La casa está desmantelada, los recuerdos doblados entre las maletas, mis pasos recorren los cuartos vacíos y mis manos tratan de asir la vida que los años gastaron entre aquellas paredes.

    Allí, una alfombra que acogió mis pasiones repentinas… ¿debo dejarla porque está deshilachada y no me cabe en la maleta?

    En aquella esquina, un cuadro pequeño de mi primer año en la vida, debajo, un adorno lleno de polvo que mis manos limpian mientras la mente viaja hasta el lugar donde lo compré.

   Mi familia ya está en el aeropuerto, están listos, yo en cambio, doy vueltas aunque tengo ganas de subirme a ese avión… una vuelta más, solo una, necesito tener la certeza de no dejar nada importante.  Me quedo bajo el arco de la puerta y la luz amarilla del atardecer sobre la pared despierta las voces y las risas de mi vida, la cortina ondea suavemente. Es la hora. La mujer llena de recuerdos pare una nueva que se marcha a tomar un avión.


Selvática