A esa hora la playa suele estar vacía, por eso a ella le gusta ir a esperar la noche en ese rincón, donde nadie la ve.

   De la mochila saca su bolsa de letras y las va colocando sobre la arena. Toma entre sus dedos la L y escoge una vocal: A

    LA: Artículo determinado que sirve….

    Retira la A y toma la O, en su cabeza se forma la definición y termina por rechazarla, hace lo mismo con todas las vocales hasta que en la arena la E la mira con diciéndole: anda ya. Me toca a mi.

   Erige el artículo EL sobre la arena y no se atreve a desbaratarlo, pero tampoco deja que su cerebro piense. Sólo con ponerle el acento tendría vida propia y…

 

    Se levanta, camina hasta la orilla y mete la cabeza en el agua, sacude los cabellos y flota sobre las olas mirando al cielo. ÉL sin embargo la espera de pie sobre la arena. No le importa. Tiene todo el tiempo del mundo.

    Ella no quiere apartar su mirada del azul del cielo, en lo más profundo de su ser anhela convertirse en un todo azul, en un luminoso azul, con alguna que otra nubecita adornando aquí o allá. No quiere a ÉL, o si, pero no tal y como está puesto sobre la arena, le gustaría que ÉL fuera un calor entre los dedos, un cuerpo a su lado, una voz y un silencio, una risa a duo o unos días entre el cuenco de sus manos.

    Una ola grande la zarandeó, le dio la vuelta arrastrándola hasta dar con sus huesos contra el fondo del mar, enredada en algas y con un enorme desfile de peces alegres frente a sus ojos. Estiró los dedos, intentó atrapar a alguno para llevárselo a su casa, pero no lo logró y cuando el aire se agotó en los pulmones decidió salir a buscar a ÉL.

     Salió del agua, los poros se abrieron para recibir al sol, caminó en dirección a ÉL y cuando estuvo cerca vio a unos niños jugando con su bolsa de letras. ÉL había desaparecido.

    No sabía si acercarse o huir y tampoco tuvo tiempo de pensarlo mucho, la niña se dio cuenta de su presencia, el niño también y ambos, asustados echaron a correr con su bolsa de letras.

 Gladys