Volvió a encontrarse con la mujer de agua una tarde de sábado.

            Caminaba por la ciudad y llegó hasta la fuente. En cuanto asomó a la esquina del parque estaba apagada pero cuando sus pasos resonaron sobre los adoquines, el agua estalló en júbilo dando forma a una mujer que se sentó a su lado en silencio, como siempre…

            Mirándola a través de sus nebulosas pepitas, la mujer de agua le preguntó si ya había visto a la niña.

            Ella  se acordó de la niña que quería ver el mar y le contestó que sí.

            -¿Qué hizo la niña? le preguntó.

            -Quería ver el mar - le dijo en un susurro. Luego le habló de la pared que les limitaba la visión del mar, le contó de su miedo, de la angustia y el temor de que cayera al precipicio, por eso la tomó por la cintura.

            La mujer de agua la miró y ella pudo ver que en sus pupilas acuosas empezaron a brotar pequeñas gotas que se congelaban entre sus pestañas.

            El dolor volvió a ella con mayor fuerza y la mujer desapareció, la fuente dejó de funcionar y el parque recobró sus sonidos habituales.