No recuerdo muy bien cómo empezó esta historia,  las imágenes se me intercalan en el cerebro sin ningún respeto a la cordura. Quizás mi ego, con ganas de lucirse se encargó de desordenarlas y lanzármelas a la cara por sorpresa. Una de éstas es una ilustración en la que me veo junto a dos amigas en la portada de un libro. ¡Esa es lo más de lo más! me gusta, me veo bien y me siento satisfecha de estar dibujada ahí, junto a mis dos mejores amigas.

            La otra es como mi revés. Me veo desde el otro lado de la calle. Enfrente me tengo a mi misma retozando en una cama sobre una colcha de colores vivos,  y puedo verlo ya que no hay paredes, es como si estuviera en una vitrina. De todas maneras me gusto también de ese lado de la calle.

            Hay una tercera imagen, otra yo,  habla del próximo número de nuestra revista, en ella publicaremos un relato de Michelle Obama sobre su marido,  pero no será la figura política quien aparecerá en nuestras páginas, sino el mundo cotidiano de su hogar. 

            También me gusta, usar un ícono internacional es bueno para unas principiantes como nosotras, eso nos permitirá trabajar con cierta libertad… Me oigo repitiendo cosas tontas.

 

            Tres imágenes, una en la vitrina de su alcoba, otra en la portada de una revista, otra en medio de la oficina de redacción… ¡Ya sé que es un sueño!