abandonada a esa sonrisa que no se borraba de su rostro. No permitió, en eso fue muy sensata, a su imaginación construir castillos en el aire. Hoy no, hoy se iba a dedicar a sentir el día con todas sus implicaciones físicas, hoy el cuerpo y lo tangible conformaban su vida, estaba escrito y se lo entregarían dentro de pocos minutos: 35 hectáreas de tierra, lo llamaban, pero eso era solo un seudónimo, en ese papel, que seguramente sería tamaño folio, estaban sus tatarabuelos, sus abuelos muy serios ante ese aparato que se llamaba cámara y que los había congelado en el tiempo y en su memoria, porque nunca los conoció, las balas no le dieron tiempo ni tampoco a sus padres, hermanos, tíos, sobrinos o cuñados.

Ya estaba frente al edificio administrativo. Ahora sus oídos solo escucharían discursos, aplausos, voces cacareando aquí y allá, manos que firman, algunos con una X, otros tardarán hasta diez minutos en garrapatear la palabra Alberto, o Carmen o Amalia o Ricardo y después más fotos.

Estaba contenta y le hubiera gustado contarle a la abuela que ella ya no se asustaba con eso que la gente llamaba cámara de fotos.

Después los invitaron a un almuerzo en un restaurante campestre, unas manos ajenas a la suya le sirvieron la comida, empezó a  saborear una sopa, que a su gusto, estaba demasiado caliente y eso parecían notarlo todos, ya que nadie comía con hambre, más discursos entre cucharada y cucharada, más fotos y manos que se unen despidiéndose y voces que desgranan buenas suertes a diestra y siniestra.

Al caer la noche, vestida ya con su bata de color desvaído, la de toda la vida, se paró frente al espejo y limpió otra vez sus arrugas. La ciudad no le sentaba bien y no quiso dormir en toda la noche, por eso fue la primera al llegar a la estación de autobuses y la primera en sentarse junto a la ventana. Su pulso se aceleró, la sangre hirvió en sus venas cuando la ciudad quedó atrás y el olor cálido de las entrañas de su tierra volvió a poseerla.

Cuando se bajó del autobús eran las diez de la mañana, 18 horas de viaje habían rejuvenecido su cara, las arrugas habían desaparecido y en su cartera llevaba el folio en el que decía que esa tierra era suya y que había pertenecido a su familia desde cuando la tierra estaba aún caliente. Tan pronto como estuvo junto a su platanera preferida, sacó de su cartera una pequeña cámara digital, recordó las instrucciones del vendedor del carrefour y se sacó una foto.

Después todo fue la vida de siempre, pisar descalza los prados, acariciar los troncos de los árboles, dejar que la lluvia cálida empapara su rostro… tonterías de esas que hacía todos los días y que repetía una y otra vez porque estaba viva.

Quince días después, una mano arrugada y temblorosa colocaba esa foto de ella junto a la platanera sobre su ataúd. Era su vecina pues los miembros de su familia estaban recluidos en un destartalado álbum de fotos, que también incluía un título de propiedad sobre la tierra.

Gladys


24 de Abril, 2011, 5:54: GladysGeneral


No me gusta lo que estoy haciendo pero no quiero pensar, no me gusta lo que estoy hablando pero las palabras se salen de mis labios como pequeñas explosiones de agua hirviendo. Aparte de eso me gusta esta casa, es grande, tiene jardines amplios, muchos rosales espléndidos y un aroma maravilloso. El cielo azul es el fondo ideal para la imagen de esta casa ideal.

Su dueño, ya es otra cosa, un hombre millonario, amo y señor del mundo del espectáculo, una especie de Don del cine y está leyendo mi trabajo. Unas letras amontonadas en cuartillas que salieron huyendo de mis manos, sin pedirme permiso… y lo peor sin pasar por el tamiz cerebral.

Se siguió todo el ritual convencional, una buena comida, mucho vino, café y el momento del juicio final: quiere leerlo.

Mi trabajo. Ese montón de hojas es tomado por unos dedos regordetes y su amplia humanidad se extiende sobre el sillón.

Los demás, humildes y humillados mortales tratamos de mimetizarnos con el paisaje, unos se pierden por los pasillos arbolados, otros desaparecen tras los setos de los rosales, algunos naufragan en las aguas de la piscina y yo me adhiero al cristal de la ventana. Como todo cristal que se respete, anhelo apoderarme de imágenes. Disfruto convirtiéndome en una gota de agua titilando en el espacio, antes de caer, o en las ondas que cubren la superficie del lago y se estremecen con el viento, pero también sufro por lo que se le escapa a mi ser tangible, por los olores que no atrapo, por la vibración de las alas de las mariposas y por la mirada de un niño que se burla  de mis fantasías.

Ya esta terminando de leer. Me avisa un hombre de mediana edad a voz en grito desde el fondo del jardín.

Mis manos sudan y la imagen del Don lector me da arcadas, a medida que me acerco a su imagen extendida sobre la silla, las arcadas son más continuas y si le añado la imagen de una mujer arrodillada ante él atándole los zapatos, mis entrañas se desatan. Para no delatarme me imagino que estoy sacando la ropa de mi armario, la doblo cuidadosamente, aprovechando mejor los espacios y colocando jersey sobre jersey de la mejor manera posible. Logro mi objetivo, ya no me voy a vomitar sobre los pies del gran hombre.

Me gusta la imagen de mi misma doblando la ropa en la intimidad de mi cuarto, me gusta la calidez de su luz y el aroma de mi propio perfume. Del fondo del armario surge mi otro yo travestido de hombre, se acomoda sobre los sostenes y sus labios crecen de manera desaforada, como dos montañas rojas y carnosas que se agitan al hablar, por los resquicios de sus dientes amarillos y podridos salen palabras que no entiendo pero que me hacen sentir que el productor, el  Don está encantado con mi trabajo.

El hombre de mediana edad ya está a mi lado y me toma del brazo: el Don va a hacer la película, me susurra.

La imagen de mi yo travestido me transmite, como en eco simultáneo los pensamientos del Don: que si se ha estremecido con mi historia, que los personajes tienen vida propia y que jamás había leído algo en lo que se palpara la vida cruda y dura, como la mía.

No me lo creo, estoy alucinando, no creo que a nadie le guste… y estas palabras se convirtieron en el alfiler que pinchó mis sueños. Aunque tengo una reconfortante sensación de felicidad.

 

Gladys
24 de Abril, 2011, 5:22: Lady papaHablando de...


  

No está muy claro el origen sobre este tipo de leyendas, pero su popularidad crece con los años, abonada por la tendencia humana a recrearse en los hechos que racionalmente no puede verificar.

Realidad y ficción

La mezcla depende del golpe de efecto que se busque, es requisito indispensable que el lector o receptor de la leyenda se sienta identificado con el escenario, una carretera, un cine, un hospital, un cementerio, lugares cotidianos donde de repente sucede un hecho asombroso, terrorífico o cómico.

La cantidad de realidad o ficción varía de acuerdo al lugar geográfico donde nazca, alimentada por el imaginario colectivo y abonada por sucesos propios que las reencarnan con nuevos bríos, así, de repente la chica de la autopista pasa de Madrid a Singapur, como si nada.

Según Jan Harold Brunvand, miembro de la American Folklore Society desde 1974, máxima autoridad en la materia y recopilador de estas "fábulas populares", no es la realidad o la ficción lo que define una leyenda urbana, sino la transmisión oral y sus variaciones.

La curiosidad por las leyendas urbanas, es contagiosa, quién no se lo ha pensado más de una vez antes de ponerse a conducir de noche por una avenida solitaria, aunque no lo reconozca en voz alta, por supuesto Internet también ha puesto su granito de arena, convirtiéndose en el gran oráculo de las más espeluznantes historias, es quien nos hace saber sobre los peligros de sentarse en los baños públicos, o el joven que amanece en la bañera sin riñones, o el niño que aparece en el supermercado sin ojos.

De vez en cuando los comparo, veo como cambian sutilmente, pero en esencia siguen siendo iguales y más vitales que nunca, aunque los fantasmas o demonios han perdido vigencia dando paso a mafiosos desalmados que impregnan de drogas las calcomanías que se venden al lado de los colegios, o la joven que se lleva la chaqueta del chico y cuando éste intenta devolvérsela se entera de que lleva muerta mucho tiempo.

Lo macabro, sórdido e increíble aparece cuando menos nos lo esperamos y por unos segundos nos noquea, aunque después la sonrisa nos ilumine el rostro, mientras pensamos, mirando la pantalla fijamente: se lo enviamos a un amigo o hacemos click sobre la tecla "suprimir". La decisión es solo nuestra y de nadie más.

Todo sea por la conservación de las leyendas urbanas que nos ofrecen tema para entretener las horas muertas.

Lady papa

8 de Abril, 2011, 13:23: Lady papaHablando de...

    El lenguaje es el mundo simbólico de los seres humanos, es su DNI, que habla por él, de su cultura, su pasado y hasta su futuro.

 

    Cuando un inmigrante HABLA ante el primer funcionario de inmigración sentado detrás de su ventanilla, en cualquier frontera,  es consciente de que su acento, su forma de expresarse, el tono de su voz son más chivatos que su DNI o pasaporte y entra en pánico.

    En ese instante las expresiones coloquiales del país al que pretende ingresar, aprendidas antes de su viaje, se esfuman y en su lugar brotan las palabras viejas de su terruño, el tono con el que aprendió a hablar, la voz de sus padres, abuelos o maestros, el lenguaje de la calle y para no delatarse se encierra en un silencio hosco que los demás toman por torpeza e ignorancia.

    La palabra como marca de nacimiento

    A partir de ese momento ya queda marcado para siempre, no importa que sus papeles estén en regla, que los permisos sean válidos y que empiece a trabajar, relacionándose así cotidianamente con los naturales de su país de acogida. De los demás no hablaré, ese es otro tema. Aquí quiero resaltar la orfandad del inmigrante plantado en otra tierra, regado por otras aguas y alimentado por otros “abonos” ajenos a los suyos y que los primeros días no tienen ningún sabor en su boca, por tanto no hay palabras en su cerebro para nombrarlos.

    El inmigrante se comporta como un ciego, camina vacilante por esas nuevas calles que forman un laberinto por el cual no hay elementos de orientación conocidos: las calles tienen nombres y no números, La calle Cervantes puede estar al principio o al final de la ciudad y la ciudad puede ser enorme o un pueblo de diez calles. Camina el doble hasta que su cerebro empieza a re-aprender una nueva forma de orientación, el lenguaje se mezcla y reemplaza las expresiones entrañables por las foráneas, que necesariamente no brotan tan espontáneamente como debieran, dando la imagen de inteligencia corta. Si el inmigrante está estudiando mirará con asombro la letra D escrita en rojo por el profesor de lengua y no entiende, si él sabía la respuesta desde que era niño, ahí lo dice, desgraciadamente no está expresada en los términos que el profesor esperaba; trata de hablar con él y éste le responde: eso será en tu país. El estudiante se da la vuelta con la D en el bolsillo burlándose de él.

   Adaptarse o callar

   Esta transformación necesita un tiempo de asentamiento en el colectivo universal,  pues la mente se mueve en un universo de significados que conforman el acto íntimo y particular del pensar. Pensar es crear, que además, implica la utilización del lenguaje como instrumento ya sea de defensor o destructor de la vida, sus logros o frustraciones, su capacidad de desmitificación y liberación o lo contrario: “encerrarse dentro de su cárcel lingüística” amurallado por el imperio de la información.

    Por una parte el hombre de hoy, independientemente de su origen aprende muy rápido a expresar los objetos sensibles del país de acogida, es cuestión de saber escuchar a los demás y la voluntad de asentarlos para lograr comunicarse apropiadamente, sin embargo, el ser humano no es solamente un señalador de objetos: mesa, cuadro, comida, agua; eso se hacía en los albores de la civilización, ahora  el hombre se ha dado cuenta de que en su interior viven otras cosas difíciles de nombrar; son los objetos insensibles o abstracciones y ahí es donde se encuentra, quizás el mayor problema de la inmigración, porque el nuevo habitante se ve obligado a arrinconar su simbología ancestral, sacrifica las creencias  de su grupo social , se ve ante la disyuntiva: o cambio para quedarme aquí, o, me vuelvo, o me impongo.

    Yo hablo, ¿pero tu me entiendes?

    Las academias de la lengua, tanto española como latinoamericanas, por ejemplo, se han esforzado en editar diccionarios de americanismos, cuya efectividad, sólo el tiempo constatará, pues en el momento y con el precio de los libros, muy pocas personas del común, aquellas que hacen colas en los locutorios para hablar con sus parientes, tienen unas necesidades más inmediatas que la de usar un mamotreto de quinientas páginas para hablarle a alguien y que éste le entienda en la verdadera dimensión de su significación, que siente morriña, saudade, pendejada o berraquera en ese preciso momento, no obstante,  la avalancha de inmigrantes latinos ha logrado poner con alguna frecuencia en el habla cotidiana términos propios y, finalmente,  las redes sociales están logrando lo que los académicos vitalicios no han podido: que los extranjeros no se sientan solos e incomunicados, ahí juegan un papel decisivo, en el ámbito sociológico, imponiendo una lengua, modificando el comportamiento humano, influyendo en la coagulación social, o sea el horizonte de posibilidades que se ofrece al hombre para expresarse de una forma universal. Mientras esto se institucionaliza, los diccionarios se quedan obsoletos con mayor celeridad que antes y el Castellano todos los días se transforma, como idioma vivo que es y hablado por más de trescientos millones de personas, ahora, que nos entendamos…


Lady papa

 

8 de Abril, 2011, 13:19: SelváticaAlaprima



    - Ahora que ya saben la teoría vamos a ponerla en práctica. - Anuncia el monitor como si fuese un Dios y los alumnos muñecos de plastílina - Ustedes dos, en aquella esquina, los dos jóvenes del fondo, a la derecha. La chica de la izquierda con el grupo cuatro y ustedes dos, señoritas… vengan conmigo.

    Llegan los profesores,  cada cual escoge su grupo. Lucía se queda con el monitor. En el fondo sabe que no va a aprobar, la teoría aprendida es como un cúmulo de piedras que debe reacomodar y no sabe muy bien cómo. Pero ya no hay vuelta atrás. No va a aprobar.

    Ahora o nunca. El monitor le entrega en las manos el timón y ella siente que el estómago se va para los tobillos. Calma - se dice a sí misma.  Hay que observar todo rápido pero sin perder detalle, estar atenta para no fallar al menor descuido. Lucía empieza a controlar su vida, sortea algunos baches, recorre caminos desconocidos y de alguna manera empieza a sentirse segura, pero el aliento del monitor en el cuello…

     Sin embargo se mantiene firme, decidida, ahora que empieza a controlar decide ser un poco más audaz pero los pies parecen no encontrar el punto de apoyo adecuado,  y algo, como una bruma empieza a hervir por los laberintos de sus tripas. Se concentra en las manos y se siente segura, las manos saben a donde ir, pero los pies no encuentran el acelerador, ni el freno, entonces se da cuenta que otros pies ocupan ese lugar, son los pies del instructor, lo mira de lado y le hace un gesto para que los retire. Si no quita los pies de ahí, no puedo seguir.

     El la mira como si fuera transparente y ella siente que ahí todo se fue a la mierda. No aprobará y al volver la vista al frente se encuentra con un muro de piedras de forma caprichosa, sabe como esquivarlo, empieza a hacerlo, pero en el momento definitivo, cuando debía acelerar, su pie se quedó suspendido en el aire.

     Saltan al vacío y después de minutos de oscuridad. El mundo vuelve a dibujarse en su cerebro. Esta de nuevo en su casa, con el jardín seco y los cristales sucios, los hombros caídos por el fracaso y la voz del monitor despidiéndose: es mejor que se siente, se tome una taza de su orgullo mezclado con orines…bien calentita.

 

     Ha fracasado, pero fracasó porque el sitio para poner los pies estaba ocupado… claro que nadie se lo creería.


Selvática

 


8 de Abril, 2011, 13:05: Selváticaminirelatos

   

    Encontró al viejo libro en el fondo de sus años, lleno de polvo, amarillento y mohoso, el fuerte olor a  humedad la hizo estornudar y su aliento levantó las pelusas del pasado, sin embargo una se quedó gravitando ante sus ojos. La imagen de sus nueve años con el libro en la mano.

 

    Ella no podía entender como su hermana había sido capaz de cortarse el dedo gordo del pie derecho para que le calzara el maldito zapato de cristal. Menos aún entendía porque se movilizaba todo la guardia del país en busca de una desconocida y además descuidada mujer, que dejaba olvidados sus zapatos en cualquier parte.

    Volvió a sacar lustre al cristal de la ventana y el paisaje le parecía tan hermoso,  subyugante, y a la vez intrigante, ¿una tierra al parecer tan generosa era capaz de dar semejantes frutos?

    La vida es rara, se dijo mientras veía volar a una mariposa. Pensó en la vida del insecto: mucho más tiempo siendo larva que hermosa mariposa. El pie mutilado de la hermanastra le sacó de los sueños volátiles.

    Unos golpes en la puerta la asustaron. Ahí estaban esos tontos perdiendo el tiempo en busca de una doncella y el gesto de dolor de su hermana tratando de ocultar su pie sangrante hasta meterlo en esa maldita zapatilla.

    Un rostro encendido de dolor al lado de un rostro satisfecho: Habían encontrado a la dueña de la tal zapatilla.

     Ella se acercó despacio sin llamar la atención. Se asomó a la puerta y ahí estaba el famoso príncipe.

     Se acercó hasta él y le dijo:

     Oiga caballero, ¿en Palacio no tienen cosas más importantes que hacer? No hay un  país que gobernar y un pueblo que cuidar y por qué cree que una mujer se esconde de un príncipe.

     Este, a pesar de la educación sobria no pudo evitar el enojo que le producían aquellas palabras estúpidas. Cómo se atrevía a cuestionar los dictámenes de la realeza.

     Cómo dudaba de que una joven no quisiera a un príncipe. Hábrase visto.

     Mire señor, seguía ella. Un palacio es solamente una casa más grande, una casa puede convertirse en una cárcel y aunque sea más grande siempre tendrá barrotes que te impidan correr a tu antojo. ¿Cree que eso le gustaría a un espíritu libre? Hay jóvenes que no quieren esa cárcel, hay jóvenes que prefieren casas a palacios.

     Un zapato de cristal dejado al descuido en unos escalones puede significar una huida y no querrá usted encerrar a un pájaro en una jaula…¿ o si? lo querrá para enseñarlo orgulloso antes sus invitados?

     No pierda más el tiempo, no permita que mi hermana quede coja y no busque más jóvenes olvidadizas, no pretenda cambiar su naturaleza, si una joven huye es porque quiere, no la atrape usted.

           

     Levantó el dedo índice de su mano derecho e hizo explotar la burbuja de sus nueve años. No había podido cambiar el cuento pero sí había escrito su vida con sus propias palabras… aunque sólo quedaba espacio para el definitivo THE END.


Selvática

8 de Abril, 2011, 12:58: GladysGeneral


    …piensa en qué pasaría si ella no fuera ella, si tal vez, fuera la señora que está sentada en frente. Una señora un poco mayor que ella. Por la forma de vestir, seguramente será una funcionaria del Estado o una secretaria de algún despacho de abogados, un trabajo concreto, con un horario fijo que marca un límite entre lo laboral y lo personal.

    Al llegar a casa será recibida por un par de hijos, una empleada quizás, se quitará los zapatos de tacón, se pondrá cómoda y la familia poseerá su cuerpo, el olor a comida despertará el apetito y la casa puede llegar a ser un refugio invulnerable.

    Su imagen la miró desde los sucios cristales de la ventana del autobús, le arrugó los ojos hasta que las cejas se juntaron en una dura línea recta recriminándole esa manía de irse cambiando por cuanto ser humano se le cruza por delante. A su imagen no le gustaba que ella misma no se gustase, alguna vez le recomendó que fuera a un psiquiatra a ver si le reparaban esos daños del pasado que estaban malogrando su presente, pero ella como si nada - le decía que no le gustaban los psiquiatras, - eso en el mejor de los casos, porque casi siempre los comparaba con los santeros o yerbateros que pululan por las calles con un costal de hojas podridas y las manos llenas de amuletos.

    Pero lo de hoy, la estaba poniendo frenética. Intentar cambiarse por esa señora, era algo que ya estaba colmando su paciencia, sin embargo, a su imagen no se le ocurría nada para obligarla a cambiar de actitud.

    El autobús entró al túnel borrando a la imagen de la superficie del cristal, ella sintió cierto alivio, no solía pensar mucho en ello, pero su imagen la tenía ya bastante harta, siempre recriminándole,  aunque lo que más detestaba era la forma en que juntaba las cejas, ¿cómo lo hacía?

     En los Simpsons era fácil, se notaba el truco del artista gráfico al dibujar al némesis de Maggie, pero en el cristal sucio del autobús… Ah, la señora sentada en frente de ella se ha movido. Le debe doler la espalda se dijo. Claro, son muchas horas sentada en una silla con los ojos puestos en una pantalla. Pensándolo bien, ella se sentía muy miserable cuando estaba enferma, no soportaba mucho el dolor, entonces habría que pensar en cambiarse por alguien más joven, rebosante de salud, claro, eso implicaría una familia medianamente acomodada, padres que amaran y cuidaran a sus hijos…

     El autobús salió del túnel y la imagen seguía ahí con su ceño en forma de guión continuo.

     Ahora está pensando en ser más joven, está recreando un hogar donde los padres quieran a los hijos, los cuiden, les alimenten, les vistan en vez de ese señor que, a los nueve años la dejó con la mano agarrotada en el fondo de la mano de su madre mientras él desaparecía y…

 

    El guión continuo desapareció de su imagen y se transformó en "... "

 

     La señora se bajó en la próxima parada y ella, olvidándose de su imagen,  tarareó unas notas musicales que le parecieron perfectas para su próxima composición.

     

     No miró más por la ventana hasta que llegó a casa.


Gladys