Los motivos por los cuales la gente suele asistir a galerías de arte, o a escuchar relatos narrados por los propios escritores, o a un concierto son tan personales como válidos. Cómo se siente al salir, también.
A veces se sale reconfortado, alegre, optimista sin embargo, en ocasiones la gente suele sentirse algo idiota al tener la sensación de que el artista se burló de ellos y encima pagaron por ello.
¿Qué pasa?

No alcanzamos a explicarlo satisfactoriamente, por un lado nuestra educación nos impide atacar frontalmente al arte. ¿Cómo vamos a hacer eso? si durante años nos han enseñado que el arte es la máxima expresión humana y, es cierto.

El arte, en sus diversas manifestaciones refleja la realidad humana en periodos históricos determinados. Hemos dejado atrás la época figurativa de los retratos, de los paisajes de ensueño o manchas de color adheridas a un lienzo. Hoy, asistimos a galerías donde las obras que contemplamos son pequeños montículos de basura acumulada, una montaña de ¡mierda! en una urna, un tiburón en un cubo de agua, una sombrilla con unos aritos de alambre colgando, o rectángulos donde nos vemos reflejados. Es más, ni siquiera tenemos que acudir a los clásicos museos o galerías o salones de arte, nos basta pasear por la calles de las ciudades para ver el arte urbano donde las paredes de los edificios son el lienzo de los artistas independientes.

En lo literario, los escaparates de las librerías están llenos de títulos con tetas paradisiacas, pistoleros de leyenda, muñecas inflables y recetas de autoayuda. Si asistimos a una lectura de poemas o de relatos, no acertamos a recordar si el escritor habló de su obra, o de sí mismo, o nos expuso sus ideales políticos, o si todo ello es lo mismo y no nos dimos cuenta. Para apreciar la literatura, tampoco nos limitamos a un libro en lo íntimo de nuestro rincón preferido para leer, también podemos escuchar de viva voz al autor, incluso escuchar poesía en un polideportivo local.

Vivimos una era de libertad absoluta, podemos hacer y ver lo que nos apetezca, por fin rompimos aquellos corsets que nos decían que el verdadero arte debía ser de tal o cual manera, que una obra literaria debía constar de prólogo, desarrollo y desenlace, que para hacer música debíamos primero saber leerla, etc. etc. en resumen, que los artistas eran unos seres privilegiados, tocados por los dioses y de ahí salían maravillas que consolarían las miserias de este mundo.

Parece que los dioses nos abandonaron hace tiempo condenándonos a ser nosotros mismos y a estremecernos ante nuestras miserias; la violencia y los desechos son parte de nuestras vidas, corresponden a eso que nos han hecho esconder con camisas de fuerza por los siglos de los siglos, ignorarlo seria cuando menos cándido, pero regodearse es limitarse a fotografiar la realidad.
Vivimos una era caótica, con caos alimentamos el arte que producimos y caos será el legado para las futuras generaciones… cosa que en realidad no parece importarle mucho a la sociedad actual.

Por: ladypapa