6 de Junio, 2013, 6:57: GladysGeneral

        Volver a casa es como volver al vientre materno. Mientras estamos suspendidos entre un salir y un llegar, la mente revive imágenes placenteras, evoca olores gratos y saborea placeres ya idos; emociones resguardadas bajo una coraza de seguridad con olor a café recién hecho.
      
Al llegar, el mundo es un nudo de abrazos, de besos, de voces que demuestran, ahora si, tener un cuerpo palpable y un calor contagioso. Después todo es un destripar de maletas, unas manos que dan, otras reciben entre palabras atropelladas.
      
Finalmente, en todos los viajes pasa, nos damos cuenta que hemos perdido algo, algo muy importante y el terror paraliza. Si. Se ha perdido el bolso de mano, lleno de esas cosas triviales que de repente son imprescindibles en nuestras vidas: el pequeño cepillo de dientes, el pequeño espejo, la pequeña billetera que contiene los documentos que demuestran a los demás quienes somos, donde vivimos, qué profesión tenemos y cuanto dinero tenemos en el banco. La caja de bombones.
     
Así, la bienvenida se convierte en un trabajo arduo y común: todos buscan, todos aportan, todos opinan dando soluciones. Habría que volver a las oficinas del Estado a solicitar de nuevo documentos de identidad, es un engorro pero un tema solucionable, la libreta con las direcciones de los amigos, también es una pena haberla perdida, pero los amigos siguen ahí, los objetos, se pueden volver a comprar, pero la caja con los bombones de chocolates no aparece por ninguna parte.
     
El colapso está a punto de dejarnos inmóviles, la boca se reseca, las manos tiemblan, el cuerpo se desgaja como si los huesos se hubieran vuelto de gelatina… sí, todo por una caja de bombones de chocolate que nuestro paladar jamás podrá volver a saborear.
       Por nuestra mente pasan todos los bombones que nos hemos ido comiendo a lo largo de nuestras vidas, aquellos que de pequeños comprábamos en la tienda de la esquina, luego los rellenos de licor para luego fingir que habíamos probado el ron, después aquellos que nos dio el "bombón" de quince años que se enamoró de nosotros, más tarde los que quizás preparamos con nuestras manos para dárselos a otros… no, eso no se recupera jamás. ¿Cómo podremos seguir viviendo sin ellos?

 

 

6 de Junio, 2013, 6:37: GladysGeneral


       Nos gusta la carretera, otra vez el plural dentro de mi cabeza y el vacío a mi lado. En mi mente viajan un adolescente y otra mujer, muy parecida a mi, lo reconozco, uno tiende a buscar espejos sin darse cuenta.
      
Volviendo al tema, nos encanta salir sin rumbo fijo, tomar el volante con nuestras manos y pisar el acelerador huyendo de la ciudad, cuerpo y máquina se funden cuando el paisaje aparece ante nosotros sin obstáculos. No hay nada más que pensamientos, el viento y un hambre de carretera sin destino. Es el único instante en que me siento libre, en que mis manos pueden tomar el volante, como si fuera mi destino y girar o seguir derecho, hasta donde me dé la gana, incluso separarme de mi cuerpo para ver como el coche blanco, pequeño, parece una mariposa reverberando sobre el asfalto.
      
Allá voy. ¿va?
      
En los oídos suena la vida, tendrán que perdonarme, no les puedo interpretar mi música, pues a pesar de tener todos los Do, los Fa, o los Sol que ustedes conocen, también tiene puntos, contraltos, pausas y claves que aparecen y desaparecen en instantes. Suena, además tan alto y cesa tan de repente que no da tiempo a pasar por el tamiz de la razón, hasta que el sonido de la llanta al explotar actuó como arpón de sueños.
       Buscamos un lugar para cambiar la rueda, solo necesitamos un mínimo espacio pero no lo hallamos, la autopista se llenó de coches, las calles de gente, los vados de barreras, las aceras de peatones y así se nos van las horas empujando el coche por el mundo.
     
Un hombre se acerca, nos ofrece su garaje particular y una sonrisa general. Me quedo con su sonrisa, pero el garaje tiene una inclinación del 99%. Imposible cambiar una rueda allí.  Además su plan para allanar el terreno tiene… baches.
     
Seguimos empujando el coche hasta que los tacones de las botas se nos gastan, los brazos se nos quedan estirados y las rodillas forman ángulos de cuarenta y cinco grados.
     
La historia hará cábalas con nuestras momias, imaginarán que somos parte de un rito de sus ancestros, quizás objetos de culto por millones de personas, se crearan las bases de una nueva religión, nos adorarán millones de personas de rodillas ante nuestras imágenes y nos llevaran en romería cuando haya sequías, o lluvias torrenciales y nos harán ofrendas por milagros que jamas haremos. Todo, porque nos gusta la carretera. ¿Otra vez nos gusta?
        Qué carajos, si, estoy entre las costillas de todos los que aman la libertad.

 


6 de Junio, 2013, 6:32: GladysAlaprima

 http://erasmusv.files.wordpress.com/2008/03/el_mundo.jpg


            El anda por ahí guerreando su batallas,

            El recorre millas de cuerpos ausentes,

            El construye odiseas,

            finales heroícos o trágicos.

            El llena horas vacías con personajes de humo,

            El construye mares con sus lágrimas,

            mares a los que les roba la sal,

            lunas verdes

            soles negros

            calles amarillas

            El llora los amores

            Yo lo miro.

 

6 de Junio, 2013, 6:22: Gladysminirelatos


            Cuando le dijeron lo que estaba sucediendo entre los mortales, Cupido se dio cuenta del enorme error que había cometido y se sintió muy culpable. Caminando de una nube a otra, con las manos en la espalda sudando a chorretones, se preguntaba qué habría tenido en la cabeza, en aquellos momentos, para creer que esa idea fuera la solución al desamor universal.
            Los ojos se le nublaron cuando recordó la silueta de la joven, vestida con una túnica de polvo de estrellas cubriendo el paisaje de su cuerpo, el alma se le heló en el pecho al evocar su mirada inocente y el susurro de su voz se convirtió en trueno ronco.
            Ya no valía la pena arrepentirse, él, como siempre era el único culpable y se lamentó de que Zeus no lo hubiese detenido en el momento en que él, con sus propias manos colocó una rosa en los labios de la joven y la envío a la tierra para que ella besara a los hombres dejándoles esa rosa prendida en los mortales labios… ¿por qué no recordó que las rosas tenían espinas?

 


6 de Junio, 2013, 6:12: Gladysminirelatos


      Se cansó de que le cerraran los ojos a besos, se aburrió de caminar al lado de otros pasos, sus manos soltaron aquel cuerpo y dio la vuelta, y mientras lo hacía, iba soltando por las calles azules las pelusas que alguna vez conformaron su vida en común.
      En cada calle iba sacando de su memoria una risa, el llanto de su hijo mayor, la hipoteca, las tardes de fútbol, los teléfonos histéricos y las pestañas de su mujer, hasta que se fue quedando vacío, ligero y con una cierta y desasosegaste sensación de felicidad.

   Cuando llegó al barrio viejo de la ciudad, se sentó en el resquicio de un portal, abrió las manos y colocó cuidadosamente su alma a su lado, le dio un golpecito en los hombros y la empujo lejos de si.  Esta empezó a caminar muy despacio, él cerró los ojos y al hacerlo la noche se tornó aún más oscura. Había dejado de existir, ahora podría vagar eternamente.