1 de Octubre, 2012, 14:59: Lady papaHablando de...

             Si la historia de la humanidad se escribe con letra torcida, la de la conquista de América raya en lo indescifrable, porque a cada dato concreto se le incluye además innumerables elementos sobrenaturales dependiendo de quien se tome el trabajo de investigar sobre nuestro pasado y escribirlo.

            No es de extrañar, por ejemplo si queremos profundizar en el papel de la mujer en aquel período de nuestra historia, que nos encontremos con narraciones que la describen como bruja, o ser con extraños poderes para seducir, embrujar y conseguir sus objetivos, casi siempre en detrimento del hombre y de sus pueblos, es el caso de la india Catalina en Colombia, y la Malinche en México. Ambas se considera que fueron interpretes de los españoles, y ambas son conocidas, por algunos, como "vende patrias" al mismo tiempo que otros cronistas las consideran madres del mestizaje.

            En la canción "Maldición de Malinche", Gabino Palomares expresa: 'Oh! maldición de Malinche, enfermedad del presente, ¿Cuando dejarás mi tierra, cuando harás libre a mi gente...?' Esta maldición, este "malinchismo" se refiere a la actitud de infidelidad al pueblo al que se pertenece pero ante todo a una actitud compleja en la que se desea cooperar con los colonizadores y a la vez un deseo de ser absorbidos por ellos.

            Tras contrastar algunos datos, vemos que La Malinche es protagonista de un sin número  de leyendas, de teoría,s menos comprobables, y de asociaciones dispares, ya se la considera una mártir, ya una traidora. Muchas de estas leyendas, suposiciones y asociaciones quizá puedan agruparse en cuatro tipos:

            - Infancia de culebrón: Como en la más auténtica telenovela, la leyenda afirma que la Malinche, fue nacida de noble cuna, secuestrada y vendida como esclava - siendo niña - por un conflicto familiar en el que su madre y su hermano la entregan a los conquistadores - Hernán Cortés -.

            - Una historia de amor, ¿quien sabe? las relaciones humanas en el siglo XVI no pueden juzgarse con criterios actuales, y menos aun con criterios novelescos. Cortés tuvo un hijo con la Malinche, llamada también Malintzin, pero además, tuvo otro hijo con Tecuichpo, la hija de Moctezuma que tendría que haber sido mujer de Cuitláhuac y Cuauhtémoc. Posiblemente su relación amorosa con la Malinche fue mucho menos intensa de lo que se quiere, o a veces se supone.

            - La vende patria, es evidente que La Malinche, no tenía ninguna patria que vender. Cortés se aprovechó precisamente de que no existiera unidad, y sí gran enemistad, entre los pueblos con los que entraba en contacto. La palabra "malinchismo", con la que se adjetivan las acciones en perjuicio de la propia cultura (sobre todo si además son en beneficio personal propio), o la preferencia por lo extranjero por el hecho de serlo, seguramente no fue un sentimiento de los vencidos, y es muy posterior a la conquist

            - La Mama grande: La leyenda de la Malinche, también tiende a evocar el nacimiento de una nueva patria, y en un sentido general evoca la maternidad,  se la asocia, al surgimiento de una gran alianza, una nueva cultura, un futuro.

            Leyenda o realidad, de lo que si estamos seguros es de que la maldición de Malinche sigue viva en nuestros genes, no cabe ninguna duda, basta con abrir los ojos a lo que está sucediendo en nuestros países para darnos cuenta que seguimos siendo objeto de deseo para los grandes devoradores y nuestra puerta sigue abierta.

 

 

Basado en la letra compuesta por     

Gabino Palomares - Amparo Ochoa

1 de Octubre, 2012, 14:49: GladysGeneral

            Ella se apoya en dos de sus puntas, espera paciente a que la bailarina termine sus giros sobre el escenario sin pensar en nada más. No es necesario, el mundo está constituido solamente por unas líneas imaginarias que brotan de las plantas de los pies de una mujer, que al principio colocó un punto con el dedo gordo, luego lo agrandó con la planta entera, después lo adelgazó hasta convertirlo en línea y le dio giros, escribió desvíos, metas, se lanzó sin medir consecuencias sobre la negra madera del escenario. 

 

            Después las líneas se despegaron del piso, se enredaron en las piernas de la bailarina, subieron por sus rodillas, acariciaron sus caderas y le enredaron los brazos. Cinco dedos intentan fieramente deshacer las líneas pero terminan por enredar aún más el asunto. La bailarina sonríe, mira al público, llama a sus musas y les implora con ojos llorosos. 

 

            La estrella impasible contempla la desesperación, ve desgarrarse una figura de mujer sobre el escenario, un cuerpo que se hace trizas, que explosiona como un cristal y que rebota por los pliegues de las cortinas, por los paisajes de atrezo, por siluetas de hombres estáticos que la contemplan sin acudir en su ayuda.

            Los pedazos de la bailarina están repartidos por el piso, parecen seres agonizantes que titilan en el universo, pero cuando la estrella los mira con atención los ve palpitar, ve cómo se mueven muy lentamente, como se inflan y desinflan como si tomaran aliento para poder vivir un poco más. 

 

            Los dedos de la bailarina se despegan del piso, ascienden por los rincones del escenario hasta juntarse en el centro y empiezan a moverse otra vez, empiezan a trazar caminos invisibles sobre las cabezas del público, describen vuelos fugaces, corazones amantes, risas, lamentos y suspiros.

            Al cabo de un rato tornan sobre sus movimientos iniciales, se alejan del escenario y buscan a la estrella, danzan ante ella, la envuelven, la toman por una de sus puntas y la elevan, la elevan, abren un agujero y la lanzan al infinito.

            Estrella cierra los ojos pero sonríe fríamente. Ya está al lado de sus hermanas, ocupa el lugar que le corresponde en la constelación.

 

1 de Octubre, 2012, 14:39: GladysGeneral

         Una rabia como lava ardiendo le recorrió el cuerpo cuando el rostro frio de su jefe le habló de los cambios en la empresa; con voz gélida le soltaba, que así las cosas pasaría a ocupar un lugar diferente en la oficina, tendría otro escritorio, en frente de él se sentarían personas con caras desconocidas a las que tardaría un tiempo en desenmascarar. Un nuevo perchero donde colgar el abrigo, un cajón al fondo de su escritorio donde trasladar sus revistas y libros de auto-ayuda.

            Eran demasiados cambios en una centésima de segundo y no sabía con que antifaz cubrir su rostro para no delatar sus emociones. Tampoco las palabras acudían en su ayuda. Dejó que su jefe hablara hasta el final y ante la pregunta de qué le parecía, se quedó mudo.

 

            No sé, salió de su boca al rato y el jefe le regaló unos escasos segundos de su precioso tiempo, luego se marchó.

 

            Se sentó en la nueva silla, miró a sus compañeros, en sus gestos, sobre todo en el de una mujer, le pareció ver una sonrisa de franca amistad, aunque minutos más tarde dudó si aquel fugaz calor no sería producto de su alborotada imaginación.

 

            Miró el pequeño y anticuado ordenador en el que a partir de ahora haría su trabajo y la indignación reavivó la circulación de la sangre en sus venas. No era posible, eso era como un insulto, ese ordenador tenía una pantalla pequeñísima y él estaba acostumbrado a los grandes, de plasma, modernos y dotados con los mejores programas de diseño - una voz en su interior le dijo - no eres diseñador.

 

            Su mente empezó a crear un discurso de respuesta al jefe, por supuesto no aceptaría el cambio, él quería su modernísimo ordenador, sus programas de diseño, el color y la velocidad de su conexión a internet, esto de ahora era un paso atrás y a su edad no lo podía soportar, no lo podía aceptar de ninguna manera.

 

            Su jefe volvió a acercarse, se sentó en frente de él y le preguntó que le parecía el cambio.

 

            Él empezó su alegato que - estaba seguro - le devolvería sus privilegios, habló con detalle de la minuciosidad de su trabajo y de lo indispensable que le resultaba trabajar con su ordenador de última generación. El jefe escuchaba en silencio.

 

            A medida que avanzaba en su discurso se iba dando cuenta de que su trabajo se podía hacer perfectamente en aquel vetusto ordenador, su labor consistía en registrar la labor de los demás, y para ello, no necesita programas de diseño, menos aún internet de alta velocidad, por primera vez en su vida sintió que su trabajo era bastante prosaico, casi innecesario y se sintió avergonzado, agachó la cabeza, se despidió de su trabajo sin esperar respuesta y a pesar de los ojos de esa compañera que lo miraba… ¿con amor?

 

            Al salir por el pasillo del edificio y enfrentarse a la calle en una hora en que jamás lo había hecho se sintió libre, feliz, tan exultante se hallaba que de su garganta salió un alarido profundo y lastimero.

 

            Horas más tarde, sentado en un banco del parque, rellenaba páginas en blanco describiendo los dibujos que hacían sobre las baldosas las patas de las palomas.

 

1 de Octubre, 2012, 14:33: Selváticaminirelatos

             Mejor cerrar los ojos, mejor quitarse la piel para dejar el músculo descarnado, liberar los sentidos y que corran por donde buenamente les plazca, mejor que dibujen la sombra de dos amantes balanceándose sobre un colchón de nubes, mejor que dibujen sus mapas sensoriales a su antojo y que tracen rutas de conocimiento profundo.

            Que las manos toquen, las bocas saboreen, las lenguas se reconozcan, los poros encuentren sus agujeros correspondientes hasta que los cuerpos se desintegren en las tormentas del deseo.

            Y cuando eso suceda, tócame a ver si estoy despierto, necesito comprobar que eres real.

 

1 de Octubre, 2012, 14:13: SelváticaAlaprima

          El deseo enturbia su razón, enloquece sus sentidos, la impulsa a recorrer espacios insospechados hasta alcanzar su objetivo. Lo ve nada más llegar, una sombra oscura delante de una ventana, vestido de negro y con la sonrisa brillando en su rostro como un sol.   

            Sin pensar se acerca, lo toca, lo va llevando a su territorio de afanes, pero sus intenciones se truncan; a sus fronteras llegan otras mujeres, otros hombres, incluso niños que van creando una muralla entre ella y su objetivo hasta el punto de que tiene que ponerse de puntillas para verlo.

            En su impotencia el deseo reaviva sus bríos, empuja, sacude, desplaza hasta dejar el campo libre junto a él, lo besa con prisas - el tiempo puede ser su peor enemigo - le contagia, lo revive, insufla ardores en su piel dormida y buscan un sitio en soledad.

            La puerta se abre, las paredes blancas los saludan y por un instante ella piensa que podrá poner punto final a su fuego, pero dos pasos tras el portal, hay un adolescente, un niño de siete años que mira asombrado y curioso, una cuna…

            Lo siento - pide disculpas - cierra la puerta.