Afuera la gente vive, las calles se llenan de emociones, amores, traiciones, odios y pasiones; se llenan de personas palpitantes. Caminan por las aceras ávidos de morder, muestran sus cuerpos morenos como mapas que sería delicioso recorrer.

            Con la vista esquivando el humo del cigarrillo, me asomo a esas vidas y a algunas de ellas quisiera seguirlas con los ojos cerrados, incluso una vez me atreví a intentarlo y por unos instantes saltaron las estrellas.

            Cuando el resplandor se apagó, cerré los ojos para ver lo que había pasado y vi que mi corazón lucia un letrero muy grande, en todos los idiomas. RESERVADO.

            Sigues ocupando mi corazón, sin embargo, sospecho que no volveré a verte jamás.