Creo que me está mirando, debo ser tan horrible que le produzco espanto y lo único que puede hacer el pobre es dar alaridos en medio de un puente a ninguna parte.

            Empiezo a sentirme mal, me duele el estómago, mi cerebro no alcanza a formar palabras de disculpa o al menos palabras aspirina para que se calme y deje de gritar. Cómo inventar un lenguaje ajeno a las personas que nos rodean en el museo y poder hablar a solas, cómo saber que las palabras que uso entran en su cerebro significando lo mismo que cuando salen de mis labios.

            La gente empieza a rodearnos, llega un guarda de seguridad, lo siguen otros y otros, parece que mi cuerpo se ha vuelto de piedra y no pueden conmigo, finalmente me dejan tranquila, pero es una ilusión, tardan solo unos segundos y traen ahora unos tapones en los oídos. Parecen avispas. Yo me dejo llevar. La garganta me sangra, pero en mis manos tengo tus ojos. Quizás luego nos entendamos.