Una tras otra, aunque a veces la noche no les da tiempo a aparecer, se van dibujando en mis sueños mil y una puertas. A veces salen de un libro de Murakami, otras de las leyendas urbanas, ocasionalmente de mi infancia en aquella enorme casa donde un loro se paseaba frente a ellas todo el día con alegre paciencia pidiendo su ración de cacao.

        Son puertas de madera, de metal o cristal, algunas pintadas, otras desconchadas, cuarteadas, con o sin cristales… pero ninguna de ellas tiene pestillo, así que las abro cuando quiero, me asomo a ellas, oteo su interior y en ocasiones entro sin saber muy bien por qué.

            Lo que hay tras esas puertas no necesita materializarse, no se viste de palabras, ni requiere espejos para reflejarse, simplemente está ahí y seguirá estando mientras respire. Lo que hay tras las puertas es mi vida, no necesitas saber nada más de mi.