Yo dedico mis días a tejer letras sin parar, camino por los pasillos de mi pensión buscando alguna inspiración, una sonrisa que sirva de paréntesis a mi vida solitaria.

            Al fondo del pasillo vive una pareja de "raros", ella siempre parece estar en las nubes, nunca la he oído hablar y sus labios dejaron de serlo para convertirse en una cicatriz rosa en medio del rostro, él es tan delgado como un guión bajo y casi tan oscuro como éste.

            No sé si tienen niños, pero lo cierto es que en la puerta de su casa siempre hay pañales llenos de mierda y pis.

            Una tarde, en uno de mis paseos, la mujer me hizo una seña, me invitó a entrar a su casa, que por cierto, se parecía mucho a la mía, yo le conté que iba a viajar y ella me propuso que le escribiera artículos sobre mi país.

            Mi cabeza se llenó de ilusiones que el dinero puede comprar, pensé en todos mis sacrificios por estirar mis flacos ingresos un mes más, y me sentí feliz, tanto que no pensé en la suma que me iba a pagar, por cierto, creo que no se habló de ello jamás. Yo seguía con mis alucinaciones económicas cuando llegó su marido y empezó a pinchar globos, a hablar de los inconvenientes y las dificultades, hasta que encontró la palabra justa para despedirme de su casa.

            Me volví a ver en el pasillo, al lado de la pequeña montaña de pañales y los moñigos de mierda, la imagen de la cicatriz en el rostro de la mujer y caí en cuenta de que nunca había hablado, no había escuchado su voz. Creo que mi cerebro me esta jugando una malapasada - pensé - mientras pateaba los pañales hasta el final del pasillo.

Selvática