Yo estaba lanzando palabras sobre el puente a ver hasta donde llegaban, así, como quien respira. Cuando sentí sus pasos a mis espaldas.
            Muy lindo te has puesto, ¿a dónde vas? vestido así y con tus demonios en esa mochila. 
            - ¿Cómo sabes que son mis demonios?
            - Se están retorciendo dentro de la bolsa.
            - Ya sentía yo algo molesto golpeando mi espalda. Bueno, me voy.
            - Adiós.

             Se alejó. Sus pasos eran decididos, la bolsa se retorcía como si estuviera viva. Guardé sus palabras frías en mis manos hasta que empezaron a quemarme, entonces decidí tragármelas como si fuera una amarga medicina y al cabo de un rato las lancé sobre el puente.

             Ya no queda nada de tí - pensé cuando miré el puntito negro en que tus palabras se habían convertido reverbereando en la distancia.