Mira ya es hora de sorber esos mocos y salir a la calle de una buena vez. Que me estoy quedando sin sábanas y las que quedan están tan empapadas que tendría que mandarlas al desierto a ver si se secan.

            Nada, sigues sin hablar, sin salir, sin comer, sin ducharte, ay hija que por más que esto sea un cuento de hadas, tienes que dar ejemplo o por lo menos oler bien.

            Ya, ya, me echas a mi la culpa. Bueno y porque me siento culpable, te dejo mis sábanas para que llores lo que te de a gana, pero es que a veces las cosas no salen como pensamos. La imaginación es cosa jodida, en mi defensa, debo decir que te la regalé porque te creía sensata, inteligente y pensé que la usarías para … bueno para lo que usan las personas la imaginación, por eso te dije que entraras por aquella pequeña puerta, te invité a tomar el té pero cuando abriste la boca me di cuenta que eras un poco cándida pero nunca una ilusa.

            Anda ya, ahí te dejo las sábanas y cuando tengas la nariz echa trizas, ya empezarás a darte cuenta de que no se puede amar lo que no se ha tenido. Me voy.