Con el corazón roto se escondió debajo de la cama y allí se quedó todo el día pensando qué hacer con ese órgano, podría probar algún método de reconstrucción o arrancárselo de un tajo y encerrarlo en una fortaleza.

    Pensó en que también podría probar lo que le habían contado que era bueno hacer en esos casos,  repetir a los demás su historia alimentándola con personajes de su propia cosecha, o esparcir palabras al viento como si estuviese  sacudiendo las alfombras de la sala.

  O también podría guardarlo, asesinarlo en su cerebro, encarcelarlo, o arrancarle la lengua para que no le hablara nunca más.

    Podía igualmente erigir montañas, cambiar de rumbo los ríos, congelar un millón de corazones, y dejar el suyo solo en el mundo.

    Y lo hizo, se quedó debajo de la cama con el corazón en la mano, sin darse cuenta que su casa se convirtió en torre, y su corazón sobrevivió a pesar de que el mundo es ahora una esfera donde todo resbala peligrosamente.


Selvática