Ella se apoya en dos de sus puntas, espera paciente a que la bailarina termine sus giros sobre el escenario sin pensar en nada más. No es necesario, el mundo está constituido solamente por unas líneas imaginarias que brotan de las plantas de los pies de una mujer, que al principio colocó un punto con el dedo gordo, luego lo agrandó con la planta entera, después lo adelgazó hasta convertirlo en línea y le dio giros, escribió desvíos, metas, se lanzó sin medir consecuencias sobre la negra madera del escenario. 

 

            Después las líneas se despegaron del piso, se enredaron en las piernas de la bailarina, subieron por sus rodillas, acariciaron sus caderas y le enredaron los brazos. Cinco dedos intentan fieramente deshacer las líneas pero terminan por enredar aún más el asunto. La bailarina sonríe, mira al público, llama a sus musas y les implora con ojos llorosos. 

 

            La estrella impasible contempla la desesperación, ve desgarrarse una figura de mujer sobre el escenario, un cuerpo que se hace trizas, que explosiona como un cristal y que rebota por los pliegues de las cortinas, por los paisajes de atrezo, por siluetas de hombres estáticos que la contemplan sin acudir en su ayuda.

            Los pedazos de la bailarina están repartidos por el piso, parecen seres agonizantes que titilan en el universo, pero cuando la estrella los mira con atención los ve palpitar, ve cómo se mueven muy lentamente, como se inflan y desinflan como si tomaran aliento para poder vivir un poco más. 

 

            Los dedos de la bailarina se despegan del piso, ascienden por los rincones del escenario hasta juntarse en el centro y empiezan a moverse otra vez, empiezan a trazar caminos invisibles sobre las cabezas del público, describen vuelos fugaces, corazones amantes, risas, lamentos y suspiros.

            Al cabo de un rato tornan sobre sus movimientos iniciales, se alejan del escenario y buscan a la estrella, danzan ante ella, la envuelven, la toman por una de sus puntas y la elevan, la elevan, abren un agujero y la lanzan al infinito.

            Estrella cierra los ojos pero sonríe fríamente. Ya está al lado de sus hermanas, ocupa el lugar que le corresponde en la constelación.