Me gustan las noches de San Juan, me gusta ver a la gente salir de sus casas confiados e ignorantes de su destino dirigiéndose a la playa llevando a cuestas todo lo malo que quieren quemar.

    También me gusta porque me siento uno más, voy caminando codo con codo y disfruto de las ventajas o inconvenientes de tener un cuerpo solido, así sea solo un fugaz instante de comunión con la gente, me vale para recordar que también fui carne y hueso, que me cansé al caminar, que el cálido aire de finales de Junio acarició mi rostro.

    Tuve diez dedos en las manos, dos pares de tobillos, unos cabellos largos y unos ojos que aún devoran… bueno, a lo mejor eso no es precisamente lo mejor de mi.

    Me gusta salir temprano de casa, caminar hasta la playa, buscarme un sitio en la arena para contemplar el ir y venir de la gente, a veces me molesta la arena que levantan sus pies al correr,  bah! un inconveniente sin importancia. Luego están los olores de las comidas, la avidez con que tragan los alimentos y beben hasta tambalear mientras matan el tiempo hasta que llega la media noche, las luces de la avenida se apagan, y los fuegos iluminan la ciudad entera. El estruendo hace temblar el universo mientras nos entretiene  con espectaculares y fugaces palmeras, rayos, estrellas, caminos de luz hacía le infinito; luego la gente quema sus penas, contemplan maravillados como las cosas malas desaparecen en el fuego. Todos, absolutamente todos se aferran al ardiente cordón umbilical de las hogueras para purificarse, lo alimentan, lo miman, lo avivan y alientan para que sus lenguas trémulas devoren esas horribles cosas que les atormentan.

  Tardé muchos años en comprenderlo. Antes, odiaba esas manifestaciones masivas, huía de esas enormes procesiones con desdén y me arremolinaba en un rincón cerrando los ojos para no verlo, era tan aburrido y monótono, hasta ahora.

   Esta noche comprendí que es lindo hacer rituales, que es maravilloso creer en algo, que también se puede ser feliz nadando en la oscuridad cuando se es de nuevo inocente. Son las doce y mi ansiedad crece, mis ávidos ojos buscan entre la muchedumbre  a ese que desafía los elementos, aquel que salta sobre el fuego, que toma aliento antes de iniciar el vuelo, que en un segundo calcula las distancias, retrocede para hacer carrerilla y se eleva …

    Todo se cumplió dentro de los plazos establecidos, el rito una vez más salió a la perfección, la humanidad entera se liberó de sus males y yo renové mis rutinas. 

   Cuando todo pasó, decidí quedarme un poco más a ver qué ocurría después de la fiesta, la verdad tuve una gran decepción, la gente se marchó, la playa quedó sucia unas cuantas horas, luego aparecieron las cuadrillas de limpieza y segundos después los paramédicos que recogieron su cuerpo. Yo ya había cumplido.

     Ahh cómo me gustaban las noches de San Juan.

Gladys