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Mi pareja de hace años ha
vuelto de la tumba para reunirse conmigo. Extrañamente todo está igual a cuando
él se marcho. La misma casa, la misma ciudad y la misma gente, como la canción
mejicana.
Él
apareció por la puerta como siempre, dejó sus llaves en la mesita del pasillo y
fue directamente a besar a nuestros hijos, luego me besó a mi. No, no crean que
tengo celos, me gusta que quiera a sus hijos y me desee a mi.
Cenamos
en familia, hablamos como siempre, nos miramos como cada segundo que vivimos
desde que nos conocimos. Luego nos fuimos a la cama y allí estaban nuestras
fotos, nuestra ropa, nuestros libros con los marcadores sobresaliendo para
retomar cada noche los viajes que hacemos hacía nuestras propias utopias.
En la
cama, la misma calidez de los cuerpos, las sábanas un poco desteñidas pero
estrenando sueños y fabricando días futuros, por ejemplo, para mañana ir a
visitar a algunos amigos y familiares.
Y en
esa visita planeada soñé que tal vez a ellos les parezca extraño que él haya
regresado de la muerte, quizás crean que fue mentira inventada por mi.
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