Los males de amores son muy malos señora, usted que parece tan sensata, tan más allá del bien y del mal, curada de cuanto espanto aparece en mil kilómetros a la redonda, se está comportando como una niña de doce años, suspirando de amor, con dolores de tripa inexplicables, con ganas de llorar cuando se cruza en su camino una lacrimosa canción de amor, con la boca abierta y los ojos brillantes en cuanto lo ve aparecer por la esquina del barrio, y cuando se acuesta martiriza su cuerpo intentando suplir el peso de él sobre el suyo. Eso no tiene fundamento, o está exagerando o se volvió loca.

            Yo creo que es más bien lo segundo, los sesos se le derritieron debido al exceso de calor de su sangre latina, debió ser que una noche se produjo un corto circuito en su termostato y se le subió la temperatura,  eso es lo que la tiene cociéndose en carne viva día y noche, mes tras mes, y la cosa va a mayores si no encontramos solución pronto, ya lleva usted mucho tiempo en medio de esos calores, mucho me temo que si no actuamos de prisa se va reducir a cenizas que yo tendré que cargar metidas en una botella de feldespato bien tapada.

            Lo de cargar las cenizas no es solo un cumplido, es que como no tiene a nadie, y después de limpiarle los mocos todos los días me siento obligado a ello, es como un compromiso, sí, no me mire con esa cara de agradecimiento, no me la merezco, yo, al principio venía a verla porque tenía mi segunda intención, pero claro, llegué tarde y me encontré con que lo que yo quería ya era de otro que ni siquiera estaba de cuerpo presente, que además ni siquiera había gozado de sus ardores, porque el maldito ni siquiera sabe lo que usted siente. No sé qué pasaría si un día le cae esa montaña encima. ¿Se ha preguntado eso? Si él supiera todo lo que provoca en usted, qué pasaría?

            Bueno, dejémonos de suposiciones que a nada conducen, el caso es que yo vine a traerle amor y usted destripó mi vida con todo eso que siente por otro.  No se lo reprocho, es que, hay personas que nunca llegamos a tiempo, que siempre estamos en el lugar oportuno para acoger las desgracias de los otros. Es inevitable y contrariamente a lo que pudiera pensarse, no me canso de sonarle los mocos a usted, si le sirve de consuelo.

            ¿No?  Espere un poco, ya verá como su cuerpo se va adormeciendo de dolor, los sentidos se le irán embotando, el cerebro se llenará de luces de colores y sonidos estridentes que la llevaran por otras calles donde él nunca habitó, un borrador mágico borrará esa cara que adora y un aire frío congelará sus entrañas… ah, ¿qué dice? ¿qué quiere seguir en medio de esa tortura?. Ya es tarde. Voy a comprar esa botella de feldespato, ¿le gusta el rosa? Porque a mi si, y creo que por lo menos tengo derecho a elegir el color.