Ya es hora de irse a la cama, ya las pestañas se están enredando y los párpados parecen de piedra, así que nos arrastramos como mejor podemos hasta nuestra habitación, cumplimos con nuestros rituales de limpieza hasta que finalmente abandonamos el cuerpo entre las sábanas.

Solo que un instante antes de desaparecer de la realidad, nuestro libro de cabecera nos hace una seña y nos obliga a revisar sus páginas, a buscar la marca que habíamos dejado la noche anterior y a recordar que fue lo último que leímos.

Es el instante de la magia; el borrador de rutinas actúa por reflejo, dejamos de ser nosotros mismos para ser él, o la protagonista de la historia que brota de las páginas, lloramos o reímos, nos enfurecemos o por el contrario nos enorgullecemos, cualquiera que sea el sentimiento o la emoción que despierte nuestra inteligencia, es bienvenida, siempre, siempre nos reconforta, nos enseña nos ejemplifica o nos distrae.

Por eso precisamente sólo debemos irnos a la cama con aquel libro que nos gusta o nos interesa a nosotros, ese que elegimos como si una mano invisible nos guiara en el momento de comprarlo o bajarlo del ebook, ese es el libro perfecto, no nos dejemos engañar por palabrería ramplona o publicidad ladina, pero ¿cómo estar seguros completamente de que fue así y no obedeciendo a actos conductivos?

Ahí radica el reto humano por excelencia, se llama libre albedrío y muchos lo utilizan para justificar paparruchas seudointelectuales; no hay que llamarse a engaño, afortunadamente, mucha gente elige por sí misma, claro, a veces se equivocará y lamentará haberse gastado su dinero en vano, pero la mayoría de las veces acierta y lo disfruta; sin embargo, qué viento traicionero impulsa la mano del individuo cuando se trata de lo social, o lo común, qué monstruos poderosos se apoderan de su libre albedrío para llevarlo por senderos torcidos donde todos, absolutamente todos perdemos.

Si el ser humano es social por genética, habría que deducir que también es su propio enemigo, que desperdicia su tiempo vital con alharacas inofensivas, con actitudes indolentes o egoístas hasta el delito y sin embargo, ese individuo antes de entregarse al sueño, posiblemente lea las obras que han inmortalizado sus congéneres. Paradoja insólita pero por ello mismo, esencia de nuestro ser vital, eso es lo que hace maravillosa a la humanidad en su imperfección, por ello mismo, también, cada noche, deberíamos pensar muy bien con cual nos vamos a la cama.

Usted elige.