El lenguaje es el mundo simbólico de los seres humanos, es su DNI, que habla por él, de su cultura, su pasado y hasta su futuro.

 

    Cuando un inmigrante HABLA ante el primer funcionario de inmigración sentado detrás de su ventanilla, en cualquier frontera,  es consciente de que su acento, su forma de expresarse, el tono de su voz son más chivatos que su DNI o pasaporte y entra en pánico.

    En ese instante las expresiones coloquiales del país al que pretende ingresar, aprendidas antes de su viaje, se esfuman y en su lugar brotan las palabras viejas de su terruño, el tono con el que aprendió a hablar, la voz de sus padres, abuelos o maestros, el lenguaje de la calle y para no delatarse se encierra en un silencio hosco que los demás toman por torpeza e ignorancia.

    La palabra como marca de nacimiento

    A partir de ese momento ya queda marcado para siempre, no importa que sus papeles estén en regla, que los permisos sean válidos y que empiece a trabajar, relacionándose así cotidianamente con los naturales de su país de acogida. De los demás no hablaré, ese es otro tema. Aquí quiero resaltar la orfandad del inmigrante plantado en otra tierra, regado por otras aguas y alimentado por otros “abonos” ajenos a los suyos y que los primeros días no tienen ningún sabor en su boca, por tanto no hay palabras en su cerebro para nombrarlos.

    El inmigrante se comporta como un ciego, camina vacilante por esas nuevas calles que forman un laberinto por el cual no hay elementos de orientación conocidos: las calles tienen nombres y no números, La calle Cervantes puede estar al principio o al final de la ciudad y la ciudad puede ser enorme o un pueblo de diez calles. Camina el doble hasta que su cerebro empieza a re-aprender una nueva forma de orientación, el lenguaje se mezcla y reemplaza las expresiones entrañables por las foráneas, que necesariamente no brotan tan espontáneamente como debieran, dando la imagen de inteligencia corta. Si el inmigrante está estudiando mirará con asombro la letra D escrita en rojo por el profesor de lengua y no entiende, si él sabía la respuesta desde que era niño, ahí lo dice, desgraciadamente no está expresada en los términos que el profesor esperaba; trata de hablar con él y éste le responde: eso será en tu país. El estudiante se da la vuelta con la D en el bolsillo burlándose de él.

   Adaptarse o callar

   Esta transformación necesita un tiempo de asentamiento en el colectivo universal,  pues la mente se mueve en un universo de significados que conforman el acto íntimo y particular del pensar. Pensar es crear, que además, implica la utilización del lenguaje como instrumento ya sea de defensor o destructor de la vida, sus logros o frustraciones, su capacidad de desmitificación y liberación o lo contrario: “encerrarse dentro de su cárcel lingüística” amurallado por el imperio de la información.

    Por una parte el hombre de hoy, independientemente de su origen aprende muy rápido a expresar los objetos sensibles del país de acogida, es cuestión de saber escuchar a los demás y la voluntad de asentarlos para lograr comunicarse apropiadamente, sin embargo, el ser humano no es solamente un señalador de objetos: mesa, cuadro, comida, agua; eso se hacía en los albores de la civilización, ahora  el hombre se ha dado cuenta de que en su interior viven otras cosas difíciles de nombrar; son los objetos insensibles o abstracciones y ahí es donde se encuentra, quizás el mayor problema de la inmigración, porque el nuevo habitante se ve obligado a arrinconar su simbología ancestral, sacrifica las creencias  de su grupo social , se ve ante la disyuntiva: o cambio para quedarme aquí, o, me vuelvo, o me impongo.

    Yo hablo, ¿pero tu me entiendes?

    Las academias de la lengua, tanto española como latinoamericanas, por ejemplo, se han esforzado en editar diccionarios de americanismos, cuya efectividad, sólo el tiempo constatará, pues en el momento y con el precio de los libros, muy pocas personas del común, aquellas que hacen colas en los locutorios para hablar con sus parientes, tienen unas necesidades más inmediatas que la de usar un mamotreto de quinientas páginas para hablarle a alguien y que éste le entienda en la verdadera dimensión de su significación, que siente morriña, saudade, pendejada o berraquera en ese preciso momento, no obstante,  la avalancha de inmigrantes latinos ha logrado poner con alguna frecuencia en el habla cotidiana términos propios y, finalmente,  las redes sociales están logrando lo que los académicos vitalicios no han podido: que los extranjeros no se sientan solos e incomunicados, ahí juegan un papel decisivo, en el ámbito sociológico, imponiendo una lengua, modificando el comportamiento humano, influyendo en la coagulación social, o sea el horizonte de posibilidades que se ofrece al hombre para expresarse de una forma universal. Mientras esto se institucionaliza, los diccionarios se quedan obsoletos con mayor celeridad que antes y el Castellano todos los días se transforma, como idioma vivo que es y hablado por más de trescientos millones de personas, ahora, que nos entendamos…


Lady papa