16 de Febrero, 2013, 14:38: Lady papaHablando de...


            Quien tuvo el privilegio de crecer, por ejemplo, al lado de una abuela loca metida todo el día entre orquídeas, geranios y rosales seguro que echará de menos esa manera que tenían ellas de enseñar a sus nietos, a ser mejores personas a través sentencias más o menos largas que terminaban inexorablemente con, "eso pasa siempre, cuando se miente, se roba, o se portan mal".

          Y los nietos se iban a la cama mirando furtivamente hacía la oscuridad no fuera que el demonio, los lobos o algún mayor los estuviese mirando para raptarlos al menor descuido o castigarlos por haber robado el último pan que quedaba, o por haber tirado a la basura las espinacas.

         La escuela se encargó de quitar las telarañas de la cabeza, se aceptó que esas historias estaban agrupadas dentro de una etiqueta llamada fábula, se aprendieron de memoria unas cuantas para el examen de fin de año, se aprobó y se quedaron en el olvido.

        La abuela murió y los padres nunca tuvieron tiempo para contar historias, se dedicaron a leerlas y éstas cambiaron el final, ya ellos no los mandaban a la cama con el "eso pasa siempre que.." sino que los tapaban con la manta y un "comieron perdices para siempre" cerraba sus pestañas.

        Aquellos nietos ya tienen hijos y éstos ni siquiera han escuchado la palabra fábula, se burlan de aquello que huela a "comieron perdices" y se duermen con los pitidos del what's app bajo la almohada. Sin embargo, el "eso pasa siempre que…" sigue teniendo vigencia porque el mundo ha cambiado, pero el hombre no y aunque las fábulas se quedaron en ese limbo llamado clásico, casi nadie se atreve a pisar sus empolvadas baldosas.

         Siglo XXI, siglo de tecnología, pero también de pensamiento reflexivo, si fuera posible, al que le convendría mucho mirar al pasado y airear esas historias, no ya como cuando se era niño y se estaba lleno de temor, sino para analizar el presente y diseñar el futuro.

       He aquí una de esas reliquias que valdría recordar en estos tiempos convulsos:

       El Gato y el Ratón

      Había una vez un pequeño ratón, que vivía en la casa de una mujer vieja. La señora, que temía de estas criaturas, colocó muchas trampas para matar el ratón. El ratón asustado le pide ayuda al gato de la mujer.

      -¿Podrías ayudarme, lindo gatito? - le dijo al gato.

      -Si...¿En que? - respondió este.

       -Solo quita las trampas de la casa - dijo el ratón.

       -Mmm... y ...¿que me das a cambio? - dijo el gato.

      -Finjo ante la señora que estoy muerto, ya que tu me has matado, ella creerá que eres un héroe - respondió el ratón.

       -Me has convencido - dijo el gato.

       El gato sacó las trampas de la casa, pero el ratón nunca cumplió su parte del trato. Un día la señora descubrió que fue el gato quien sacó las trampas, ella muy enfadada decide dejar al gato en la calle.

16 de Febrero, 2013, 14:27: GladysGeneral
  

          La felicidad es un estado de enajenación que tiene el poder de anular la parte racional de nuestro cerebro, sí, exactamente ésta - mostraba el conferenciante con el boli láser jugueteando entre los recovecos de un cerebro gigante en la pantalla ante su público.

             A ella le hubiese gustado, en ese preciso momento, ser tan ágil como la luz verde que brincaba por entre los cauces de esa gigantesca masa asquerosa           

            El ser humano tiende a excitarse con la evocación de esas letras, los pensamientos, cuando los hay, se aceleran y construyen mundos fantásticos tan ricos en detalles y con descripciones tan vívidas que rozan la realidad.
            A él, excitarse le gustaba y además le encantaba huir de vez en cuando de la realidad, incluso lo consideraba su droga personal, ¿por qué no? otros toman prozac.
            En ocasiones la voluntad falla y es ahí en donde radica el peligro de la felicidad, porque la felicidad…
            
La felicidad, la felicidad, los momentos felices, el estado ideal… conceptos, letras alineadas formando ejércitos de palabras que se desgastan, se convierten en hilachas desvaídas que se arremolinan entre los bolsillos… pensaba un joven sentado en la cuarta fila.

… puede provocar estado de ansiedad que llegan a dañar órganos de suma importancia para el funcionamiento de nuestro cuerpo

            La voz del conferenciante empezó a disminuir su intensidad, como si hablara en cámara lenta, luego bajó de tono, como si alguien hubiese tocado por equivocación el botón del sonido hasta desaparecer completamente. El conferenciante miró a su auditorio, sus ojos recorrieron uno a uno los rostros de su público, una anciana muy atractiva lo miraba con los ojos como del revés, sí parecía que lo miraba pero en realidad estaba mirando para atrás,  un hombre parecía reirse, sus labios húmedos se movían con cierta picardía, como si paladeara sabores de tiempos idos y… el joven sentado en la cuarta fila tenía los ojos cerrados pero de su cuerpo emanaba un vaho cálido como si su cuerpo estuviera ardiendo.

            El conferenciante bajó del escenario, se paseó por entre las filas, pasaba sus manos delante de los ojos de los asistentes y a éstos no parecía incomodarles. En la gran pantalla el cerebro brillaba de manera extraña, se sentó y pensó que jugaba al fútbol feliz en el parque.

 

16 de Febrero, 2013, 14:22: GladysGeneral


             La alarma hizo saltar la fortaleza en millones de diminutas partículas oscuras - por eso nadie se dio cuenta de lo que pasaba - en su movimiento expansivo las partículas, a pesar de su tamaño insignificante, transformaban cuanto objeto o persona se les pusiera delante - la gente creía que eran impulsos interiores de su voluntad - tras ellas, en muchos casos,  quedaba un paisaje desolador, casas sin techo, ventanas retorcidas y mutiladas sobre el asfalto que alguna vez se llamó calle, puertas que ya no abrían a ninguna parte, camas desequilibradas, colchones y almohadas destripados, soles y lunas al revés - la gente pasaba por encima de las ruinas con una sonrisa en los labios, sus pies ligeros y alados no tropezaban con el desastre, sino que obedecían a unas leyes y movimientos desconocidos que los hacía saltar, subir o bajar sorteando los obstáculos con los ojos cerrados -.
            Había sin embargo unos ojos que no podían cerrarse, unas manos que se estaban poniendo amoratadas por la tensión que retorcía sus propios dedos, esos ojos ocupaban el lugar correcto en un cuerpo y en ese cuerpo, un cerebro se había detenido ante la magnitud de la desgracia y la impotencia del paso del tiempo. ¿Cómo detenerlo? ¿Cómo determinar el segundo antes del desastre?
            Si hubiese sabido o al menos intuido lo que iba a desencadenar no lo habría hecho, - por favor, por favor -, repetía su voz desprovista de acento humano mientras extraía del pasado los detalles previos a la gran explosión, uno a uno los tomaba con la punta de los dedos y se los ponía frente a los ojos, bien cerca, para poder examinarlos en detalle: la hora, la posición del sol, la temperatura, el sonido de sus pasos y esa sonrisa…
            Una corriente eléctrica estalló en su estómago, fue esa sonrisa, ya no le cabía la menor duda, fue la curva de sus labios, los hoyuelos en las mejillas y el magnetismo de ese sonido atravesando su piel los que ocasionaron el big bang.
            Conocerlo ya no servía de nada, pensaba eso sentada en medio del caos, cerró los ojos y revivió la escena, vio como tropezó con la burbuja de las ilusiones, la vio saltar por los aires mientras su cuerpo paralizado anticipaba el desastre inmediato: la burbuja flotó unos cuantos instantes - dos semanas apenas de placer - luego se enredó entre las resecas y afiladas espinas del pasado, si en ese instante no se hubiese movido, tal vez… pero un gesto brusco lanzo la burbuja contra la espina más afilada y estalló - las ilusiones saltaron  como diminutas partículas…
            El oído ya se acostumbró al sonido de la alarma, - por eso ya nadie hace caso de sus impulsos primarios - el zumbido se adhirió a la vida como un sonido más del universo anulando la intuición - la gente se hiere a cada paso tropezando con las ruinas filosas del universo - 
            Un corazón atormentado intenta crear un nuevo mundo donde las ilusiones estén hechas de un material más resistente.

 

16 de Febrero, 2013, 14:13: Selváticaminirelatos


            La cara de mi amiga cuando decidí comprar aquel maniquí fue como una sentencia: loca.
            Yo me asusté, sin embargo gasté mis pocos centavos sin pensar en que no podríamos tomarnos ese café que le había prometido, ni ir al cine, en cambio podía llevarme ese cuerpo de plástico a casa, lo pondría en el pasillo…
            Eso hice.
            Llegué a casa, coloqué el maniquí en el pasillo y me senté de frente a contemplarlo, al cabo de un rato un impulso me obligó a desarmar su cabeza y encontré un nudo de imágenes bastante apretado y que sin embargo empecé a tirar cuidadosamente para ver lo que había: así, me vi a mi misma limpiando mi casa, tirada por el piso arrancando la vida de las paredes, sintiendo en mis manos girones de comidas, pelotas de pelos que alguna vez brillaron y se ondearon al viento, voces roncas, suaves, amorosas o crueles; también sombras de presencias amadas.
            Luego, me fui a la cama y puse la pelota de imágenes en mi mesita de noche. A veces, las estupideces ayudan a vivir, a lo mejor mañana encuentro...

 

16 de Febrero, 2013, 14:08: SelváticaAlaprima


             Uno, dos, tres, cuatro, cinco… ahí están todos, cinco dedos en la mano derecha, cinco en la izquierda, al igual que mis pies. Y si avanzo hasta la cabeza con mucho cuidado voy encontrado todo lo que ha sido mío desde que nací.
            Ahí está todo lo que la naturaleza tuvo a bien almacenar entre mis huesos, incluso lo intangible, eso llamado inteligencia, pensamientos y memoria. Es verdad, todo eso está ahí y para demostrárselo le diré mi nombre: soy Cual y sin embargo no estoy completa, me falta mi Tal.