Imagina que eres escultor, toma un trozo de roca, haz que tu mano moldee mi nariz, hile mis cabellos, tornee mi cuello. Que tus brazos den forma a mi cintura, a mis caderas, a mis tobillos, que tus ojos fijen detalles como un lunar en el muslo, una peca en la mejilla, una vena en el cuello.

            Da, de vez en cuando unos pasos hacía atrás y contempla tu obra, corrige lo que quieras, borra un aquí y pon allí.

            Imagíname de pie, de espaldas, de frente, de medio lado, o sentada, mejor así, luego con el calor de tus manos crea un halo de tibieza y comprensión a mi alrededor… eso me haría muy feliz, aunque dudo que las estatuas alberguen otra cosa que mierda de pájaros.