2 de Julio, 2011, 7:57: SelváticaAlaprima

       La música invade la plaza, los cuerpos se mueven al unísono, las cabezas se agitan y las caderas ondean verdades. La vida, por unos segundos se funde con la melodía y las voces roncas del público.

    El cantante desgarra su garganta, aviva al público, le pide que cante con él, lanza su magia y éstos obedecen, sin embargo, en medio del publico hay un agujero negro, por allí logra colarse la música y la magia pero se va debilitando a medida que avanza hacía  la oscuridad, la frialdad y el hedor. En el fondo hay un ser humano, en el fondo habita un cuerpo dotado con ojos, oídos, manos, voz y cabeza, pero sin sentimientos, un montón de carne y huesos inerte, que sin embargo se hace preguntas: ¿por qué no siento placer?


Selvática

2 de Julio, 2011, 7:45: Selváticaminirelatos

   Los perdedores no deben agachar la cabeza, al menos no por mucho tiempo. Solamente deben permitirse inclinarla un poco al saber la noticia, quizás dejar que los ojos se les pongan más brillantes que de costumbre y la voz se quiebre un poquitín al hablar, pero luego, las manos deben recoger el orgullo herido, guardarlo en el bolsillo y empezar a caminar.

   Lo que pase de ahí en adelante es cosa de cada uno y nosotros no tenemos porque meternos en la vida de nadie.

   La niña miraba al abuelo, jugaba con las arrugas de sus manos y el fracaso era solo una palabra suelta que caía sobre su cabeza mientras la tarde lo hacía sobre las copas de los árboles, el parque estaba lleno de palomas revoloteando, de olor a tierra húmeda y del calor del cuerpo del abuelo.

   ahora, mirando a su padre, de espaldas a los otros ancianos en la residencia, pensó en las tardes de su hija… sonrió, recogió los recuerdos y se los metió en el bolsillo, como si fuera aquella frase que su abuelo….

Selvática
2 de Julio, 2011, 7:26: Lady papaHablando de...


    "Una isla de basura hallada en medio del Océano Atlántico con un tamaño semejante a la superficie de Cuba esta siendo analizada actualmente por el Woods Hole Oceanographic Institution de la Universidad de Hawaii.

    Según los registros, hay más de 580 mil piezas por kilómetro cuadrado, entre las que se pueden hallar desde productos plásticos hasta electrónicos. Sobre estos desechos ya se han formado microorganismos y enormes concentraciones de mercurio".  (1)

  "Igualmente el oceanógrafo norteamericano, Charles Moore - descubrió por casualidad otro basurero flotante en el archipiélago de Hawai- en esta zona, muy poco frecuentada por los barcos dadas las condiciones atmosféricas que ahí prevalecen, circulan cerca de cien millones de toneladas de plásticos de todo tipo".

   "En Europa, otro tanto de lo mismo, el viejo Mare Nostrum (el Mediterráneo) ostenta el deshonroso título de ser  el mar más contaminado del mundo". (2)

   Y aquí, en nuestra propia casa, apenas nos llegan noticias de la cantidad de ríos ya sin peces, principalmente en el departamento de El Putumayo, debido a las fumigaciones con glifosato; a falta de mayores y serios informes ecológicos en nuestro país, nos basta con mirar nuestros ríos, arroyos, mares, bosques o los extramuros de nuestras ciudades para pulsar inmediatamente todas las alarmas.

   Esas aguas sucias en las que flotan nuestros desechos vista al día siguiente de una celebración masiva - las navidades -  en la que medio mundo regala objetos a otro medio mundo hace pensar en la urgencia de modificar el comportamiento de una sociedad de consumo que se consume a sí misma.

   Una buena opción, quizás la única que tenemos a nuestra mano consiste en reciclar,  y no es sólo una moda, ahora ya se ha convertido en una obligación y un deber para todo el mundo, tanto autoridades como ciudadanos; en otras palabras, reciclar es dar otro uso a nuestras basuras, de lo contrario nuestro planeta se convertirá en un enorme y apestoso vertedero.

   No basta con separar papel, cartón, cristales, plásticos, latas o residuos orgánicos, hay qué hacer algo con todo eso, y una buena opción es en lo posible darle otro uso a lo usado, reflexionar sobre lo que compramos preguntándonos si realmente lo necesitamos. Para ello se requiere por supuesto, un cambio de mentalidad y austeridad en nuestros recursos.

   El planeta nos pertenece a todos y esas bolsas de basura que sacamos cada noche a la calle van a parar a nuestras playas, a nuestros montes, a los extramuros de nuestras ciudades, a nuestros bosques o desiertos. Antes de tirar algo pensemos: este cartón puede servir para otras cosas, esta botella de plástico puede ser usada como tal otra, este electrodoméstico podría tener reparación, esta ropa puede servir como trapos; si nos damos unos minutos de tiempo seguro que encontraremos otro uso para los objetos que tiramos y desde luego nuestro planeta y nuestros hijos nos lo agradecerán.

    No voy a enumerar aquí formas o métodos reciclaje, para eso están las instituciones competentes y su labor consiste en facilitar, informar y formar a los ciudadanos respecto de la manipulación de sus residuos, mi objetivo es mostrarles esta imagen y que la recuerden cuando vayan a comprar pescado en el hipermercado tan aséptico que tiene en la esquina de su casa.

   Basta simplemente con eso PENSAR, pensar en que comemos y bebemos de lo que el mar, los ríos, los campos, selvas y bosques nos dan, pensar en que consumimos más de lo que podemos asimilar y ese consumismo nos está llevando al exterminio de nuestros recursos alimenticios y del planeta en el qué tan indolentemente vivimos.


(1) http://www.absolutcaribe.com/confirman-una-isla-de-basura-sobre-el-atlantico/

(2) http://www.menendezymenendez.com


Lady papa


2 de Julio, 2011, 7:21: GladysGeneral


    Me gustan las noches de San Juan, me gusta ver a la gente salir de sus casas confiados e ignorantes de su destino dirigiéndose a la playa llevando a cuestas todo lo malo que quieren quemar.

    También me gusta porque me siento uno más, voy caminando codo con codo y disfruto de las ventajas o inconvenientes de tener un cuerpo solido, así sea solo un fugaz instante de comunión con la gente, me vale para recordar que también fui carne y hueso, que me cansé al caminar, que el cálido aire de finales de Junio acarició mi rostro.

    Tuve diez dedos en las manos, dos pares de tobillos, unos cabellos largos y unos ojos que aún devoran… bueno, a lo mejor eso no es precisamente lo mejor de mi.

    Me gusta salir temprano de casa, caminar hasta la playa, buscarme un sitio en la arena para contemplar el ir y venir de la gente, a veces me molesta la arena que levantan sus pies al correr,  bah! un inconveniente sin importancia. Luego están los olores de las comidas, la avidez con que tragan los alimentos y beben hasta tambalear mientras matan el tiempo hasta que llega la media noche, las luces de la avenida se apagan, y los fuegos iluminan la ciudad entera. El estruendo hace temblar el universo mientras nos entretiene  con espectaculares y fugaces palmeras, rayos, estrellas, caminos de luz hacía le infinito; luego la gente quema sus penas, contemplan maravillados como las cosas malas desaparecen en el fuego. Todos, absolutamente todos se aferran al ardiente cordón umbilical de las hogueras para purificarse, lo alimentan, lo miman, lo avivan y alientan para que sus lenguas trémulas devoren esas horribles cosas que les atormentan.

  Tardé muchos años en comprenderlo. Antes, odiaba esas manifestaciones masivas, huía de esas enormes procesiones con desdén y me arremolinaba en un rincón cerrando los ojos para no verlo, era tan aburrido y monótono, hasta ahora.

   Esta noche comprendí que es lindo hacer rituales, que es maravilloso creer en algo, que también se puede ser feliz nadando en la oscuridad cuando se es de nuevo inocente. Son las doce y mi ansiedad crece, mis ávidos ojos buscan entre la muchedumbre  a ese que desafía los elementos, aquel que salta sobre el fuego, que toma aliento antes de iniciar el vuelo, que en un segundo calcula las distancias, retrocede para hacer carrerilla y se eleva …

    Todo se cumplió dentro de los plazos establecidos, el rito una vez más salió a la perfección, la humanidad entera se liberó de sus males y yo renové mis rutinas. 

   Cuando todo pasó, decidí quedarme un poco más a ver qué ocurría después de la fiesta, la verdad tuve una gran decepción, la gente se marchó, la playa quedó sucia unas cuantas horas, luego aparecieron las cuadrillas de limpieza y segundos después los paramédicos que recogieron su cuerpo. Yo ya había cumplido.

     Ahh cómo me gustaban las noches de San Juan.

Gladys
2 de Julio, 2011, 7:12: GladysGeneral

   

    De un momento a otro la rabia y el odio se esfumaron de su cuerpo. Así, como por arte de magia. El inconveniente con su coche había pasado a ser más bien una cierta incomodidad y no la tragedia irremediable de la primera hora de la mañana cuando llegó al garaje y el coche no arrancó. Ya fue incómodo tener que cambiarse los tacones, pero si iba a ir en autobús mejor dejar las valiosas agujas en casa y ponerse otros zapatos más cómodos.

   Ahora mira con curiosidad a la gente que la rodea en la parada, una señora mayor con ligeros matices juveniles bajo los párpados caídos, a su lado, una joven a punto de perder el equilibrio llevando portafolios, carpetas, cuadernos y un enorme bolso. La cara lavada y el tono melocotón en los cachetes.  En el otro extremo una mujer de mediana edad junto a una niña de unos seis años, con enormes y traviesas coletas que se mueven graciosamente como antenas cada vez que gira su cabeza… y lo hace bastante a menudo.

    Llega el autobús, los pasajeros se suben, algunos saludan al chofer, otros pasan de largo sin mirarlo siquiera. Es todo un ritual mañanero entre la gente que necesita ir de sus casas a su trabajo y quien trabaja llevándolos.

    Ella se deja llevar, y el trajín de los pasajeros la ubica al lado de la señora con la niña de las coletas. Ella sonríe, le gusta esa niña sin saber por qué, le gusta el brillo de sus ojos, la naricilla y la boca perfecta de labios particularmente rojos. Le gusta su voz, ni muy chillona, ni muy débil, una voz segura, tranquila y alegre… ¿y por qué pensó en alegría  cuando la niña está contando algo triste?

    El corazón le da un vuelco, una mano estruja su corazón impidiéndole palpitar normalmente. Un pensamiento: los niños no deben sufrir.

     La niña le pregunta a su madre si su perro se va a morir, le pregunta por qué está malo y por qué ya no se levanta a lamerle la cara cuando ella llega del colegio.

     Ella mira y escucha  como la madre le responde. Mira porque no oye sus palabras, solo escucha los vocablos incoherentes que pretenden dar  aliento a la niña, no entiende qué dice la madre acerca de la enfermedad del perro, si tiene salvación o no. Obstinadamente ella se niega a ver la escena, se niega a ver lágrimas en aquellos pequeños ojos, se niega a escuchar el tono racional de la madre. Solo se queda con el reflejo de las coletas de la niña en la ventana, piensa en la distancia que hay entre éste y la imagen real, sus ojos siguen las líneas imaginarias de las coletas en los cristales, sus manos se dirigen a su bolso, saca su billetera, de ésta emergen recibos de la luz, teléfonos anotados sin el nombre del propietario, una lámina de chocolatina Jet, la foto de su madre, detrás de ésta aparece una foto amarillenta y arrugada.

    Ella la mira, sonríe y se la muestra a la niña de la coleta. al principio la niña parece asustada, no sabe si recibirla o no,  entonces ella empieza a contarle la historia de su perra y como la perdió cuando ella también tenía seis años.


Gladys