- Ahora que ya saben la teoría vamos a ponerla en práctica. - Anuncia el monitor como si fuese un Dios y los alumnos muñecos de plastílina - Ustedes dos, en aquella esquina, los dos jóvenes del fondo, a la derecha. La chica de la izquierda con el grupo cuatro y ustedes dos, señoritas… vengan conmigo.

    Llegan los profesores,  cada cual escoge su grupo. Lucía se queda con el monitor. En el fondo sabe que no va a aprobar, la teoría aprendida es como un cúmulo de piedras que debe reacomodar y no sabe muy bien cómo. Pero ya no hay vuelta atrás. No va a aprobar.

    Ahora o nunca. El monitor le entrega en las manos el timón y ella siente que el estómago se va para los tobillos. Calma - se dice a sí misma.  Hay que observar todo rápido pero sin perder detalle, estar atenta para no fallar al menor descuido. Lucía empieza a controlar su vida, sortea algunos baches, recorre caminos desconocidos y de alguna manera empieza a sentirse segura, pero el aliento del monitor en el cuello…

     Sin embargo se mantiene firme, decidida, ahora que empieza a controlar decide ser un poco más audaz pero los pies parecen no encontrar el punto de apoyo adecuado,  y algo, como una bruma empieza a hervir por los laberintos de sus tripas. Se concentra en las manos y se siente segura, las manos saben a donde ir, pero los pies no encuentran el acelerador, ni el freno, entonces se da cuenta que otros pies ocupan ese lugar, son los pies del instructor, lo mira de lado y le hace un gesto para que los retire. Si no quita los pies de ahí, no puedo seguir.

     El la mira como si fuera transparente y ella siente que ahí todo se fue a la mierda. No aprobará y al volver la vista al frente se encuentra con un muro de piedras de forma caprichosa, sabe como esquivarlo, empieza a hacerlo, pero en el momento definitivo, cuando debía acelerar, su pie se quedó suspendido en el aire.

     Saltan al vacío y después de minutos de oscuridad. El mundo vuelve a dibujarse en su cerebro. Esta de nuevo en su casa, con el jardín seco y los cristales sucios, los hombros caídos por el fracaso y la voz del monitor despidiéndose: es mejor que se siente, se tome una taza de su orgullo mezclado con orines…bien calentita.

 

     Ha fracasado, pero fracasó porque el sitio para poner los pies estaba ocupado… claro que nadie se lo creería.


Selvática