23 de Agosto, 2011, 7:25: GladysGeneral

 

   En un tiempo muy lejano ella guardó retazos, había azules, rosas, fucsia, amarillos, verdes, con flores, con lunares, con cuadros, había mujeres, hombres, casas, árboles, niños, muñecas, manzanas. Por las tardes se sentaba al sol en el patio de su casa, se levantaba la falda para que las piernas se le pusieran morenas y empezaba a unir los retazos.

  Había días en que cosía con furia, con afán por terminar, otros en cambio los hacía lentamente pero de manera inconsciente, la aguja entraba y salía de la tela como si tuviera vida propia, había también ocasiones en que lo hacía con sumo cuidado, atendiendo a cada detalle y otros en que lo único importante era terminar cuanto antes.

    Llegó por fin el día en que pudo extender sobre el césped la colcha de retazos y se sintió orgullosa. Había quedado perfecta. Se felicitaba a sí misma por no haber diseñado un plan, por haber obviado las normas y las reglas de la buena costura. El resultado final era sorprendente, esa era la magia de la improvisación.

   Colocó su pie derecho sobre la manta, luego el izquierdo y mientras la recorría revivía los momentos en que sus manos trabajaron precisamente ese retazo. Luego se acostó a mirar las nubes, cada nube que aparecía en aquel profundo cielo azul representaba a una niña que había pasado su vida cosiendo en las tranquilas y perfumadas tardes del patio en la casa familiar.

   Pero el cielo resulta ser un escenario demasiado grande para una mujer que cose una colcha de retazos y es imposible que no aparezcan otras imágenes, por ejemplo amigas que hicieron otras colchas de retazos con sus maridos, hijos, colegios, enfermedades y muertes, otras que cosieron profesiones, vidas independientes, triunfos, dinero, lujo, otras que…

  Un pequeño callo en su dedo indice empezó a molestarle, inconscientemente lo rascó y lo rascó hasta que la sangre fue brotando lentamente, al principio cayó sobre sus pies, dibujó extraños óvalos alrededor de sus tobillos,  resbaló por el empeine y empezó a borrar las manzanas del retazo de tela…


Gladys

23 de Agosto, 2011, 7:17: Selváticaminirelatos

 


    Con el corazón roto se escondió debajo de la cama y allí se quedó todo el día pensando qué hacer con ese órgano, podría probar algún método de reconstrucción o arrancárselo de un tajo y encerrarlo en una fortaleza.

    Pensó en que también podría probar lo que le habían contado que era bueno hacer en esos casos,  repetir a los demás su historia alimentándola con personajes de su propia cosecha, o esparcir palabras al viento como si estuviese  sacudiendo las alfombras de la sala.

  O también podría guardarlo, asesinarlo en su cerebro, encarcelarlo, o arrancarle la lengua para que no le hablara nunca más.

    Podía igualmente erigir montañas, cambiar de rumbo los ríos, congelar un millón de corazones, y dejar el suyo solo en el mundo.

    Y lo hizo, se quedó debajo de la cama con el corazón en la mano, sin darse cuenta que su casa se convirtió en torre, y su corazón sobrevivió a pesar de que el mundo es ahora una esfera donde todo resbala peligrosamente.


Selvática

23 de Agosto, 2011, 7:09: SelváticaAlaprima

 

   Estamos caminando por la playa con una amiga, vamos a buen paso hablando de nuestras cosas.  De repente, ella cae al suelo. Muere.

  En un instante se creó el caos, ambulancias, gritos, teléfonos, susurros, olores extraños y profundos.

    Ahora ella está en un ataúd. La gente habla, entra y sale, llegan de todas partes, de todas las épocas de su vida,  los hijos retornan, sus voces se quedan pegadas a mi pecho, su marido, la silueta de un guapo señor y un deseo que trata de salir de entre mis piernas.

   No fui al entierro. Me instalé en su casa, me puse sus cosas, lamí sus cucharas, me enredé entre sus sábanas y el mundo desapareció tras la puerta de la habitación. ¿Quién murió en realidad?


Selvática

23 de Agosto, 2011, 6:51: Lady papaHablando de...

  The social network, dirigida por David Fincher, es el espejo más nítido, que el imperio haya podido recrear de nuestra forma de vida actual, en ese cartel de 500 millones de amigos están representadas todas las razas, todas las culturas y las clases sociales.

   Internet o el Renacimiento de nuestra cultura

   El Renacimiento determinó una nueva concepción del hombre y del mundo en los siglos XV y XVI. Las redes sociales también, cinco siglos después. Internet cambió nuestras vidas, se convirtió en nuestra compañera(o) más fiel, en la amiga(o) que siempre está ahí cuando se le necesita, es nuestra propia lámpara mágica y nos basta hacer un clic para que nuestros deseos se cumplan. Hoy, no podemos ni imaginarnos qué sería de nuestras vidas si de un momento a otro desapareciese.

   Mientras que el Renacimiento creó un sentido humanista, Internet nos lo ha amputado.

   En tiempos de Aristóteles la vida transcurría en las plazas abiertas, de cara al cielo y generalmente acompañado de amigos o discípulos que se buscaban para compartir ideas o debatir puntos de vista. Hoy, no tenemos que salir de casa para hacerlo, podemos disponer de quinientos millones de amigos con los que chatear pero no sentimos el sol en la cara, ni el viento despeina nuestros cabellos y las palabras ya no salen de nuestros labios sino de los dedos que pulsan teclas. Tenemos la vida por delate enmarcada en una pantalla pero a nuestro alrededor todo es semi oscuridad y por supuesto, silencio. ¿Sabemos qué acento tiene ese señor que vive en Katmandú?  o ¿Ese rostro tan atractivo que nos sonríe desde Australia será auténtico o un modelo local?

   La vida ante nuestros ojos...

   En la pantalla vemos la vida, incluso llegamos a sentirla, los hechos que ésta nos cuenta nos producen emociones, despiertan nuestros sentimientos,  nos hacen reír o llorar, a través de ella conocemos personas que quizás lleguemos a querer, podemos disfrutar de placeres como la música, el cine, los libros o saciar nuestra curiosidad con lo que sucede en las antípodas, sin embargo todo tiene su precio y nosotros, a cambio de tanta sabiduría nos dejamos amputar por Internet el tacto y la voz,: no tocamos, no rozamos otra piel, no estrechamos una mano, no susurramos palabras de amor. Vivimos en una burbuja contemplando como la vida nos llega a través del plasma, emocionándonos por lo que le sucede a otros, siguiendo sus vidas como si fuéramos nosotros mismos.

   ¿Qué dirá la historia de nosotros?

   Dirá que vivíamos encerrados en unos cajones que denominábamos habitación, que nos alimentábamos con productos empacados en bolsas de celofán, algunas veces servidos en vajillas de icopor y que bebíamos una extraña bebida negra que burbujeaba profusamente. También dirá que nos extinguimos pues vivíamos solitarios en nuestros cubiculos, despreocupados por la reproducción humana, satisfaciendo nuestros instintos carnales con placebos, sin embargo teníamos quinientos millones de amigos, o sea teníamos quinientos millones de vidas, sólo que esas vidas estaban en la acera de enfrente.

  Lady papa

 

 

 

9 de Agosto, 2011, 9:23: SelváticaAlaprima


   Se ha reencontrado con un amor del pasado, incluso han vuelto a trabajar juntos. Aquella noche él se ofreció a llevarla a casa en su carro. Estaban al otro lado de la ciudad y discutieron porque él hablaba de tomar un camino que ya conocía para evitar los atascos y ella afirmaba que era mejor su opción. No se pusieron de acuerdo. Ella se bajó del carro para demostrarle que tenía razón, que ahorrarían tiempo incluso yendo a pie.

   Ella empezó a caminar, convencida de que tenía razón y cada segundo miraba su reloj de pulsera para comprobar el tiempo que empleaba, estaba cerca, ganaría con ventaja, pensaba, mientras llegaba al final de la calle, cuando, oh sorpresa, la calle tenía una barrera que impedía el paso a los carros .

   Sintió rabia, luego malestar, después quiso desaparecer hasta que decidió que lo más inteligente era reconocer que se había equivocado, lo llamaría y se disculparía.

  Así lo hizo, pero él se mostró indiferente y se negó a recogerla. "Siempre nos pasa lo mismo",  fue lo último que le dijo.

   Volvió sola a casa.


Selvática

9 de Agosto, 2011, 9:16: GladysGeneral


   A Manuela no le gusta hablar de sí misma, cuando se reúne con sus amigas siempre recurre a los temas tópicos de las charlas entre mujeres, sin embargo, a veces le gustaría hablar de ciertas cosas, por ejemplo que no siente apetito sexual. Inmediatamente abandona la idea, la sola imagen de sus amigas gritando y abriendo la boca ante tal expresión la desaniman. Y es que sus amigas expelen sexo por todos los poros de sus cuerpos. Ahí están, sentadas en la mesa de una terraza hablando de sexo, agitando sus manos como pájaros inquietos mientras se tocan el cabello o gesticulando exageradamente para afianzar sus afirmaciones.

   Manuela se ríe con ellas, incluso a veces llega a mentir y adereza una historia con la sal de su imaginación, se recrea en detalles esmerándose en marcar los énfasis magistrales para que su historia haga estremecer a sus amigas.

   Lo que pasa al cerrar la puerta de su casa es otra cosa, más bien no pasa, la vida se detiene, el sexo desaparece, el cuerpo se convierte en un sostén de una cosa llamada Manuela que debe realizar un trabajo, alimentar y dormir para empezar un nuevo día, y otro y otro con las sábanas impecables, la manta sin arrugas y el olor a desodorante de lavanda.

   ¿Por qué las relaciones personales tienen que centrarse en el sexo? se pregunta, ¿por qué el lazo de unión con la humanidad nace en una vagina? No hay respuesta, pero una mano toca su hombro y la trae de nuevo a la mesa de la terraza, de una tarde veraniega, de un presente raro.

   Su rostro cambia de expresión, se torna más humano, mira a su amiga y de su boca salen las mismas formulas que ha estado utilizando desde hace años. Sí, una cerveza más, se oye decir.

    El mundo es así - piensa mientras saborea la cerveza.


Gladys

9 de Agosto, 2011, 8:58: GladysGeneral


    - ¿Vamos a dar un paseo? Tal vez caminando a la orilla del mar…

      Ni el rumor de las olas, ni la suave brisa, ni el viento jugando entre las piernas pueden calmar ese ardor de alma que la reconcome desde hace años.

    - ¿Y si cambias de actividad?, por ejemplo algo que te canse el músculo y agote el cuerpo para que a la noche…?

     No me quiero cansar, no me quiero drogar, sólo quiero no sentir. Quiero volver a nacer y que mi cerebro esté limpio como nuevo para empezar a llenarlo.

   - Es tonto. Eso no va a pasar y además no te asegura de que lo vuelvas a llenar de errores.

           

 

    Se levantó sin contestarle, ni siquiera lo miró, en su cabeza sólo había cabida para el tormento y las palabras de aliento que le llegaban de lejos, pasaban de largo. Estaba cerrada y trancada por dentro. Eso lo tenía muy claro, pero también reconocía, con angustia, que estaba ciega y sus manos se estaban cansando de tantear, su cuerpo ya no obedecía al cerebro y temía que en cualquier momento las fuerzas le fallasen y entonces todo habría concluido.

 

    - ¿Y qué mas da que todo acabe? - le dijo desde la silla del parque su compañero, ¿crees que alguien te echará de menos? ¿Crees que una mañana tus sábanas amanecerán arrugadas? No te hagas ilusiones. Todo ha acabado para ti.

    - ¿Todo ha acabado para mi? Entonces ¿por qué hecho de menos ser alegre? ¿Por qué quisiera reír y hablar?

   - ¿De verdad no lo sabes? ¿Entonces qué diablos he estado haciendo todos estos años a tu lado?

    - ¿Tu? Y ¿qué tienes que ver tu en todo esto que me pasa por dentro?

     - Ven. Vamos hasta aquella ventana, ¿qué ves?

     - Oh no puede ser.

    - Claro que puede ser y ahora ábreme la puerta de tu vida para que pueda completarte… ¿o es que quieres seguir siendo la parte negativa de ti misma lo que te queda de vida?

Gladys