20 de Mayo, 2011, 12:43: Lady papaHablando de...


Los motivos por los cuales la gente suele asistir a galerías de arte, o a escuchar relatos narrados por los propios escritores, o a un concierto son tan personales como válidos. Cómo se siente al salir, también.
A veces se sale reconfortado, alegre, optimista sin embargo, en ocasiones la gente suele sentirse algo idiota al tener la sensación de que el artista se burló de ellos y encima pagaron por ello.
¿Qué pasa?

No alcanzamos a explicarlo satisfactoriamente, por un lado nuestra educación nos impide atacar frontalmente al arte. ¿Cómo vamos a hacer eso? si durante años nos han enseñado que el arte es la máxima expresión humana y, es cierto.

El arte, en sus diversas manifestaciones refleja la realidad humana en periodos históricos determinados. Hemos dejado atrás la época figurativa de los retratos, de los paisajes de ensueño o manchas de color adheridas a un lienzo. Hoy, asistimos a galerías donde las obras que contemplamos son pequeños montículos de basura acumulada, una montaña de ¡mierda! en una urna, un tiburón en un cubo de agua, una sombrilla con unos aritos de alambre colgando, o rectángulos donde nos vemos reflejados. Es más, ni siquiera tenemos que acudir a los clásicos museos o galerías o salones de arte, nos basta pasear por la calles de las ciudades para ver el arte urbano donde las paredes de los edificios son el lienzo de los artistas independientes.

En lo literario, los escaparates de las librerías están llenos de títulos con tetas paradisiacas, pistoleros de leyenda, muñecas inflables y recetas de autoayuda. Si asistimos a una lectura de poemas o de relatos, no acertamos a recordar si el escritor habló de su obra, o de sí mismo, o nos expuso sus ideales políticos, o si todo ello es lo mismo y no nos dimos cuenta. Para apreciar la literatura, tampoco nos limitamos a un libro en lo íntimo de nuestro rincón preferido para leer, también podemos escuchar de viva voz al autor, incluso escuchar poesía en un polideportivo local.

Vivimos una era de libertad absoluta, podemos hacer y ver lo que nos apetezca, por fin rompimos aquellos corsets que nos decían que el verdadero arte debía ser de tal o cual manera, que una obra literaria debía constar de prólogo, desarrollo y desenlace, que para hacer música debíamos primero saber leerla, etc. etc. en resumen, que los artistas eran unos seres privilegiados, tocados por los dioses y de ahí salían maravillas que consolarían las miserias de este mundo.

Parece que los dioses nos abandonaron hace tiempo condenándonos a ser nosotros mismos y a estremecernos ante nuestras miserias; la violencia y los desechos son parte de nuestras vidas, corresponden a eso que nos han hecho esconder con camisas de fuerza por los siglos de los siglos, ignorarlo seria cuando menos cándido, pero regodearse es limitarse a fotografiar la realidad.
Vivimos una era caótica, con caos alimentamos el arte que producimos y caos será el legado para las futuras generaciones… cosa que en realidad no parece importarle mucho a la sociedad actual.

Por: ladypapa


20 de Mayo, 2011, 12:27: Selváticaminirelatos

     - Podríamos apostar lo que nos diera la gana - dijo el joven agitando en el puño los dados.

      - Ya no tenemos nada - dijo su compañero, unos años mayor que él...

     - Yo si tengo algo bajo la manga… sonrío el más joven - bueno, no bajo la manga, más bien en un rincón del cerebro -

      - No me hagas reír, no me gusta apostar intangibles.

      - No te creas, algo de peso tiene - añadió el más joven -

      - Anda. Tira ya que me aburro.

      - No quieres saber ¿qué voy a apostar?

      - No. Vamos a dejarlo. Me voy.

      - ¿Tienes miedo?

    El rostro del hombre mayor se acercó al del más joven despidiendo chispas como una bengala. Tira ya - le susurró golpeándolo en la nuca.

      - Pares por mi imaginación.

     El hombre mayor lo miró con desprecio y se levantó de golpe.

      - A la mierda tu imaginación. ¿Que gano yo con ella?  En el súper no me dan vino, ni comida y la casera no me la recibirá en pago del alquiler. No me vale.

 

      - Pues es lo único que tengo. Vale la pena pensárselo. ¿Qué más vas a hacer? ¿Irte a tu casa a mirar el techo? ¿Pasar la tarde escuchando esas inmundas canciones que escuchas siempre?

       - Dale-

      El más joven lanzó los dados y cayó un cuatro y un tres. El rostro del más viejo se iluminó. Había ganado porque el otro había perdido. Era un ganador. UN GANADOR, aunque el premio. Mejor no pensar.

      El rostro del más joven palideció. De repente sintió que se vaciaba por dentro, que se estaba convirtiendo en un caparazón viejo, seco y  mudo.

       El hombre mayor no quiso mirar más. Se levantó,  guardó en una bolsa de papel  el caparazón de su amigo y salió del bar con la cabeza bien alta.

Selvática

 

20 de Mayo, 2011, 12:22: GladysGeneral

       A esa hora la playa suele estar vacía, por eso a ella le gusta ir a esperar la noche en ese rincón, donde nadie la ve.

   De la mochila saca su bolsa de letras y las va colocando sobre la arena. Toma entre sus dedos la L y escoge una vocal: A

    LA: Artículo determinado que sirve….

    Retira la A y toma la O, en su cabeza se forma la definición y termina por rechazarla, hace lo mismo con todas las vocales hasta que en la arena la E la mira con diciéndole: anda ya. Me toca a mi.

   Erige el artículo EL sobre la arena y no se atreve a desbaratarlo, pero tampoco deja que su cerebro piense. Sólo con ponerle el acento tendría vida propia y…

 

    Se levanta, camina hasta la orilla y mete la cabeza en el agua, sacude los cabellos y flota sobre las olas mirando al cielo. ÉL sin embargo la espera de pie sobre la arena. No le importa. Tiene todo el tiempo del mundo.

    Ella no quiere apartar su mirada del azul del cielo, en lo más profundo de su ser anhela convertirse en un todo azul, en un luminoso azul, con alguna que otra nubecita adornando aquí o allá. No quiere a ÉL, o si, pero no tal y como está puesto sobre la arena, le gustaría que ÉL fuera un calor entre los dedos, un cuerpo a su lado, una voz y un silencio, una risa a duo o unos días entre el cuenco de sus manos.

    Una ola grande la zarandeó, le dio la vuelta arrastrándola hasta dar con sus huesos contra el fondo del mar, enredada en algas y con un enorme desfile de peces alegres frente a sus ojos. Estiró los dedos, intentó atrapar a alguno para llevárselo a su casa, pero no lo logró y cuando el aire se agotó en los pulmones decidió salir a buscar a ÉL.

     Salió del agua, los poros se abrieron para recibir al sol, caminó en dirección a ÉL y cuando estuvo cerca vio a unos niños jugando con su bolsa de letras. ÉL había desaparecido.

    No sabía si acercarse o huir y tampoco tuvo tiempo de pensarlo mucho, la niña se dio cuenta de su presencia, el niño también y ambos, asustados echaron a correr con su bolsa de letras.

 Gladys

20 de Mayo, 2011, 12:02: GladysGeneral

Perdido en un cruce de tumbas, llevando en el cuenco de las manos las palabras mojadas de los familiares, impregnado de aromas y colores, las rodillas le tiemblan y en un giro se da contra la pared.

Las palabras mojadas se le desparraman por la tierra, son absorbidas por el polvo seco del camino, ya se dio cuenta que él también es carne de cañón y la vida se le va por el sifón de los días.

    La soledad no duele, ni siquiera está y los recuerdos son motas de polvo que ascienden por las escaleras del sol. No hay nadie más, el cementerio está vacío, las gentes se van con sus vidas a cuestas, agarrados del brazo de parientes con ceño fruncido y palabras sacadas del cajón de la memoria.

    No hay quien escuche su voz. Hace tanto que no habla con nadie que duda de que tenga voz y si lo apuran, que la gramática haya desaparecido. Así es el terreno árido, así se siente la tierra que no germina cada primavera. Indiferente al mundo y sus acordes, con los pies clavados en el cemento de una vieja canción que se niega a abandonar su cerebro pero que, débil, no es capaz de insuflarle vida.

    Nadie lo mira, nadie le echa de menos en sus sábanas, la carne se ablanda y sólo queda la espera infinita. Pero ahí no se puede quedar. Tiene el orgullo de ser un muerto que puede elegir donde yacer. Sus pasos abandonan el cementerio, graban las calles de la ciudad muerta, resuenan en los callejones mudos y suben la montaña. Sí, a lo mejor desde arriba…  piensa.

      ¡Oh! sorpresa. Pensó.

    Sentado en la cima de la montaña la ciudad enciende sus luces, le parpadea en la distancia, le susurra alternativas, puede… puede que si, pero ya no está para comprobarlo.

 

      - Qué triste debió ser su vida - le dice la joven a su amor mirándolo a los ojos.

       - No sé porque la gente tiene que grabar sus tristezas en la piedra - dijo él.

      Ella lo miró como quien mira a un allien en medio de la noche.

       - No seas tan…

 

      El muerto sentado en la cima de la montaña fue atacado por una ráfaga de viento que lo arrastró de nuevo hasta el cementerio, la calavera se le desajustó con el movimiento y el aire circuló por sus huesos, sus mandíbulas producían ecos, semejantes a palabras al oído de la joven.       

      Y la joven habló, la joven tomó el rostro de su amor entre sus manos y se aseguró de que sus palabras fueran bien entendidas y no lo soltó hasta que tuvo la certeza de qué efectivamente, había sido comprendida.

      - Vamos le dijo y apoyó su cabeza en el hombro de él.

 

     A la mañana siguiente, el muerto todavía se hallaba sentado en el cruce de tumbas del cementerio, pero una sonrisa brillaba dentro de su cuerpo. La chica volvió años más tarde a poner una flor sobre su tumba a la que la lluvia y el viento le habían borrado las palabras.


     Gladys