26 de Abril, 2012, 6:28: GladysGeneral

             Era una noche feliz, de esas en que los tópicos vuelan por los aires y se hacen trizas contra el piso.

             Ella bailaba en la calle, en las aceras, sobre las estrellas, aunque - no nos hagamos los locos - ella bailaba en una discoteca.

 
            ¿A qué se debía tanta expectación?

             A que unas horas antes se habían vuelto a reunir todos los amores: los sexuales, los filiales, amigables, fieros, tontos, salvajes, tímidos, atrevidos, inocentes, platónicos, infantiles, el de Electra, el de Edipo, Romeo y Julieta… todos a una en medio de la calle, abrazándose con fuerza, desgarrando gargantas y con los ojos bien cerrados. Así acabaron en la disco.

             Los amores revoloteaban alrededor del amor mayor, todos querían tocarlo, rozarlo aunque fuera con la punta de sus dedos.

             A él le gustaba esa atracción, sonreía de lejos, les concedía el poder de sentir a través de esa sonrisa que orbitaba sobre los amores satélite, pequeños, exultantes, húmedos.

             Unos de los no amor desaparecieron o huyeron de la pista, mientras que los sí amores se quedaban en medio girando sin parar, con los ojos desorbitados al tiempo que la música también desaparecía lentamente. Los amores traviesos se tomaron la pista y empezaron a quitarse las ataduras al ritmo de sus caderas; movimientos alados, manos evanescentes, cabezas ondeantes y caderas desmadejadas…todavía hay amores así.

 

26 de Abril, 2012, 6:18: GladysGeneral

             Juan es una persona corriente, tiene cierta edad, trabaja en cierta empresa, está casado con cierta mujer, tiene un par de hijos y ningún pajarito picotea en su cerebro durante las siete horas de sueño profundo de sus noches.

            A veces, por orden de su jefe, tiene que ir a inspeccionar las obras, revisar ciertos papeles, comprobar fechas, controlar existencias y de alguna manera vigilar al personal. Su jefe le dice que hay que tener cierta tolerancia, pero de vez en cuando hay que mostrar mano dura, solamente para recordar quien es el jefe.

 
            Un fin de semana que su mujer y sus hijos estaban haciendo una visita a unos familiares, decidió aprovechar la tarde y pasarse por una de las obras que quedaba cerca, llegar de repente, un domingo por la tarde a una obra, bien podría dar una lección de control a los obreros, aunque dudaba que estuvieran allí, quizás solo el vigilante, ya lo comprobaría.

             Juan se encaminó a la obra, atravesó el parque del barrio, le gustó ver como los niños jugaban, le gustó oír sus risas, le gustó ver parejas comiéndose a besos, aunque le erizaba un poco la piel  tanta efusividad en público. Llegó a la obra y se asombró de lo poco que habían avanzado desde su última visita. Según los planes previstos, ya deberían haberse empezado a construir los cimientos, sin embargo, los huecos abrían sus fauces al cielo indiferentes. Se acercó a uno y miró hacía abajo, palpó la tierra y la notó reseca, lo cual era raro, ayer mismo había llovido. Avanzó unos metros, lo mismo sucedía con el hoyo dos, el tres, el cuatro, sin embargo el quinto llamó su atención, era más pequeño de lo normal, de forma redonda, en vez de la alargada de los demás, se agachó y sintió el olor a moho y a humedad de sus entrañas.

             Se alejó un poco sorprendido, ¿cómo era posible que solo un hoyo estuviera húmedo? Llamó a gritos al vigilante, pero únicamente el viento le contestó, avanzó hasta la caseta que le servía de refugio pero estaba vacía. Volvió sobre sus pasos, se inclinó a mirar el hoyo, con sus dedos arrancó un trozo de tierra y empezó a deshacerlo, para después oler la tierra adherida a sus dedos.

 
            El olor entró por sus fosas nasales y se expandió por su cuerpo aniquilando su voluntad, como un autómata volvió a la caseta, sacó una cuerda, regresó al pozo, ató la cuerda a su cintura y bajó al fondo poseído por una extraña e infantil alegría, se dio cuenta de que le gustaba estar allí, era una sensación de regreso a su antes de nacer, a su primera morada oscura y atado a un cordón mirando a un puntito azul sobre su cabeza. Ese era el mundo exterior, solo un puntito azul lejano e indiferente. Se acurrucó sobre sus pantorrillas, olió la tierra, palpó su humedad y esperó a qué llegara la noche sin saber exactamente por qué, ni para qué - ya lo sabría en cuanto el puntito azul desapareciera.

             Y el puntito azul desapareció al cabo de un rato, la oscuridad era total, ni siquiera podía ver sus propias manos, eso era no existir, era como traspasar la frontera de la vida, sin estar muerto y tuvo ganas de cerrar los ojos para comprobar si la oscuridad de sus antiguos días, al cerrar los ojos era parecida a ésta, en que al fin y al cabo, el abrir o cerrar los ojos no marcaba diferencias.

 

26 de Abril, 2012, 6:11: Selváticaminirelatos

            Imagina que eres escultor, toma un trozo de roca, haz que tu mano moldee mi nariz, hile mis cabellos, tornee mi cuello. Que tus brazos den forma a mi cintura, a mis caderas, a mis tobillos, que tus ojos fijen detalles como un lunar en el muslo, una peca en la mejilla, una vena en el cuello.

            Da, de vez en cuando unos pasos hacía atrás y contempla tu obra, corrige lo que quieras, borra un aquí y pon allí.

            Imagíname de pie, de espaldas, de frente, de medio lado, o sentada, mejor así, luego con el calor de tus manos crea un halo de tibieza y comprensión a mi alrededor… eso me haría muy feliz, aunque dudo que las estatuas alberguen otra cosa que mierda de pájaros.

26 de Abril, 2012, 6:08: SelváticaAlaprima

      

            De dónde saqué la idea de que podrías amarme, qué mano pulsó mis fibras sensibles para despertar mi cuerpo muerto, quién susurró melodías románticas en mi árido corazón, quién se atrevió a ello… nadie, o tal vez alguien, al otro lado del espejo, ese que no piensa, ese que enloquece con tu aroma al pasar, ese a quien le duele respirar cuando te imagina, pero que no es capaz de enseñar, cómo se vive sin ti.

26 de Abril, 2012, 6:04: Lady papaHablando de...

      

       La publicidad tiene la poción mágica para transformar la realidad, ella vende humo con total descaro y los consumidores se sienten satisfechos, agradecidos y, en muchos casos, por increíble que parezca, incluso felices.

         Sí, es verdad. ¿Quién no se siente feliz de fumar un cigarrillo X, o de vestirse con el modelito aquel, o jugando con su tablet? ¿Se pregunta alguien si de verdad necesita el artículo antes de comprarlo? No, hay que comprar, comprar y comprar para mantener la sociedad de consumo, para mantener puestos de trabajo, para que los capitales fluyan y el establishment se mantenga.

         En esta guerra de estrategias, todo vale, tomemos dos ejemplos más recientes, para no aburrir mucho a los lectores, una famosísima empresa de comida basura cambió su tradicional logotipo rojo por uno verde para vender una imagen saludable de esa comida que ha llevado a mucha gente a engordar de forma mórbida, que ha producido muchos documentales sobre los efectos dañinos sobre el cuerpo humano y que a pesar de demandas o multas en muchos lugares del mundo, se mantiene en el top de las empresas más exitosas y amenaza con llevar su grasa take away hasta los rincones más apartados del planeta, ahora vestida de saludable verde.

         Otra empresa multinacional y burbujeante se ha inventado la felicidad, ha pasado de cantar en mil idiomas que es la chispa de la vida y por estos días en Madrid-España, se viste de intelectual promoviendo congresos nada menos que de felicidad, pagando lo que le pidan, a filósofos, científicos, psiquiatras, médicos, asesores del Dalahi Lama, monjas y catedráticos que en sus respectivos ámbitos profesionales gozan de una reconocida y seria reputación. 

         Estos excelentes profesionales se han prestado al juego - el dinero nunca sobra - y se han pues a debatir sobre el clásico concepto la felicidad, sus causas y efectos sobre el ser humano, como en las antiguas ágoras del saber y de paso venden el líquido negro a diestra y siniestra.

         En ese escenario caleidoscopio, el consumidor se queda moviendo la cabeza como un tonto, preguntándose por qué a alguien se le ocurrió que pasar de rojo a verde le iba a traer más ventas de carne grasienta, o por qué si se bebe un liquido va a ser más feliz. ¿No se dan cuenta, de que yo me doy cuenta, de que me están tratando como a un tonto?

         Es que la gente se da cuenta de las estrategias de las compañías, el consumidor hace tiempo que alcanzó el uso de razón y sabe distinguir las artimañas comerciales, lo malo del asunto, es que no ha aprendido a escapar de éstas y como quien no quiere, resulta mordiendo una hamburguesa mientras bebe un refresco negro para no atragantarse.

C'est la vie!!!!!