La enorme y amenazante figura de un hombre entra a mi cuarto en medio de la noche. Su masa negra es más oscura que la oscuridad. Intento gritar pero la voz no alcanza el tono deseado, no llega a la cavidad de mi boca.

    Mi cuerpo convulsiona, se revuelve ante la impotencia, al cabo de un tiempo la garganta se rasga produciendo un sonido parecido a un quejido.

    La sombra se asusta, se detiene, parece contemplarme y al cabo de unos minutos levanta suavemente su mano y se despide de mi.

Selvática