16 de Diciembre, 2011, 7:48: GladysGeneral


             Después de tantos años por fin me he atrevido a volver. Odiaba este lago, ya sé que no tiene la culpa, ya sé que fue un accidente, mi cerebro siempre me lo recuerda con lujo de detalles o explicaciones lógicas y razonables.

            Pero dentro de mi hay alguien que no entiende, un ser al que los razonamientos le parecen una patraña de la inteligencia, o un complot sádicamente ideado para lavarle el cerebro.

            Por eso se niega a escuchar alejándose de su cuerpo hasta que la voz de la razón es solo ruido de tráfico en medio de la ciudad: algo molesto pero no insufrible.

            Y aquí me tienen, hundiendo otra vez los pies sobre las aguas transparentes, viendo como mi dedo regordete empieza a ponerse blanco y arrugado. Al cabo de unos segundos la transparencia de las aguas ya no se limita solo a la orilla. Levanto la vista y casi todo el lago es transparente, se pueden ver las piedras, las algas, los peces, los granos de arena. El mundo submarino del lago me es desvelado y es maravilloso.

            Unas burbujas llaman mi atención, me indican un camino y me dejo llevar casi al otro extremo del lago, donde se ahogó la hija de mi amiga. Recuerdo perfectamente aquel día, era un domingo cálido, había mucha gente por los alrededores, el cielo era intensamente azul y daba su color al lago hasta que nos dimos cuenta de la ausencia de la niña, gritamos, todo el mundo ayudó pero nunca la encontramos y yo decidí no volver jamás.

            Pero hoy, mi cuerpo se despertó con la decisión de ir hasta allí, mis pies me llevaron y aquí estoy haciendo caso a esa intuición que parece ser el timón de mi vida, esa fuerza que mueve mis pies a través de las aguas hasta la orilla más solitaria del lago, donde las piedras son más bonitas, lisas, suaves, como pequeñas nubes caídas del cielo y congeladas en el agua.

            La hilera de burbujas me hace la señal para que me agache, me lleva hasta una piedra pequeña, oblonga y muy suave, como la cabeza de una niña que se ahogó...

 

16 de Diciembre, 2011, 7:02: GladysGeneral

         


            ¡No lo podía creer! Su suerte estaba empezando a cambiar. Él lo notó al atardecer del día anterior a los hechos. Si alguien por la calle lo detuviera a preguntarle cuál había sido la pista definitiva, él seguro que contestaría el OLOR, sí el olor en el aire, una especie de vaho de hadas que le dio en la cara justo cuando salía de la oficina de empleo.

            Pero no se llamen a engaño. La chica de la ventanilla ni siquiera le sonrió, se limitó a rellenar los huecos en sus formularios, a teclear sin mirar el teclado, ni a él, sólo a la pantalla y después lo mandó a firmar, le recibió el resguardo y pulsó una tecla para que el número apareciera en la pantalla.

            Siguiente - se oyó decir.

            No importaba. Cuando le dio la espalda sintió que a su alrededor el mundo era negro, frío, insensible, una mierda completa y que nada pasaría si un coche no se detuviera al verlo a él tirado sobre la calle.

            Sin embargo en cuanto salió el vaho de las hadas rozó sus mejillas. La calle se iluminó, y si sus oídos no lo engañaban, hasta música se escuchó por los alrededores. Pero ¿por qué?

            Otro día para llenar sin cosas qué hacer, lo primero sería tomarse un café en la esquina, antes de que hasta eso le fuera vedado. Se dio incluso el lujo de leer el periódico y oler los panes que estaban saliendo del horno.

            Caminó hasta el cansancio, esa era una buena receta contra el insomnio y se daba gracias a si mismo por ponerla en práctica desde que se quedó sin empleo. Así, fue agotando las opciones que lo alejaban de casa hasta que ya no se pudo resistir y cabizbajo, decidió que era hora de regresar, al menos mientras tuviera casa. Las penumbras volvían a rodearlo disipando el vaho de hadas de las mañana.

            Llegó a su casa, más por usar la llave que por costumbre abrió el buzón del correo, fue desechando la publicidad que estaba a punto de desbordarse, fue mirando lentamente los sobres mientras los tiraba a la basura, cuando las manos le quedaron vacías, buscó la llave en sus bolsillos y subió a su casa, ni siquiera se molestó en encender la luz del rellano, conocía de memoria el lugar exacto en que estaba el agujero de la cerradura.

            Abrió, su casa de 25 mts., había crecido más de lo normal, ahora era un piso de 300 mts. con amplios ventanales desde los que contemplaba el parque en todo su esplendor. Por las ventanas entraba el aroma de las hadas, y las cortinas se movían sensualmente dibujando formas deslizantes sobre el piso de madera.

            Como loco recorrió las estancias, contó cinco habitaciones, tres baños, una cocina con comedor incluido, una terraza, un salón, un gran comedor y a medida que caminaba o corría iba gritando gracias, gracias a todo, a la vida, a los árboles, al destino y a todo lo que le recordara una vida más allá de la inteligencia humana, hasta llegar a la terraza, hasta volver a sentir el vaho de las hadas y entonces lo recordó, y le dio rabia que él hubiese tenido que morir para tener una casa como esa.

16 de Diciembre, 2011, 6:45: Selváticaminirelatos


             Estuve tentada a dejarlo,  me daba vergüenza. Es que tenía una caja de dientes dibujada sobre el capó. Aichh!

            Pero los regalos se aceptan tal y como la vida nos lo da - me decía mi madre y mis manos sintieron el frío de las llaves.

            Lo aparco en frente de mi casa y subo a mi apartamento. Lo miro desde la ventana y lo único que veo son las dos hileras de dientes, me doy la vuelta y me meto en la cama a soñar con la mañana, a soñarme frente al volante, deslizándome por las calles de la ciudad hasta donde yo quiera, por el tiempo que quiera,  sin ver las hileras de dientes.

            La mañana borra los sueños. Mi hijo necesita el coche, me pide que le lleve a hacer sus cosas y yo dejo de ser una mujer con ganas de pisar el acelerador para convertirme en un chofer con ruta establecida.

            En la noche pienso que mañana si podré correr con las hileras de dientes por donde yo quiera, mañana, mañana si...

16 de Diciembre, 2011, 6:41: SelváticaAlaprima

 

            No te asombres, ya sé que soy maniática de la limpieza y esas cenizas que ves sobre  la mesita del recibidor son los restos de una multa de tráfico.

            Es tonto. No puedo evitar correr hacía ti.