Vida sencilla dormida al deseo,

desplegada sobre fuego que no consume

a cielo abierto.

Demonios alborotando sin sentido

 naciendo de los rostros de la gente

para demostrar que estamos vivos,

que nos repetimos,

asustados entre las calles

ahogando nombres propios entre las palmas de las manos

temerosos de los días que transcurren
           

borrando la realidad


que se empeña en desbordar

a ver si nos damos cuenta de algo,

pensándolo bien

deberíamos quemarnos


en vez de delegar, posponer o negar lo que nos importa.