28 de Octubre, 2012, 6:23: GladysGeneral


           Se recuesta sobre el respaldo del asiento y sonríe satisfecho de su obra. Sobre la mesa están perfectamente colocadas la bandeja, las tazas: dos, la tetera, la lechera, la mantequillera, el pote de mermelada, las cucharillas, las servilletas. Se inclina para revisar las distancias entre objeto y objeto, vuelve a sonreír. Perfecto dicen sus labios en silencio.
            Después observa la cesta con los panecillos, la bandeja con las galletas, sus ojos aprueban, ante ellos se abre un espectáculo estético y gastronómico como nunca antes había tenido la oportunidad de hacerlo o presenciarlo.
 
            Cruza las rodillas afectadamente, coloca las manos sobre sus muslos y mira al infinito, en ese infinito se dibujan árboles, caminos de piedra, cartas danzantes dirigidas por la reina de corazones, pájaros multicolores y música, la música parece emanar de todos los objetos, al principio choca un poco, pero pronto los sonidos se entonan y se funden creando una melodía universal.
 
            Ese infinito es el pasillo al mundo de la fantasía, igual que en el cuento, solamente tendría que seguir al conejo y correr con los ojos cerrados esperando que de un momento a otro la tierra se abra y él caiga en ese otro mundo donde todo es posible.
 
            Aunque no me lo crean, este hombre no cree en cuentos de hadas, ninguna noche su madre, o su padre le leyó algo acerca de unas zapatillas de cristal o brujas malvadas, tampoco escuchó nada sobre odiseas de héroes invulnerables, ni armas poderosas capaces de derribar o desaparecer imperios enteros, ni barcos, ni aviones supersónicos. Sus noches eran retazos negros perforados de estrellas escuchando a los cucarrones entrechocar sus antenas.
            Se sirve un poco de té, alza el rostro como esperando una señal de asentimiento, al cabo de unos segundos llena hasta la mitad la otra taza, observando que no se escape ni una gota sobre el mantel, luego mira otra vez al frente y coloca la tetera en la mesa, toma la lechera, sirve a su invitado, después  se sirve él, se miran a los ojos, se llevan la taza a los labios,  sus manos la depositan con cuidado para lentamente tomar panecillos o galletas.
 
            Sin que lo puedan evitar, algunas briznas caen sobre el mantel, dibujan líneas definidas sobre el lino blanco que van creciendo hasta que la última gota de té desaparece de sus labios.
 
            Vuelve a recostarse contra el respaldo de su silla, mira su reloj diciendo que ya es su tiempo y se aproxima a la línea del infinito, camina sobre ella con la frente en alto sin mirar ni por un segundo hacía atrás, se acerca a su mujer y le da un beso en la nuca.

            El estofado huele bien le dice mientras escoge los cubiertos para la cena.
28 de Octubre, 2012, 6:06: GladysGeneral


            Contrariamente a lo que le sucede todos los días, hoy a Gabriel le parece que el mundo se ha creado exclusivamente para él. La luz le sacudió las sábanas dulcemente, el olor de sus plantas perfumó su desayuno ante la mesa. Confiado, esta mañana sus rutinas le resultan agradables, incluso excitantes, el agua sobre su piel es una caricia, la limpieza de dientes, tan prosaica y mecánica tiene un sabor especial, su vida, sin grandes hazañas es hoy una muy buena manera de vivir.
            Sale a la calle y la armonía continua, los árboles, el sol, incluso un policía de cara cuadrada le comenta sobre el tiempo y la imagen de lo que él representa, no es tan mala como la de otros días.
 
            Se siente tan bien, que se decide a evocar a su amor malogrado, una parte de su conciencia le avisa que no hay nada que hacer - ella no quiere verlo, ni siquiera piensa en él un segundo de sus días - pero a Gabriel no le importa, por lo menos hoy no, así que imagina su cara, sus ojos, la curva de su nariz, los cabellos… siente su olor y en ese olor descubre, con un poquito de ansiedad, que es asombroso sentir esas cosas,  es incluso de vergüenza saber que el amor que compartimos hace que descubramos todos los recovecos uno del otro y quizás no sea tan bueno conocerse de esa manera.
            Habría que dejar alguna línea oculta, algún tono de voz, un quejido, un centímetro de piel para más adelante, algún capítulo del pasado para cuando los cuerpos exhaustos pidan algo más, pero hoy no. Hoy está en comunión con el mundo y con su amor.
 
            Con esa sonrisa de satisfacción enfrenta el resto de su día, el trabajo con los compañeros puede calificarse con notable, el café de máquina que tanto odia, hoy tiene un sabor especial, incluso le recuerda el olor de su infancia.
            Al caer la noche sus compañeros lo invitan a una cerveza, algunos hacen bromas sobre el excelente humor de Gabriel hoy precisamente y con la iluminación tenue del bar, con el olor a cerveza y a cigarros, a perfumes personales que desvelan intimidades - la secretaria de su jefe tiene una nariz preciosa y sonríe espontánea mostrando unos dientes imperfectos pero lindos - ¿Por qué nunca la vio? Y Luis, el que jode tanto con la entrega a tiempo de recibos para poder cuadrar sus libros, tiene chispa, es inteligente y sobre todo, tiene la frase oportuna para cada sección del diálogo. ¡Joder! si estoy rodeado de personas maravillosas, piensa Gabriel mientras su lengua juega con la espuma de la cerveza.
 
            Unos jóvenes suben al escenario, le recuerdan a un grupo de su juventud, su cabeza trabaja a mil por segundo tratando de rescatar las letras de esas melodías, algo como "sin aire", o "estoy tan solo" pero las letras no se sostienen en su inteligencia, rebotan o se transforman y su lengua se enreda en un tralara que pretende acomodarse al ritmo de la canción, sin embargo, aunque su intelecto se niegue a cumplir su misión, su sensibilidad, su piel si que está pronta, los vellos de la piel se le erizan y su ser vaga sobre las letras de esas canciones que significaron tanto en su vida.
            Al final, el cantante saluda a su público, presenta a sus músicos y habla del homenaje de esta noche a X y X es el cantante preferido de Gabriel. La felicidad es absoluta, por un día así vale la pena vivir… 
            Las letras se adueñan de su cerebro, la garganta reproduce los sonidos de su alocada juventud llena de excesos y conciertos. Ha sido lindo vivir como ha vivido, ha sido maravilloso correr detrás de sus cantantes favoritos, ahorrar hasta pasar hambre para poder pagarse las entradas o viajar hasta las antípodas por poder vivir en directo su música, a veces de la mano de su amor, otras solo, pero la soledad se disfruta más cuando unes tu voz a tu artista favorito.
            Ahora, con la ciática y la piel escurrida, redescubre que dentro sigue siendo fuerte, que su corazón sigue cantando, que sus caderas continúan moviendose, aunque en otra dimensión, no importa, se mueven y eso basta.
            Gabriel se sonríe, piensa que si la gente, sus compañeros supieran exactamente lo que está pensando ahora, lo tacharían de loco y le aconsejarían que buscara ayuda profesional. Pero es que hay dos cosas en la vida a las que no puede renunciar: la música y el amor - nunca fue cantante, pero se emocionaba con las canciones,  nunca lo amaron, pero él amó.
 
            La secretaria del jefe, la de la sonrisa linda con dientes torcidos dejó caer una rosa sobre esas últimas palabras esculpidas en la lápida de Gabriel.

 

28 de Octubre, 2012, 5:48: SelváticaAlaprima

             Cuando era niña miraba las muñecas con cierta aprehensión, no le gustaban esos ojos inexpresivos ni esa cara de plástico con rubor artificial en los cachetes, por eso odiaba la navidad, aunque eso era impropio para una niña de su edad. Desde que tenía meses se dio cuenta de que abrir la boca, a veces es muy peligroso.

            No le importó mucho, el sacrificio no era doloroso, bastaba con sonreír al romper el papel de regalo, mostrarla a sus hermanos y en cuanto su hermana pequeña - que siempre quería todo lo que no le pertenecía -  no ponía ningún reparo en dársela. Lo cual era una ventaja, su madre la consideraba una niña buena.

28 de Octubre, 2012, 5:41: SelváticaAlaprima

            Las estrellas están en orden, los calendarios también, los frutos en los árboles apropiados, las semillas donde corresponden. Los ríos juegan con la arena en las playas y malecones, los hombres se levantan cada mañana como si todo eso fuera inamovible.

            Todos viven de acuerdo a su naturaleza, responden a los impulsos y no se asombran ante los efectos desencadenados. Tus palabras en cambio brotan congeladas desde el interior de tus costillas, salen humeantes y se deshacen al entrar en contacto con mi calor… a veces, pienso que eres un iceberg sobre la frontera de mi universo, sin embargo, el fuego de tus ojos tiene la capacidad de devorarme, que tu boca no posee.