Mi madre nos ha dejado - del cuarto de ella sale una luz que ilumina toda la casa. La abuela me toma de la mano y vamos a buscarla.

Yo soy una mano pequeña prenda de una mano arrugada y callosa.

Mi madre está en el cuarto de una pensión. Al entrar, la misma luz de nuestra casa nos ciega la vista.

Hay dos camas, una de ellas está ocupada por una anciana… o un anciano. No lo sé.

Mi madre duerma con la cabeza hacía abajo. Nos mira con sorpresa al entrar. La abuela no dice nada, pero el reproche parece llenar toda la habitación.

La abuela toma las zapatillas de mi madre y las empieza a lavar con furia. El agua sale negra y espesa.

Mi madre llora bajito, le suplica que no las lave, si lo hace -dice - perderán el poder de viajar y ella tendrá que quedarse en casa para siempre.

La abuela no le hace caso.


Selvática