Encontró al viejo libro en el fondo de sus años, lleno de polvo, amarillento y mohoso, el fuerte olor a  humedad la hizo estornudar y su aliento levantó las pelusas del pasado, sin embargo una se quedó gravitando ante sus ojos. La imagen de sus nueve años con el libro en la mano.

 

    Ella no podía entender como su hermana había sido capaz de cortarse el dedo gordo del pie derecho para que le calzara el maldito zapato de cristal. Menos aún entendía porque se movilizaba todo la guardia del país en busca de una desconocida y además descuidada mujer, que dejaba olvidados sus zapatos en cualquier parte.

    Volvió a sacar lustre al cristal de la ventana y el paisaje le parecía tan hermoso,  subyugante, y a la vez intrigante, ¿una tierra al parecer tan generosa era capaz de dar semejantes frutos?

    La vida es rara, se dijo mientras veía volar a una mariposa. Pensó en la vida del insecto: mucho más tiempo siendo larva que hermosa mariposa. El pie mutilado de la hermanastra le sacó de los sueños volátiles.

    Unos golpes en la puerta la asustaron. Ahí estaban esos tontos perdiendo el tiempo en busca de una doncella y el gesto de dolor de su hermana tratando de ocultar su pie sangrante hasta meterlo en esa maldita zapatilla.

    Un rostro encendido de dolor al lado de un rostro satisfecho: Habían encontrado a la dueña de la tal zapatilla.

     Ella se acercó despacio sin llamar la atención. Se asomó a la puerta y ahí estaba el famoso príncipe.

     Se acercó hasta él y le dijo:

     Oiga caballero, ¿en Palacio no tienen cosas más importantes que hacer? No hay un  país que gobernar y un pueblo que cuidar y por qué cree que una mujer se esconde de un príncipe.

     Este, a pesar de la educación sobria no pudo evitar el enojo que le producían aquellas palabras estúpidas. Cómo se atrevía a cuestionar los dictámenes de la realeza.

     Cómo dudaba de que una joven no quisiera a un príncipe. Hábrase visto.

     Mire señor, seguía ella. Un palacio es solamente una casa más grande, una casa puede convertirse en una cárcel y aunque sea más grande siempre tendrá barrotes que te impidan correr a tu antojo. ¿Cree que eso le gustaría a un espíritu libre? Hay jóvenes que no quieren esa cárcel, hay jóvenes que prefieren casas a palacios.

     Un zapato de cristal dejado al descuido en unos escalones puede significar una huida y no querrá usted encerrar a un pájaro en una jaula…¿ o si? lo querrá para enseñarlo orgulloso antes sus invitados?

     No pierda más el tiempo, no permita que mi hermana quede coja y no busque más jóvenes olvidadizas, no pretenda cambiar su naturaleza, si una joven huye es porque quiere, no la atrape usted.

           

     Levantó el dedo índice de su mano derecho e hizo explotar la burbuja de sus nueve años. No había podido cambiar el cuento pero sí había escrito su vida con sus propias palabras… aunque sólo quedaba espacio para el definitivo THE END.


Selvática