Lo ha logrado, pleno de satisfacción levanta la mano, se mira los dedos, como dándoles las gracias y ralentiza el movimiento de su mano hasta el teclado, el vacío entre la yema de sus dedos y las teclas parece un agujero negro a millones de años luz y lo disfruta. No hay distancias cuando ya se sabe lo que se quiere.            
            Finalmente escribe la última letra y una sonrisa acompaña su punto y final.

            Lo que siguió después es difícil de explicar, un viento huracanado remoloneó por la habitación, agitó su cuerpo hasta hacerlo estallar en constelaciones de vísceras, órganos, tendones rasgados, músculos como sogas y ojos, dientes, dedos, cabellos centrifugándose en menos de tres metros cuadrados.
            En la pantalla pasa exactamente lo mismo, las letras cobran vida propia y se deslizan, intercambian a velocidad tan vertiginosa que nadie en este mundo sería capaz de comprender ese nuevo orden.
            Dentro de la mancha que es ahora su cerebro un hilo con forma de pensamiento se pregunta se habrá grabado la información, alcanza a ver que las teclas CyV están hundidas en el teclado.
            Quizás lo grabó en el último instante… quizás algún día alguien lo entienda.