The social network, dirigida por David Fincher, es el espejo más nítido, que el imperio haya podido recrear de nuestra forma de vida actual, en ese cartel de 500 millones de amigos están representadas todas las razas, todas las culturas y las clases sociales.

   Internet o el Renacimiento de nuestra cultura

   El Renacimiento determinó una nueva concepción del hombre y del mundo en los siglos XV y XVI. Las redes sociales también, cinco siglos después. Internet cambió nuestras vidas, se convirtió en nuestra compañera(o) más fiel, en la amiga(o) que siempre está ahí cuando se le necesita, es nuestra propia lámpara mágica y nos basta hacer un clic para que nuestros deseos se cumplan. Hoy, no podemos ni imaginarnos qué sería de nuestras vidas si de un momento a otro desapareciese.

   Mientras que el Renacimiento creó un sentido humanista, Internet nos lo ha amputado.

   En tiempos de Aristóteles la vida transcurría en las plazas abiertas, de cara al cielo y generalmente acompañado de amigos o discípulos que se buscaban para compartir ideas o debatir puntos de vista. Hoy, no tenemos que salir de casa para hacerlo, podemos disponer de quinientos millones de amigos con los que chatear pero no sentimos el sol en la cara, ni el viento despeina nuestros cabellos y las palabras ya no salen de nuestros labios sino de los dedos que pulsan teclas. Tenemos la vida por delate enmarcada en una pantalla pero a nuestro alrededor todo es semi oscuridad y por supuesto, silencio. ¿Sabemos qué acento tiene ese señor que vive en Katmandú?  o ¿Ese rostro tan atractivo que nos sonríe desde Australia será auténtico o un modelo local?

   La vida ante nuestros ojos...

   En la pantalla vemos la vida, incluso llegamos a sentirla, los hechos que ésta nos cuenta nos producen emociones, despiertan nuestros sentimientos,  nos hacen reír o llorar, a través de ella conocemos personas que quizás lleguemos a querer, podemos disfrutar de placeres como la música, el cine, los libros o saciar nuestra curiosidad con lo que sucede en las antípodas, sin embargo todo tiene su precio y nosotros, a cambio de tanta sabiduría nos dejamos amputar por Internet el tacto y la voz,: no tocamos, no rozamos otra piel, no estrechamos una mano, no susurramos palabras de amor. Vivimos en una burbuja contemplando como la vida nos llega a través del plasma, emocionándonos por lo que le sucede a otros, siguiendo sus vidas como si fuéramos nosotros mismos.

   ¿Qué dirá la historia de nosotros?

   Dirá que vivíamos encerrados en unos cajones que denominábamos habitación, que nos alimentábamos con productos empacados en bolsas de celofán, algunas veces servidos en vajillas de icopor y que bebíamos una extraña bebida negra que burbujeaba profusamente. También dirá que nos extinguimos pues vivíamos solitarios en nuestros cubiculos, despreocupados por la reproducción humana, satisfaciendo nuestros instintos carnales con placebos, sin embargo teníamos quinientos millones de amigos, o sea teníamos quinientos millones de vidas, sólo que esas vidas estaban en la acera de enfrente.

  Lady papa