21 de Septiembre, 2011, 8:04: Lady papaHablando de...

El gobierno colombiano está promoviendo una reforma educativa que ha encendido las alarmas en el ámbito docente, entre políticos defensores y detractores de tal iniciativa, y en el público en general, sin embargo se nota la indiferencia o ignorancia del tema entre el sector de los padres y el laboral, a quienes debería de preocuparles no solo el futuro de sus hijos, sino el profesionalismo y la competitividad de las nuevas generaciones.

Dichas reformas tienen que ver con la promoción inmediata y obligatoria de los alumnos que no han superado los logros de su nivel cursado, es decir, un alumno que pierda el año, podrá acceder al siguiente curso de manera automática y lo más grave, sin haber aprendido nada. Los defensores de esta ley, afirman que este sistema combatirá el abandono de los estudios por parte de los alumnos, sin embargo, lo que esconde tal afirmación, es que cada año saldrán más estudiantes mediocres y poco capacitados para enfrentarse al mundo laboral, acostumbrados de hecho, durante los años de estudio al poco esfuerzo y al facilísimo.

No dudo que pensar en técnicas o métodos para promover la educación es una actitud loable, sin embargo hay que evaluar todas las posibilidades porque pudiera ser peor el remedio que la enfermedad, véase con lupa el ejemplo de lo sucedido en España donde se implantó la promoción automática desde el gobierno de Felipe González, desde luego se erradicó el analfabetismo, pero este sistema educativo los ha llevado ahora a ocupar uno de los últimos lugares en educación a nivel europeo y su nivel profesional no alcanza las cuotas de competitividad exigidas en el mercado laboral actual.

La educación es la base del desarrollo de los países y todo lo relacionado con ella debe estudiarse de forma desapasionada, con vistas a largo plazo y con una continua evaluación de los resultados para ir corrigiendo errores sobre la marcha antes de que empiecen a ser demasiado grandes y costosos.

Las políticas educativas deben evaluar no solo la calidad de la educación, sino la cobertura y el acceso a ésta, por qué en vez de gastar dinero en estudios intrincados sobre la promoción inmediata no se construyen escuelas en los sitios más apartados de nuestra extensa geografía, por qué los centros educativos no se dotan de material pedagógico moderno, por qué no se hace obligatoria y gratuita la educación ya existente y hasta el bachillerato e incluso la universidad o la formación profesional técnica, por qué no se modifica la ley de becas haciéndolas accesibles a estudiantes, que a lo mejor no logran excelentes notas, pero que prueban un nivel satisfactorio dentro de sus estudios, por qué no se les facilita el trámite a todos los estudiantes colombianos para complementar su educación con becas para especializaciones, investigación o prácticas en empresas donde puedan ingresar al mercado laboral con las mejores herramientas que les garanticen su realización personal y profesional, lo que redundaría en el desarrollo y progreso del país.

Son preguntas, señores políticos que deben tener respuesta clara e inmediata ante todos los colombianos, antes de implantar un sistema que ha demostrado sobradamente su fracaso en otros países.
La educación es un asunto de todos, pues la pagamos todos los colombianos con nuestros impuestos, por tanto tenemos derecho a opinar y decidir sobre el futuro de nuestros hijos y nuestras futuras generaciones.

Por: ladypapa

21 de Septiembre, 2011, 7:38: GladysGeneral

     Creo que estoy caminando por la tierra media, al lado de un anciano que luce una túnica blanca mientras su larga barba ondea suavemente. Vamos codo con codo, a veces su barba me tapa los ojos y no veo por donde voy, pero lo sigo con absoluta confianza. A nuestro paso vamos dejando insondables abismos, rocas con extrañas e impresionantes formas, lejanas cascadas que nos susurran historias en un lenguaje que no alcanzo a entender.

     Al pasar por algunos tramos se nos une el hijo del anciano, un hombre de agradable aspecto, recio y con unos ojos risueños.

    Una mañana cuando ya habíamos avanzado un gran trecho, el anciano resbaló por los escalones de piedra, su cuerpo se elevó por los aires como un espantapájaros a merced del viento. Me di cuenta que había perdido su corporeidad por algunos segundos, sus pies se balanceaban en el aire como si el eje se hubiese trasladado a un lugar remoto dentro de su cuerpo, sus brazos, en su afán de detener la caída se atascaron en los barrotes que protegían el sendero del abismo y su cabeza, mejor dicho su cara se hallaba ahora sobre su nuca al caer como un fardo sobre las piedras.

   Inmediatamente traté de colocar todas las partes de ese cuerpo en el lugar en que yo recordaba, habían estado antes, mientras pensaba que ese había sido el final de nuestros paseos por la tierra media y por todas mis fantasías.

    Apareció su hijo, como solía hacer siempre, sin avisar, y juntos levantamos el cuerpo, empezamos a deshacer lo andado en busca del origen. A  nuestro paso brotaban de las rocas formas blancas y amigables que ondeaban sus brazos de niebla y emitían un extraño sonido que sin embargo parecía amigable, o por lo menos no inspiraba ningún recelo.

   Yo trataba de definir esas formas en busca de rasgos conocidos pero mi cerebro era incapaz de hallar imágenes conocidas para identificarlas, pronto me di cuenta que el cuerpo del anciano ya no pesaba nada, incluso su propio hijo lo podía llevar solo sin ninguna dificultad, yo me fui rezagando y caminé pegado a la baranda, junto al abismo para poder contemplar el ejercito de camellos cabalgando sobre el vacío.

    Esa imagen debía grabarse en mi memoria para verla cuando la ilusión se esfumara, entonces intenté retenerla pero no estaba muy seguro de que mi cerebro grabara lo que yo veía.

    A mi lado, mi hijo me miró y yo sentí vergüenza de que él se diera cuenta de mis aventuras por la tierra media.

Gladys
21 de Septiembre, 2011, 7:03: GladysGeneral

     Esta es la historia de una mujer que un día se dio cuenta de que caminaba con los hombros encogidos. Se preguntó por qué, pero no halló respuesta, bueno al menos no una respuesta satisfactoria, así que todos los días se consolaba con frases del tipo: es el cansancio, las preocupaciones, las obligaciones, el trabajo.

     No era totalmente cierto y ella lo sabía, pero le daba miedo mirar más allá de las frases conocidas y así seguía cumpliendo con su deber diario, como le habían enseñado, como se había acostumbrado.

     Una de esas tardes en que estaba abriendo la puerta de su casa, se dio cuenta de que habían puesto un aviso muy llamativo, de color naranja y azul. Pensó en Van Gogh, siempre que veía esos dos colores juntos veía la imagen del pintor pelirrojo. Volviendo al aviso, se detuvo a leerlo, anunciaban un bar. Sin pensarlo dos veces, sacó la llave de la cerradura y se fue hasta el local que, además quedaba muy cerca y allí se plantó sin saber muy bien lo que se iba a encontrar.

   Al principio se desilusionó. Aún no estaba abierto al público, se veían sillas envueltas en plástico, mesas patas arriba, hilos metálicos que colgaban de los techos, polvo, cemento y herramientas por todos lados, sin embargo al fondo algo llamó su atención. Empujó suavemente la puerta y ésta cedió. Avanzó entre los muebles hasta el fondo del local, descubrió un enorme y precioso espejo sin marco. Cuando vio su figura se escondió, ese fue su primer impulso, no quería verse, pero la confianza fue ganando terreno en su pecho poco a poco; como quien se asoma a un mundo desconocido fue dejando que su figura se dibujara en el espejo, aunque ella mantenía los ojos cerrados. Cuando imaginó que su cuerpo entero ya estaría colocado en el centro, decidió abrirlos lentamente fijando la mirada en la parte inferior del espejo, así fue descubriendo de abajo para arriba sus pies… bonitos zapatos; sus piernas… un poco flacas; sus rodillas… huesudas sin duda; sus caderas… un poco anchas; su cintura… bueno, ya no era lo que fue: su pecho… aún firme; su cuello… No, no vio su cuello, vio lo que había en lugar de él. Una lápida con su nombre grabado y dos fechas que no se atrevió a leer.

      Volvió a su casa. Así que estaba muerta, ¿desde cuándo?

     No durmió esa noche, su mente trabajó intensamente juntando fechas y hechos para determinar su deceso exacto. Y las horas se le fueron sin esclarecer las dudas.

     A la mañana siguiente volvió a cumplir su papel, calcó su día anterior del anterior, del anterior; el mundo no se había alterado por aquel espejo.

    Salió del trabajo y se acordó de unas compras que debía hacer. En vez de volver a casa fue al centro comercial, visitó las tiendas donde le gustaba comprar, se entretuvo mirando anillos, se midió mas o menos dos docenas pero al ver el precio, los miraba por última vez alejándolos un poco al extender el brazo completamente y con un gesto de su cabeza lo dejaba de nuevo en la vitrina. Gesto que por costumbre ya ninguna de las vendedoras le creía, no era que no le gustara, era que no tenía dinero para darse ese lujo.

    Sin comprar nada, decidió  que era temprano para llegar a casa, dio otra vuelta y se sentó en una cafetería. Un buen café es lo que su cuerpo necesitaba. Cuando el camarero recogió la cuenta sus dedos rozaron los de ella y ella sintió un pequeño pinchazo, apenas perceptible. Pagó sin mirar al joven y empezó a caminar.

   Dejándose llevar por la intuición mientras caminaba se acercaba a los hombres que iban delante de ella y sin querer su mano se rozaba con la de ellos, volvía a sentir pequeños pinchazos después de cada roce, luego se alejaba de ese hombre y emprendía de nuevo el camino hasta otro, otro, otro, otro… a lo mejor el contacto le devolviera su cuello...

Gladys

21 de Septiembre, 2011, 6:53: SelváticaAlaprima

   

   En su quehacer cotidiano siempre le asalta la misma imagen, no importa si está en una reunión de negocios, o almorzando con las amigas, o planchando sus blusas de seda… es desesperante, sobre todo cuando hace el amor.

   El orgasmo desaparece como por encanto cuando su cerebro le muestra a esas mujeres envueltas en condones gigantes, abriendo y cerrando la boca, gritando en un esfuerzo inútil por expresarse, dicen que son las actrices de monólogos de la vagina.


Selvática
21 de Septiembre, 2011, 6:41: SelváticaAlaprima


    Para matar el tiempo, compró el periódico y no sin dificultad debido al fuerte viento lo abrió; refugiado en el parque, para que no le llamaran vago  y al hacerlo, el pasado le lanzó un puñetazo a la cara. Ahí estaba, la noticia a página entera: el premio a su mejor amigo, para mayor crueldad, su cerebro se ensañó en mostrarle todos los éxitos de sus amigos y conocidos desde el bachillerato hasta la jubilación.

      Cerró el periódico, también los ojos y al hacerlo se dio cuenta que eso es lo que había hecho durante toda su vida.

Selvática
8 de Septiembre, 2011, 8:06: SelváticaAlaprima

 

       De repente los pantalones nos quedan cortos, o el mundo da de sí hasta el infinito, de repente se nos cae el pelo y los dientes se tuercen, de repente nos llaman señor o señora,  de repente también, el corazón vuelve a latir cuando nos sorprendemos tarareando aquella canción.


    Selvática
8 de Septiembre, 2011, 8:03: SelváticaAlaprima


         Buceó hasta rozar las anémonas,  controló su respiración hasta que su cuerpo se convirtió en una burbuja a capricho de las olas, soñó con caballitos de mar y con sirenos de voz grave hasta que el cruel sol le descubrió un par apéndices llamados piernas.

    Selvática

8 de Septiembre, 2011, 7:58: Selváticaminirelatos

Una débil luz se cuela por la ventana y sin embargo tiene la fuerza suficiente para espantar mis sueños, aunque no tanto para destripar al monstruo que guardo en la barriga desde hace tantos años.

     Tantos, que ya lo considero un mal necesario, incluso,  creo  que me hará falta cuando desaparezca. Si, creo que lo hará dentro de poco, creo que está muriendo de inanición, no sé por qué, pero es así.

     Salí a comprar el periódico, luego el pan, volví a casa y me acosté de nuevo en mi cama aún caliente. Despliego el diario y saltan a mi cama todos los políticos, los artistas, los deportistas, dibujantes, digitadores… casi cuarenta páginas de realidad en los dos con veinte de mi cama.

     Los leí, los desmenucé y poco a poco empecé a sentir náuseas, sin duda la realidad había entrado en mi ser a través de los poros y me estaba envenenando. Pero no era cosa de un sólo domingo de noviembre, ese fue un trabajo lento y bien calculado. Y yo creía que era el monstruo que se estaba muriendo de hambre. ¡Qué ilusa!

    Selvática

 

 


8 de Septiembre, 2011, 7:38: GladysGeneral



      - ¡Por los amores perdidos!

      - ¡Por las mujeres libres!

      - ¡Por nosotras!

      - ¡Porque la noche sea eterna!

     Me gusta eso, volvamos a brindar por la eternidad de la noche, ¡Salud!

    Cuatro hermosas mujeres, cuatro elegantes mujeres, igualitas a las protagonistas de sexo en Nueva York. Cuatro adoradoras de carteras Gucci y zapatos Blanhik aunque clientes chinese's shop, reunidas en un rincón de la liguesdisco, brindan con cubatas por lo primero que se les ocurre.

   Cada sorbo digiere un amor perdido, un trabajo soso, una soledad o una familia respondona, pero la noche es joven, los cuerpos quieren marcha, además es jueves de la mujer y las copas son gratis.

    Hips don't lie y las melenas se deshacen - tantas horas con la plancha - pero no importa, la noche es joven, las ganas se renuevan. La pista está llena de parejas moviendo las caderas, los cuerpos se juntan para separarse en vaivén, las luces enloquecen, un cañón de humo borra las penas. El tiempo desaparece, los cubatas se agotan y la madrugada las conduce por calles pobladas de gente que vuelve a casa.

    Las cuatro mujeres emanando humos de diversión avanzan por la calle. Un camión de limpieza las baña con la brisa y ellas corren a proteger sus trajes y sus pelos de los efectos del agua. En su carrera desembocan en una calle conocida por todas y tres de las amigas miran a la cuarta con un interrogante en la boca. ¿No es ahí dónde vive?

     - Si responde ella -

    Las amigas se toman de la mano y sin pronunciar una sola sílaba, ya saben lo que van a hacer. Se acercan al portal, una de ellas toma la iniciativa y sin querer su dedo índice se adhiere al botón del ático 6D.

    Luego echan a correr calle abajo, uno de los tacones Blanhik se rompe, un vestido se rasga, un bolso vuela por los aires y sin embargo no paran hasta dos calles más abajo, lejos de la posible mirada de un hombre asomado al balcón.

    Un taxi las recoge y ellas no paran de reír hasta que el taxi les pregunta: ¿Dónde van las señoras? Esa frase cortó de un tajo las risas, SEÑORAS y la diversión se fue al carajo.

      Gladys
8 de Septiembre, 2011, 7:18: GladysGeneral


            Había una vez un hombre que no entendía nada, un hombre que se perdió una noche en medio de los raíles de un tren, un hombre cuyas orejas escuchaban los gritos de una mujer que adora, un cerebro desconcertado por esa escena, una noche de luna llena, unos árboles susurrando y un rostro hermoso que se fue poniendo rojo, una voz dulce que se quebraba y unas manos que en vez de acariciar saltaban inquietas de un lado para otro.

     Estaban terminando. Estaban abandonando a ese hombre y las palabras duras golpearon en el acero y rebotaron rompiéndole los talones.

     Después fue silencio, la silueta se diluyó en la niebla y él dejó un rastro de sangre hasta el bar. Las botellas de cerveza se acumularon sobre la mesa y aunque el cerebro ya estaba donde él quería los talones seguían sangrando.

    Dos mesas más adelante unas mujeres hablaban y en aquel hombre crecían las ganas de escuchar lo que decían, a través del líquido de la cerveza las veía reír, romper el espacio con sus gestos, dibujar en al aire sentimientos, a veces se centraba en el brillo de sus dientes, otras en la curva de su cuello,  y por momentos pensaba que no eran reales, era como si estuviera viendo la tele con el volumen bajo, y empezó a desesperarse, en un fugaz instante su cerebro le preguntó qué hacía observando a esas mujeres, no tenía derecho a…  claro que no era mejor irse, pero cómo hacerlo sin entender.

     ¿Cómo dormir esa noche sin entender qué había pasado? ¿Por qué le habían roto los talones?

    Las mujeres se marcharon sin que él se diera cuenta, los hombres también, y en esta última escena sólo había un hombre borracho, con los talones rotos que no entendía a las mujeres.


     Gladys