17 de Noviembre, 2012, 17:33: GladysGeneral

            "Cuando te acuestas con alguien y respiras su mismo aire, no puedes evitar que los demonios que exhala se introduzcan en tu cuerpo", eso le habían advertido al firmar su contrato de trabajo, desgraciadamente, ellos no contaban, por ahora con ningún antídoto para protegerla, por eso pagaban tan bien y asumían que jamás ninguna de las chicas sobrepasara el período de prueba.
            Su trabajo consistía en acompañar a los clientes, hombres o mujeres, en el sueño, jamás tener sexo con ellos, pero sí brindarles el calor de su cuerpo en la misma cama, una sonrisa en el momento en qué despertaran y una voz tranquila por si tenían pesadillas.
            Lucía aceptó. En ese preciso momento de su vida no tenia cerebro para analizar las ventajas o inconvenientes de ese empleo, le daba igual; una especie de cansancio la invadía, consciente de que su cuerpo iba por un lado y su cerebro por otro, en una sucesión de altibajos que la dejaba sin aliento. Tenia que hacer algo, pero no encontraba la forma de unir de nuevo carne e intelecto, no podía resistir tantos días de vagar por las calles, de sentarse en los bancos de los parques desde la mañana a la noche, tampoco la visión del mar la confortaba, la separación parecía definitiva, no solo de su cuerpo y de su cerebro, sino del mundo, de la realidad que contemplaba como quien va a ver una película, ellos estaban más allá de la punta de sus dedos, no podía tocarlos, no podía rozar esa vida que pasaba delante de ella tras ese cristal fronterizo.
            Lucía quería formar parte de la vida, lloraba mientras caminaba por las calles de la ciudad, aunque las lágrimas no le aligeraban el alma, se sentaba en los parques con ese enorme signo de interrogación sobre la cabeza, y ese trabajo la vincularía de alguna manera a la vida, aunque fuera vigilando el sueño de los otros.
 
            Empezó una noche de noviembre, había llovido sobre la ciudad todo el día, sin embargo, Lucía que tanto disfrutaba de la lluvia, ese día, sintió con dolor, que incluso la lluvia se hallaba tras ese cristal. Estuvo unos diez minutos contemplandola, aspiraba fuerte tratando de olerla hasta que las agujas del reloj la obligaron a vestirse y maquillarse para asistir a su nuevo empleo.
 
            Recordó una a una las indicaciones de su empleador, no debía ser llamativa, no debía maquillarse mucho, su perfume tenía que ser suave, algo floral y dulce, era lo más adecuado; en cuanto al cabello, debía permanecer suave, brillante y perfumado conservando un peinado natural, para que cayera sobre sus hombros.
 
            Al llegar al hotel, debía subir hasta el último piso, allí encontraría una encargada que le daría las últimas instrucciones, le entregaría la ropa para acostarse y le suministraría bebidas recomendadas para no dormir, ese era el reto, No dormir y mantener durante la vigilia la sonrisa y  la paz que buscaban los clientes.
            La primera noche, a pesar de su voluntad, se durmió un poco, perdió la sonrisa por dos horas y la paz desapareció, sin embargo logró representar su papel y cumplir con lo pactado. Su cliente, una mujer de unos sesenta años, fue muy amable con Lucía, se despertó a eso de las cuatro de la madrugada, le tomó la mano y en un susurro le pidió un poco de té.
 
            La noche siguiente se presentó un hombre de negocios, seguramente un alto ejecutivo de una multinacional, esta clase de clientes eran mayoría, aunque también esposas de millonarios nacionales,  y muchos extranjeros.
 
            Con el transcurrir de los días, Lucía se fue habituando a su nueva rutina, poco a poco su cuerpo fue obedeciendo las reglas impuestas, hasta que finalmente dejo de tener sueño, la sonrisa siempre afloraba en el momento oportuno y la impasibilidad, era más bien un placebo de lo que se conoce como paz.
            Ya no caminaba por las calles, ni se sentaba en los parques con el enorme signo de interrogación sobre su cabeza, ni se pasaba horas contemplando el mar, tampoco había logrado traspasar el cristal que la separaba de la vida, aunque había encontrado una misión: sacaba a pasear los demonios de los clientes, los llevaba al parque, a la playa o a los bazares, les compraba algodón de azúcar y luego los devolvía a sus dueños, no lograba cambiar su naturaleza, pero durante esas horas sus clientes se libraban de ellos y eso era un alivio… incluso para ella, porque una madrugada se dio cuenta que sus propios demonios iban a parar a los cuerpos de sus clientes. No era un mal trato.


17 de Noviembre, 2012, 17:27: GladysGeneral

             Los males de amores son muy malos señora, usted que parece tan sensata, tan más allá del bien y del mal, curada de cuanto espanto aparece en mil kilómetros a la redonda, se está comportando como una niña de doce años, suspirando de amor, con dolores de tripa inexplicables, con ganas de llorar cuando se cruza en su camino una lacrimosa canción de amor, con la boca abierta y los ojos brillantes en cuanto lo ve aparecer por la esquina del barrio, y cuando se acuesta martiriza su cuerpo intentando suplir el peso de él sobre el suyo. Eso no tiene fundamento, o está exagerando o se volvió loca.

            Yo creo que es más bien lo segundo, los sesos se le derritieron debido al exceso de calor de su sangre latina, debió ser que una noche se produjo un corto circuito en su termostato y se le subió la temperatura,  eso es lo que la tiene cociéndose en carne viva día y noche, mes tras mes, y la cosa va a mayores si no encontramos solución pronto, ya lleva usted mucho tiempo en medio de esos calores, mucho me temo que si no actuamos de prisa se va reducir a cenizas que yo tendré que cargar metidas en una botella de feldespato bien tapada.

            Lo de cargar las cenizas no es solo un cumplido, es que como no tiene a nadie, y después de limpiarle los mocos todos los días me siento obligado a ello, es como un compromiso, sí, no me mire con esa cara de agradecimiento, no me la merezco, yo, al principio venía a verla porque tenía mi segunda intención, pero claro, llegué tarde y me encontré con que lo que yo quería ya era de otro que ni siquiera estaba de cuerpo presente, que además ni siquiera había gozado de sus ardores, porque el maldito ni siquiera sabe lo que usted siente. No sé qué pasaría si un día le cae esa montaña encima. ¿Se ha preguntado eso? Si él supiera todo lo que provoca en usted, qué pasaría?

            Bueno, dejémonos de suposiciones que a nada conducen, el caso es que yo vine a traerle amor y usted destripó mi vida con todo eso que siente por otro.  No se lo reprocho, es que, hay personas que nunca llegamos a tiempo, que siempre estamos en el lugar oportuno para acoger las desgracias de los otros. Es inevitable y contrariamente a lo que pudiera pensarse, no me canso de sonarle los mocos a usted, si le sirve de consuelo.

            ¿No?  Espere un poco, ya verá como su cuerpo se va adormeciendo de dolor, los sentidos se le irán embotando, el cerebro se llenará de luces de colores y sonidos estridentes que la llevaran por otras calles donde él nunca habitó, un borrador mágico borrará esa cara que adora y un aire frío congelará sus entrañas… ah, ¿qué dice? ¿qué quiere seguir en medio de esa tortura?. Ya es tarde. Voy a comprar esa botella de feldespato, ¿le gusta el rosa? Porque a mi si, y creo que por lo menos tengo derecho a elegir el color.

17 de Noviembre, 2012, 17:21: Selváticaminirelatos

           Si antes te quería desnudo, hoy he cambiado de opinión. Ya no te quiero, no te quiero libre de fantasmas, ni de amores antiguos, ni nuevo, ni salvaje, tampoco te quiero con lastres sobre la espalda, simplemente ya no te quiero.

            No te quiero aunque sigas viviendo dentro de mi, no quiero tocarte, ni besarte, ni hablarte, me he quedado al pie de tus murallas, he mirado hacía arriba y he visto la fortaleza que te rodea, he agachado la cabeza, he recogido mis anhelos, los he guardado en mi maleta y he dado la vuelta.

            No he podido caminar, no he podido alejarme y sin embargo, aunque palpites a mi lado, no te quiero más. Intento irme, aún no puedo, pero sé que cualquier día de estos mis pies me alejarán de ti, entre tanto no bajes de tu castillo, y si lo haces, no te acerques a mi, no me mires, continua ignorándome, así sabré lo que tengo que hacer, aunque me lleve toda la vida en ello.



17 de Noviembre, 2012, 17:18: Selváticaminirelatos


          Cuando vengas a mi cama te quiero desnudo, deja ante la puerta tu ropa, pero también tu vida pasada, tus sueños, tus ilusiones, tus amores antiguos, tu saber y tu razón.

            Te quiero desnudo, te quiero vivo en mi cama, quiero incluso que olvides las palabras aprendidas antes de mi, te quiero limpio, transparente, nuevo, como si acabaras de nacer.

            Te quiero sin huellas de caricias antiguas, te quiero ignorante de paisajes eróticos, te quiero liso, llano y salvaje, te quiero desnudo como si fueras el primer hombre de la tierra.

            Te quiero así porque así me he transformado, porque también seré la primera mujer en la tierra y porque cuando duermas a mi lado, cuando mi respiración se una a la tuya,  mi calor al de tu cuerpo, lograremos ser dos humanos que se aman.