La alarma hizo saltar la fortaleza en millones de diminutas partículas oscuras - por eso nadie se dio cuenta de lo que pasaba - en su movimiento expansivo las partículas, a pesar de su tamaño insignificante, transformaban cuanto objeto o persona se les pusiera delante - la gente creía que eran impulsos interiores de su voluntad - tras ellas, en muchos casos,  quedaba un paisaje desolador, casas sin techo, ventanas retorcidas y mutiladas sobre el asfalto que alguna vez se llamó calle, puertas que ya no abrían a ninguna parte, camas desequilibradas, colchones y almohadas destripados, soles y lunas al revés - la gente pasaba por encima de las ruinas con una sonrisa en los labios, sus pies ligeros y alados no tropezaban con el desastre, sino que obedecían a unas leyes y movimientos desconocidos que los hacía saltar, subir o bajar sorteando los obstáculos con los ojos cerrados -.
            Había sin embargo unos ojos que no podían cerrarse, unas manos que se estaban poniendo amoratadas por la tensión que retorcía sus propios dedos, esos ojos ocupaban el lugar correcto en un cuerpo y en ese cuerpo, un cerebro se había detenido ante la magnitud de la desgracia y la impotencia del paso del tiempo. ¿Cómo detenerlo? ¿Cómo determinar el segundo antes del desastre?
            Si hubiese sabido o al menos intuido lo que iba a desencadenar no lo habría hecho, - por favor, por favor -, repetía su voz desprovista de acento humano mientras extraía del pasado los detalles previos a la gran explosión, uno a uno los tomaba con la punta de los dedos y se los ponía frente a los ojos, bien cerca, para poder examinarlos en detalle: la hora, la posición del sol, la temperatura, el sonido de sus pasos y esa sonrisa…
            Una corriente eléctrica estalló en su estómago, fue esa sonrisa, ya no le cabía la menor duda, fue la curva de sus labios, los hoyuelos en las mejillas y el magnetismo de ese sonido atravesando su piel los que ocasionaron el big bang.
            Conocerlo ya no servía de nada, pensaba eso sentada en medio del caos, cerró los ojos y revivió la escena, vio como tropezó con la burbuja de las ilusiones, la vio saltar por los aires mientras su cuerpo paralizado anticipaba el desastre inmediato: la burbuja flotó unos cuantos instantes - dos semanas apenas de placer - luego se enredó entre las resecas y afiladas espinas del pasado, si en ese instante no se hubiese movido, tal vez… pero un gesto brusco lanzo la burbuja contra la espina más afilada y estalló - las ilusiones saltaron  como diminutas partículas…
            El oído ya se acostumbró al sonido de la alarma, - por eso ya nadie hace caso de sus impulsos primarios - el zumbido se adhirió a la vida como un sonido más del universo anulando la intuición - la gente se hiere a cada paso tropezando con las ruinas filosas del universo - 
            Un corazón atormentado intenta crear un nuevo mundo donde las ilusiones estén hechas de un material más resistente.