19 de Mayo, 2012, 8:35: GladysGeneral

             Caminaba dormida por los tejados, indiferente a si había luna o la noche era tan negra que se podía tocar. Ni ella misma sabía por qué salía a vagar por los techos de la ciudad, simplemente sucedía y listo.
             Colocaba sus pies descalzos sobre el cemento de las azoteas o sobre las desvencijadas tejas de las casas ruinosas, saltaba al ritmo de las respiraciones tranquilas de los ignorantes moradores de aquellas casas, esos que se entregaban al sueño sin saber que unos pies de mujer caminaban sobre sus techos.
 
            Todas las noches la misma ruta, más no las mismas respiraciones, algunas eran tibias y confortantes, otras rabiosas o ladinas, alteradas o ignorantes no importa a que condición obedeciera su naturaleza, palpitaban bajo los tejados y daban vida a sus pies dormidos.
             
Algunas noches se topaba con hadas que habían extraviado su camino, ella entonces, les ayudaba a encontrar los cerebros dormidos, también, a veces desviaba las sombras tenebrosas, les mentía por instinto, las enviaba a vagar por cementerios lejanos a pisar huesos blancos.
            
Pero no hay que dejarse engañar, ella no cumplía ninguna misión especial, no estaba llamada a dulcificar la existencia de los seres humanos, ni a diluir las penas, ni a satisfacer la sed de amor que devora a la humanidad, ni a la necesidad de fantasía, ni a ninguna de esas triquiñuelas que ayudan a vivir.
            
Ella simplemente salía cada noche a caminar sobre los tejados obedeciendo un susurro que en sus vigilias le hablaba alguien sin rostro en lengua desconocida, pero que lamentablemente no le daba señales concretas, ni caminos que recorrer, ni letreros gigantes donde detenerse o qué dirección tomar.
             Y las noches se iban acumulando en sus espaldas, las lunas se iban fijando en su piel como lunares o pecas, los techos de las ciudades se iban agotando sin que su radar encontrara la respiración buscada, a veces le parecía escucharla muy abajo, quizás en un primer piso o en un sótano, entonces se deslizaba como una serpiente, levantaba su nariz al cielo como oliendo el aire y buscaba una entraba, una pequeña rendija, un resquicio entre ladrillos para atrapar la respiración soñada, para después de unos segundos caer rendida de frustración y despertar en la frialdad de su cama con las sábanas sin arrugar…
             
Hasta que caía la noche y sus sombras daban vida de nuevo a sus tobillos, una y otra vez, un destino ineludible, un trazado grabado en el alma imposible de modificar, unos pies ascendiendo por paredes frías hasta tejados palpitantes, un paréntesis en el tiempo sin angustia pero con ganas.
             
La inercia tomó la dirección de sus pies, a veces, le parecía oír la respiración buscada pero el silencio era el único que le contestaba y decidió rendirse, decidió detener sus pies, los fijó a un techo cualquiera y no se movió de allí ni un milímetro, con las lunas posteriores, con las sombras que siguieron a su decisión trabó amistad, aprendió su lenguaje, codificó en su cerebro nuevos signos, retorció su lengua contra el recinto del paladar y dejó libre a sus pies. Unos metros más abajo, una respiración cansada de buscar también se había detenido a reprender.

 

           

 

19 de Mayo, 2012, 8:30: Selváticaminirelatos

            Soy tus pasos, soy las huellas de tus pies, soy tu voz, invento mundos donde la calidez de tus manos entibian las aguas en que me baño.

            Soy una esponja en expansión, una estrella sideral, un universo de espuma lleno de todas las partículas de tu cuerpo.

            Soy una voz llena de matices, con los agudos de mi corazón, los graves de tu ilusión,  los do de los dos y los fa sostenidos entre los caminos que nos atraviesan.

            Soy los viajes que soñé, los que viví e imaginé, soy un esqueleto temblando ante tu esqueleto, agitados por las corrientes que se cuelan entre la puerta de la habitación y la del pasillo.

            Soy una caja de sorpresas llena de ti, un contenedor al que le faltan los brazos para juntar las piezas.

19 de Mayo, 2012, 8:24: Lady papaHablando de...

En el momento menos pensado y como si un rayo nos partiera en dos la cabeza, nos damos cuenta que se nos ha desprendido un trozo de piel. Yace a nuestros pies como el felpudo de la entrada, está ahí, se apartó de nuestro cuerpo pero ya no nos pertenece.
Ahí quedan las ilusiones, las esperanzas, las experiencias, los sueños y sobre todo lo vivido y aprendido.  En ese retazo de cuero están nuestros primeros enfrentamientos con el mundo al salir de la infancia, está esa mano que buscaba la de la madre para sentir calor y confianza, están las voces de los amigos jugando a la golosa, está el ruido de la pelota contra las paredes en las tardes aburridas de vacaciones, el primer beso… o el último que hemos dado o recibido, los ojos que nos amaron, las bocas que nos besaron, las manos que nos acariciaron.
Ese pedazo de cuero tiene impreso en sus grietas las palabras que aprendimos de nuestros maestros, ese viaje por tierras desconocidas que es nuestra vida cuando somos jóvenes, esos nombres impronunciables que alteraban nuestras hormonas, esa magia y ese misterio que emanaba de la tierra como un vaho tibio y nos iba dibujando los rostros de una tierra que empezábamos a vislumbrar.
Sí, porque en esos imperceptibles cambios de piel, estábamos descubriendo qué díablos era ser latinoamericano, cómo se comía eso de ser mitad indigena, mitad europeo, no siempre en cantidades exactas, qué tanto teníamos de uno y otro, cuál de esos dos mundos se apoderaba de nosotros y en qué momentos. A veces nos asaltaba en medio de un camino y nos reconocíamos indígenas, a veces, en cambio lo europeo se nos aparecía en la intimidad de nuestro cuarto y anulaba lo intuido.
No nos reconocíamos, teníamos miedo de eso que se estaba forjando debajo de la piel, muchos huyeron de ese destino, algunos lo aceptaron, otros decidieron ignorarlo, en cualquier caso, lo que nunca podremos hacer es evitar los cambios de piel. 
Está en nuestra naturaleza, somos como serpientes, a medida que avanzamos dejamos trozos de nosotros mismos por donde quiera que andemos y no importa, si quien nos lo puso en frente de los ojos ha muerto hace poco; su cuerpo ya no está, pero su certeza vivirá en cada poro de nuestra piel y en la de todas las generaciones de latinoamericanos, no nos salvará de ese destino ni los cambios de idioma, ni los certificados de nacimiento falseados, ni las fugas migratorias, ni la cultura aprendida o desaprendida, la mezcla será nuestra señal de identidad y hablará por nosotros, por muchos whatsapps que inventemos.
¡Gracias Maestro!