El gobierno colombiano está promoviendo una reforma educativa que ha encendido las alarmas en el ámbito docente, entre políticos defensores y detractores de tal iniciativa, y en el público en general, sin embargo se nota la indiferencia o ignorancia del tema entre el sector de los padres y el laboral, a quienes debería de preocuparles no solo el futuro de sus hijos, sino el profesionalismo y la competitividad de las nuevas generaciones.

Dichas reformas tienen que ver con la promoción inmediata y obligatoria de los alumnos que no han superado los logros de su nivel cursado, es decir, un alumno que pierda el año, podrá acceder al siguiente curso de manera automática y lo más grave, sin haber aprendido nada. Los defensores de esta ley, afirman que este sistema combatirá el abandono de los estudios por parte de los alumnos, sin embargo, lo que esconde tal afirmación, es que cada año saldrán más estudiantes mediocres y poco capacitados para enfrentarse al mundo laboral, acostumbrados de hecho, durante los años de estudio al poco esfuerzo y al facilísimo.

No dudo que pensar en técnicas o métodos para promover la educación es una actitud loable, sin embargo hay que evaluar todas las posibilidades porque pudiera ser peor el remedio que la enfermedad, véase con lupa el ejemplo de lo sucedido en España donde se implantó la promoción automática desde el gobierno de Felipe González, desde luego se erradicó el analfabetismo, pero este sistema educativo los ha llevado ahora a ocupar uno de los últimos lugares en educación a nivel europeo y su nivel profesional no alcanza las cuotas de competitividad exigidas en el mercado laboral actual.

La educación es la base del desarrollo de los países y todo lo relacionado con ella debe estudiarse de forma desapasionada, con vistas a largo plazo y con una continua evaluación de los resultados para ir corrigiendo errores sobre la marcha antes de que empiecen a ser demasiado grandes y costosos.

Las políticas educativas deben evaluar no solo la calidad de la educación, sino la cobertura y el acceso a ésta, por qué en vez de gastar dinero en estudios intrincados sobre la promoción inmediata no se construyen escuelas en los sitios más apartados de nuestra extensa geografía, por qué los centros educativos no se dotan de material pedagógico moderno, por qué no se hace obligatoria y gratuita la educación ya existente y hasta el bachillerato e incluso la universidad o la formación profesional técnica, por qué no se modifica la ley de becas haciéndolas accesibles a estudiantes, que a lo mejor no logran excelentes notas, pero que prueban un nivel satisfactorio dentro de sus estudios, por qué no se les facilita el trámite a todos los estudiantes colombianos para complementar su educación con becas para especializaciones, investigación o prácticas en empresas donde puedan ingresar al mercado laboral con las mejores herramientas que les garanticen su realización personal y profesional, lo que redundaría en el desarrollo y progreso del país.

Son preguntas, señores políticos que deben tener respuesta clara e inmediata ante todos los colombianos, antes de implantar un sistema que ha demostrado sobradamente su fracaso en otros países.
La educación es un asunto de todos, pues la pagamos todos los colombianos con nuestros impuestos, por tanto tenemos derecho a opinar y decidir sobre el futuro de nuestros hijos y nuestras futuras generaciones.

Por: ladypapa