5 de Diciembre, 2012, 15:12: GladysGeneral


          Yo empecé a sospechar que la abuela se traía algo entre manos cuando vi que recogía semillas rojas y teñía las lanas de sus ovejas, sin embargo ella solo cantaba. Si le preguntabas ¿cómo amaneciste hoy abuela?, ella me miraba a los ojos y abría sus labios para cantarme que se encontraba muy bien. Yo le inventaba cada semana pretextos a mi madre para pasar más tiempo con ella, me gustaba oír su voz desafinada en medio del silencio terrenal.
            Su voz llenaba mi alma de alegría, aunque a veces graznara como un cuervo, a mi eso no me importaba, creo que había algo más detrás de esos sonidos que salían de su boca, lo que me hacía buscarla cada vez con mayor apremio, claro, esto me alejaba cada más de mi madre, porque de sus labios sólo salían órdenes, deberes, obligaciones. Muchas veces me despertaba sudando porque había soñado que no había sido lo suficientemente correcta, o amable o servicial y mi madre me castigaba por ello.
            No es que odiara a mamá, simplemente me aburría de seguir esa ruta que ella cumplía cada segundo de sus días, aunque me avergonzaba por esos sentimientos, no podía evitarlos, estaban ahí aunque yo metiera dentro de mi toda la buena intención de que era capaz.
            En cambio la abuela no trazaba rutas, la abuela se lanzaba con los ojos cerrados y la boca abierta a sus horas de vigilia, supongo que porque ya no le importaba nada y eso debe ser muy bueno para que los ojos brillen de esa manera y la felicidad se cuele por todos los poros de la piel.
            Caminando un día a casa de la abuela, una voz me susurró, o brotó de alguna parte de mi cerebro qué talvez no debería preocuparme por estar con un pie en el mundo de la abuela y otro en el de mamá, qué quizás existiese un segundo, o un tercero o un número infinito de mundos agazapados detrás de las hojas de los árboles.
            El interrogante se me clavó como un cuchillo entre las costillas, eso podría ser, deberían existir millones de mundos, pero cómo podría visitarlos, o verlos, aunque fuera de lejos, o palparlos si se hicieran tangibles. El ceño se me arrugó, la boca se me torció en un feo gesto de duda y los dedos se anudaban dentro de mis bolsillos tratando de contar el número posible de mundos que podría tener a mi alcance.             Ese día caminé sin sentido ni rumbo, necesitaba aclarar mis ideas, despejar ese interrogante que ya empezaba a pesarme, necesitaba saber, aunque por debajo de mi razón, una voz me susurraba que debía ir a ver a la abuela o si no se preocuparía, o volverme a casa junto a mamá, pero no podía dejar de caminar.
              - ¿Y qué pasó con la niña mamá?
            - Aquí dice que un lobo… pero eso es otra historia.
5 de Diciembre, 2012, 14:51: GladysGeneral

            A ella lo que más le gustaba era estar al día de cuanto le rodeaba, le encantaba saber qué hacían aquellos, ella o aquél, y no es que tuviera un interés malsano, simplemente le gustaba saber cosas acerca de los demás.
            Todos los días recorría las calles en busca de información, a veces, las veinti-cuatro horas no eran suficientes, lo que la obligaba a limitar la extensión de su territorio para evitar el cansancio de su cuerpo, hasta que aprendió a escuchar solo lo que le llamaba la atención y lo que consideraba importante, sabía calcular qué tiempo le daba a la pared, a la farola de la esquina, al tacho de basura a las ventanas, puertas o árboles que vigilaban las calles de su barrio.
            Aún así, su cuerpo parecía debilitarse por momentos, sus pies se hinchaban y muchas noches no podía regresar a su refugio, lo que la obligaba a camuflarse entre las hojas de las copas de los árboles o en papeles sucios y arrugados arrastrados por el viento,  que veces, se convertía en su peor enemigo.
 
            En esos momentos de apuro, evaluaba la posibilidad de contactar con el mago de los mocos verdes, a ver si le ayudaba con algún artilugio que le permitiera estar al tanto de las acciones de los demás sin moverse mucho de su refugio.
            Y esa noche, precisamente estaba en un apuro gracias a ese maldito viento que la iba alejando cada vez más de su refugio y que parecía no tener ningún deseo de parar; en su desesperación invocó al mago de los mocos verdes, le susurró ayuda pero pasaban los segundos y el mago no aparecía, esto la obligó, ya desesperada a gritarle temiendo que con los años se hubiese vuelto sordo como una tapia.
            Por más que gritó hasta que su garganta empezó a sangrar, el mago no dio señales de vida, rendida y exhausta estaba a punto de abandonarse a su mala suerte, cuando algo apareció entre sus dedos. Era un objeto oblongo, de bordes armoniosamente redondeados y cuyo centro era frio y duro, mientras que la parte inferior terminaba en una especie de mango que se adaptaba perfectamente al contorno de sus dedos.             Su cerebro le informó que se trataba de un antiguo espejo, pero esta certeza la desconsoló aún más, ¿qué diablos iba a hacer ella con un espejo? Sin duda el mago había perdido todas sus facultades, ahora si que no había salvación.
            - No lo creas así, le dijo el espejo, sé que mi reputación me precede y todo el mundo me asocia con aquello que ellos quieren ver, aunque saben que no existe en realidad, créeme yo puedo serte de mucha ayuda.
            - No veo como puedes hacerlo en estos momentos que carezco de voluntad y que el viento juega a su antojo con mi cuerpo.           
            - Ah, déjame obrar sin intentar saber, necesito tu confianza, sólo así podré ser útil.
            Ella le dio autorización, no tenía nada que perder, si el espejo tenía éxito se salvaría, sino, acabaría sus días en medio de la nada.
            En un segundo empezó a sentir que su cuerpo se despedazaba y se arrepintió de haber confiado en ese estúpido espejo, sin embargo no tuvo tiempo de lamentarse mucho, su cuerpo era ahora un cúmulo de formas que se iban fijando a una hoja en blanco hasta llenarla completamente, luego le colocaron encima un paño cálido y todo fue oscuridad.
            Muchos años después, una luz dispersó las tinieblas y una voz fue uniendo las letras que formaron su cuerpo hasta que empezó a reconocerse, volvió  a sentir el afán por saber cosas de los demás, sin embargo las palabras que salieron de sus labios fueron: ¿quién es la más bella?

 

 

5 de Diciembre, 2012, 14:47: Selváticaminirelatos


          Si sueñas con maletas es que te vas de viaje, la maleta representa la necesidad de un cambio en tu vida, si sueñas con una casa enorme, de grandes ventanales y una luz amarilla dibujando paisajes abstractos en la pared de tu cuarto se debe a la carencia de protección que necesitas y de la que pareces no darte cuenta, si sueñas con…

            María la miró y pensó en los euros que costaba la consulta y calculó el tiempo que estaría allí para no despertar el recelo de su amiga, si sueñas, si sueñas, claro que sueña, pero los sueños de María son bolitas de azúcar que le gusta saborear en la noche, una no se pregunta que significa el azúcar al deshacerse en medio de la lengua… ¿o si?

            Si sueñas… salió de la boca de la adivina y tuvo que hacer un gran esfuerzo por recordar que podría significar para su cliente, entonces su cerebro se dividió, empezó a tejer palabras con significados oníricos y por el otro, hizo cálculos del dinero que iba a ganar y si le alcanzaría para la hipoteca de este mes. ¿El siguiente?

 Seguro que encontraría a otra mujer que sueña.


5 de Diciembre, 2012, 14:43: Selváticaminirelatos


           Sucedió cuando estaba nadando. Se coló en su cerebro veloz como una flecha, tan rápido y fugaz que no le dio tiempo a determinar si fue una frase, o una imagen o un sentimiento, de lo que si se dio cuenta fue de las consecuencias.

            De repente era libre, se sentía ligera, incluso llegó a pensar, que si se lo proponía, podría echarse a volar, y como a veces el conocimiento da origen a la acción, se vio sobrevolando los tejados de la ciudad, suspendida felizmente en el vacío de la ingravidez.

            Con que placer veía los rectángulos de los edificios muy lejos de su cuerpo, como pequeñas colmenas enmarcadas por cintas de asfalto recubiertas de vehículos apretujados gritando al unísono agudos aullidos lastimeros.

            Al principio se interesó por descifrar esos aullidos y redujo la distancia entre su cuerpo y la tierra, pero aquellos sonidos hirieron sus oídos, aunque también, la cercanía de la tierra le proporcionó el placer de oler las flores en los jardines, o los alimentos que emanaban de las cocinas humanas. Sin embargo, obedeciendo a los músculos de su cuerpo, pronto remontó los aires y se alejó de las ciudades, se internó entre nubes de algodón frio, saltó de cúmulo en cúmulo hasta que se rindió a la placidez envolvente que le ofrecían los cirros.

            Gracias a esas alturas pudo desprenderse de cuanto lastre había cargado durante tantos años, producto de la mente acalorada de un loco que un día decidió que ese órgano rojo que se encontraba en su pecho sólo palpitaría al escuchar la voz ronca y grave de un hombre y que por ese hombre iba dejar de lado su bello plumaje y su bucólico entorno.